Villahermosa, México, 22 de mayo del 2019

Crónica de las acciones de un hombre mediocre

"Pana, el hombre esta arrecho. Me regañó"

"¿Qué hombre?"—inquirió el otro.

"Coño, pana, Trump, Trump, Trump, el presidente de los Estados Unidos, nada más y nada menos".

"Tronco e vaina"—ripostó el otro".

"Te juro que no sé qué hacer… Esto me huele mal".

Las horas fueron cayendo rápidas. Se hizo tarde para muchos que querían ver el espectáculo. Sólo unos cuantos pudieron ser testigos de aquel acto de "patriotismo", que, según algunos seguidores, opacaría el heroísmo de Ricaurte en La Victoria. La convocatoria se había hecho a través de las redes sociales, tan solo horas antes de la función. Mucho antes había sonado un teléfono. Era una llamada desde un país que parecía lejano, pero la tecnología se encargaba de que el eco de la voz se trasformara en una orden en lo interno del oído. Nadie más sabía de la orden. Sólo aquel hombre escogido por la providencia para llevar adelante el deseo malévolo de otro hombre predestinado para la perversidad, que estaba al otro lado del teléfono.

—¿A dónde vas "enfluxado" y "encorbatado"?—, preguntó la mujer.

El hombre asomó una sonrisita que apenas se percibía entre los apretados dientes. Y soltó:

—Mantente pegada al televisor. Límpiate los oídos, ya que va a oír un mensaje memorable. No suelto más. Ya es tarde y lo convenido es lo convenido. No puedo faltarle a la historia. Pero si te puedo decir que el final de la era de Nicolás Maduro y de los comunistas, está cerca. Y yo, tu marido, estaré allí, como protagonista… No te olvides del televisor.

El hombre salió apurado, y guardo en el bolsillo interno de su paltó un papel que había tomado de una mesita olvidada en un rincón de la vivienda, y se zambulló en una camioneta color negra blindada.

Una hora más tarde, el hombre se trepó en una improvisada tarima. Vio hacia los lados, y pensó: "Coño, aquí no hay la gente que me prometieron. Estos son cuatro gatos, pero igual la vaina va, sí o sí". Se llevó la mano a lo interno del paltó, sacó el papel en blanco y leyó, con una mano temblorosamente levantada: "Pueblo de Venezuela llegó la hora de la libertad… Venezuela no aguanta ni un día más a esta dictadura que encabeza el chimbo de Nicolás Maduro… Por tal motivo, yo, Juan Guaidó, ingeniero de profesión, y líder indiscutible de Voluntad Popular y de la oposición, nacido en esta tierra a la cual amo profundamente, paso a darle cumplimiento al mandato del señor Donald Trump, y sus colaboradores: Mike Pence, Elliot Abrams, Bolton, Pompeo, y Marco Rubio, mi amigo personal, en nombre de ellos, repito, me erijo en presidente interino de Venezuela, con facultad para destituir, nombrar a cualquier funcionario, según los estipula la Constitución de Estados Unidos, perdón, se me salió. Me refiero a la Constitución del 99, la cual no queremos, pero nos sirve de vez en cuando".

Los pocos asistentes al "magno" acto aplaudieron sin ganas, y se veían unos a los otros. "Coño, pana"—le dijo uno al otro—. "Este tipo está más loco que una cabra… A mí no me informó de esta vaina… Se lo tenía bien guardado y nos puede salir muy caro". Y el otro respondió: "Este loquito nos ha traído a este lugar para oír esa estupidez que nos compromete a todos. Pienso que nos podría salir el tiro por la culata".

Pasó un mes. Pasó otro mes, el tercero y el cuarto, y nada que se le veía el queso a la tostada. Promesas iban y venían. Una fecha hoy, otra mañana, sin consecuencias. Mientras tanto, en la Casa Blanca, Trump y su pandilla se mordían las uñas de nervios y de arrechera, a la vez. Un día Trump reunió en un salón privado a los complotados contra Venezuela. "Coño, qué es lo que pasa con ustedes"—soltó mientras se alisaba el pelo con una mano—. En esta vaina algo marcha mal, muy mal. Anoche estuve pensando que a ustedes los han engañados y ustedes me han engañado a mí. Eso pareciera estar a la vista. En primer lugar, metieron por los ojos un tipo sin ninguna credencial. Ni siquiera sabe hablar, dos minutos sin que diga una porquería que ni él entiende. Ustedes no han hecho su trabajo, el payaso de Venezuela tampoco. Tengo yo que hacerlo todo. Amenazar, sancionar e inclusive invadir cuando sea necesario. Anda, Elliot, localiza al pepele de Guaidó, y me lo pasas".

Elliot Abrams, se movió como un peso mosca. Llamo a los teléfonos que tenían del usurpador, y después, de dos horas de esfuerzo, se oyó al otro lado, un "Alo, mister". "No tienes que decirme "mister", te autorizo para que me digas sólo Elliot. Pero en privado, no se te olvide, ok. Espera te voy a pasar al jefe.

"Habla Trump… Usted me ha hecho que aprenda un poco de español con Elliot, tan solo para comunicarme con usted. Mire, hemos invertido unos cuantos millones de dólares en sus planes, y ninguno ha cuajado. Yo, sentirme frustrado. Yo, decirle a mi equipo que no estoy dispuesto a seguir alimentando sus promesas… Fíjese lo que pasó el 30-A. Eso fue una vergüenza para todos. Usted puso la torta, mayor a la que puso en la frontera el 23 de enero, con la famosa ayuda humanitaria. ¿Qué ha pasado, señor Guiadó, es que no pueden con el dictador? Leí un artículo en CNN donde lo califican a usted de "paquete chileno". Yo no saber que es eso, pero lo que sí sé es que usted, señor, se está diluyendo, como jabón en manos de lavandera. Y el Maduro, más duro y más duro. Con mucha gente que lo apoya, mientras a usted, en unos videos que me pasaron, no se ve a nadie. Eso quiere decir, que usted perdió el poder de convocatoria, porque la gente ya no cree en sus promesas. Le pregunto, para finalizar: ¿Por qué tenemos nosotros que creer en sus promesas? Chao, señor, cuídese".

Un compañero de Guiadó, quien había oído la conversación, le soltó: "¿Pana, qué te dijo el tipo"?

"Está arrecho. Dice que, en la práctica, yo no sirvo para un carajo. Tal vez tenga razón. ¿Pero cómo hago yo para sacar a la gente de sus casas? Convoco, convoco y convoco, y sólo cuatro gatos hacen acto de presencia. Eso por un lado, por el otro, los militares no me responden. Dicen que sí, pero se rajan y no salen para delante. Coño, pana, ya no puedo con este muerto. Sólo no puedo tumbar a Maduro. Los adecos son pura pantalla. Primero Justicia da un pie hacia delante y otro hacia atrás. No se define. El partido del pendejo este del Zulia, igualmente. Son pura bla, bla. Coño, uno se cansa, y de pronto me agarra la dictadura de Maduro y me pone los hierros, a pesar que le noto miedo hacerlo, mientras los gringos me apoyen. Cuando me saquen la alfombra, me jodí. Tengo que ponerme los patines, si me da tiempo. Por otro lado, entre el TSJ y Diosdado, me están dando palos en la AN… Poco a poco, grano a grano, me la están desmantelando. Por lo que se ve voy a quedar como pajarito en rama, y al final, me calificaran como un hombre mediocre".



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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