El Nacional era una fiesta

Uno reencontraba en la fiesta anual de El Nacional, tal día como hoy, ese tipo extraño de amigos entrañables que no veía nunca, salvo allí. Una vez al año uno reponía afectos no solo personales, sino que celebraba un nuevo año de esa otra obra maestra de Miguel Otero Silva que fue El Nacional.

Allí se discutía, elogiaba o criticaba el cuento premiado ese año, saludaba al Director del diario, fuere quien fuere, porque entre los méritos que tenía El Nacional estaba la amplitud, la cordialidad, la sabiduría de la convivencia. Acudían allí oposición y gobierno porque El Nacional mantuvo siempre una sutil forma de elogiar y criticar sin embriagarse en ninguna posición. Por eso nunca se vio un insulto en ese diario.

Nunca mentía. O al menos nunca lo hacía deliberadamente. Cuando uno leía cualquier cosa en un diario vespertino, esperaba al día siguiente para confirmarlo en las páginas de El Nacional.

Entre las cosas que uno echaba de menos al salir de Venezuela estaban las caraotas refritas, claro, pero también El Nacional, sobre todo su versión dominguera. Eran terribles Carnaval y Semana Santa porque el periódico no salía, como tampoco salía el 1º de enero. Una vez José Ignacio Cabrujas adelantó un regreso a Venezuela, con lo que renunció a ver el resto de un festival dedicado al teatro de Shakespeare, porque necesitaba leer El Nacional del domingo siguiente. Como dijo una vez un certero aviso: “Si el domingo no existiera, El Nacional lo hubiera inventado”.

Ahora admito con halago que me inviten a la fiesta, pero ya no es igual. No es por desplante ni desprecio que no voy, sino porque es doloroso hallar a ese amigo entrañable convertido en eso que es hoy El Nacional, que no lo diré porque no quiero ensombrecer esta página que quiere ser de amor. Y porque no solo es posible oponerse a un gobierno con dignidad sino que puede ganarse en ello, como demostraron tantos opositores venezolanos a tantos gobiernos. El asunto no está en que El Nacional tome partido, sino que lo haga como lo está haciendo. Ojalá un día se opusiera a este gobierno, o a cualquier otro, ganando en dignidad.

Los seres humanos no reviven, pero las instituciones sí. Guardo siempre esa esperanza en relación con El Nacional.

roberto@analitica.com


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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

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