Un estruendoso ruido se escucha en las calles de Venezuela, sus esquinas, ciudades, pueblos llenan sus espacios de gritos, insultos y voces que llaman al desorden, al caos a bloquear avenidas, autopistas y con estos cierran las oportunidades de llevar su cotidianidad de una manera tranquila, en donde puedan asistir los estudiantes a sus centros de estudios, trabajos y de cualquier otra actividad que la conecta con el desarrollo de sus vidas personales y del aparato productivo del Estado.
Los llamados a marchas se convierten luego en una batalla entre policías, guardias y de jóvenes que se tapan sus rostros y accionan con bombas casera incendiarias que rebotan en el pavimentos y que impactan en infraestructuras, edificios, vehículos; no hay límites: derriban postes de alumbrados, abren alcantarillas, cierran pasos vehicular y de transeúntes y todo en nombre de restaurar la democracia y de salir de una crisis económica que afectan el abastecimiento de algunos productos alimenticios regulados que muy pocos se consiguen y que ha desencadenado en una hiperinflación que no se detiene. En ese detonante la respuesta para disolver esos grupos anárquicos de unos pocos, es la activación y lanzamiento de gases lacrimógenos por parte de las autoridades y con eso se dispersan; pero también se alimenta una jauría que luego se proyecta en los medios de comunicación que dan su versión, unida con la vida digital que se difunden en redes y le dan la vuelta al mundo.
El resultado de ese caos ha sido de un alto costo, como lo es la muerte de decenas de jóvenes y con esto el llamado de algunos líderes que se oponen al gobierno, cubiertos con los colores de partidos, que llaman a nuevas marchas con el resultados de más muertos y con esto mantienen los ánimos encendidos con el propósito de llegar al poder. Como respuesta se escuchan voces para detener la violencia: El Papa hace un llamado al diálogo, el gobierno intenta calmar los ánimos llamando a una Constituyente, al diálogo en todos los sectores del país; pero un país polarizado ya no sabe de razones y peligrosamente pareciera que el destino de un país se acerca a un precipicio que está al borde de la violencia ,psíquica, física y de un desbordamiento de odio que no conoce de tolerancia y descubre a una sociedad enferma y no dan espacio para una tonada como dice el tema musical de Jonh Lennon "Dale un Chance a la Paz" Se requiere bajar el volumen del ruido de la calle, para no acallar la Paz.