Chávez y el fin del petróleo (2)


Vale la pena insistir sobre la importancia y necesidad de la continuidad del proceso revolucionario en Venezuela, a partir de consideraciones de orden energético y de política de estado, frente al reacomodo implícito en el futuro cambio mundial de fuentes energéticas, y no tan sólo de consideraciones de política doméstica como nos tienen acostumbrados la mayoría de los comentaristas.
Comencemos por el lado de la energía. El recurso fundamental energético de Venezuela se basa en las inmensas reservas de hidrocarburos, gas y petróleo.
Inmensas pero finitas. De acuerdo con las estimaciones de los técnicos y de los científicos en el mundo ya no hay nuevas reservas importantes, por lo tanto el creciente incremento de la demanda y del consumo mundiales conducirá inevitablemente a que los recursos existentes tenderán a reducirse hasta agotarse y prácticamente dentro de unas décadas el precio de hidrocarburos llegará a niveles nunca vistos antes.
El mundo desarrollado todo esto lo sabe de sobra y a pesar de las resistencias de los intereses creados de las grandes compañías explotadoras, ya ha comenzado una búsqueda importante por hallar recursos energéticos alternativos que le permitan a la economía mundial basada en el petróleo dar el salto a otras formas. Todas las que se perciben posibles (nuclear, eólica, solar, biomasa, fusión, etc.) implican mucho tiempo todavía para alcanzar costos razonables, enormes recursos y sobre todo un altísimo grado de desarrollo tecnológico. En todo caso, en algún momento, en un futuro no muy lejano, el fin de la era del petróleo será un hecho y nuestros hijos tal vez y seguramente nuestros nietos, conocerán formas de energía y modos de vida diferentes.
Para Venezuela, en esta perspectiva absolutamente cierta, en términos de nación y de intereses de estado, no caben sino algunas decisiones, igualmente determinantes:
1  Sostener al máximo posible el precio del petróleo y del gas.
Mientras duren hay que sacarles todo lo que décadas de irresponsabilidad han dejado perder.
2  Aprovechar la bonanza creciente para implementar un vasto programa de transformación del petróleo y del gas en industrias y productos derivados, lo que se llama “aguas abajo”.
3  Construir “a toda mecha”, con los recursos disponibles,  la infraestructura física urbana y de comunicaciones, de que hasta ahora hemos carecido para podernos considerar un país moderno y socialmente justo.
4  Aprovechar el tiempo que nos queda –y esto es fundamental- para elevar al máximo el nivel cultural, los conocimientos técnicos y científicos, la información general, la educación en todos sus parámetros, para la totalidad de nuestro pueblo. Cuando el futuro nos alcance, el petróleo agotado, y no hallemos frente a modalidades energéticas de alta tecnología, no debemos quedarnos parados boquiabiertos y con los ojos sin vista, sino intervenir con conocimientos adecuados.
 
Debemos preguntarnos, entonces, si el programa de trabajo y de reformas constitucionales que promueven Chávez y el gobierno bolivariano coincide con estas líneas esenciales de salvación para la nación. Y la respuesta inequívoca es que sí.
Pasemos ahora al cuadro de la política internacional.
Los intereses de los grandes poderes internacionales, y primeros entre todos ellos, los de Estados Unidos, consisten de inmediato, a corto y mediano plazo, en mantener su forma de vida actual (the american way of life) sin cambios ni reducción de sus niveles de consumo, ni poner en peligro los precarios equilibrios que han logrado entre sí los grandes países industrializados.
Para ello, mantener el control sobre el suministro de energía (el petróleo, por supuesto) es un requisito fundamental, para lo cual están dispuestos a mandar a sacrificar a sus propios muchachos y a matar a cuantos revolucionarios, lideres independientes, gentes extraña, árabes y musulmanes, niños y mujeres, pueblos enteros, que se les atraviesen en su camino desesperado de dominación. Las pruebas más que evidentes están en la corta pero terrible historia de las guerras del medio oriente que los Estados Unidos han provocado, desatado y mantenido a pesar de todas las protestas y los fracasos.
Son guerras por el control de la energía. En el próximo futuro, en Irak o en Irán, o donde sea, con demócratas o con republicanos en el gobierno, seguirán con las misma líneas políticas. La pregunta es: ¿dónde están las grandes reservas del petróleo que quedan? Allí se concentran y se seguirán concentrando su atención y sus esfuerzos por mantener el control del suministro en condiciones para ellos convenientes. Con Rusia no les va a ser fácil. Lo han intentado con Irak y se les ha enrollado la cabuya. Probarán con Irán. Queda también Venezuela. La situación por lo tanto es clarísima, así como son evidentes los peligros para la capacidad y disposición para Venezuela de seguir manteniendo una existencia independiente.
Las decisiones que por lo tanto hay que tomar, desde una perspectiva de política de estado, grosso modo, son las siguientes:
1  Movilizar los recursos internos y externos para demostrar que es posible para Venezuela independencia de criterios, un discurso público franco y sin hipocresía, firmeza en los principios y solidaridad con los oprimidos de siempre en cualquier parte del mundo.
2  Desarrollar una dinámica política internacional abriendo alianzas sin prejuicios, con quienes se enfrentan a las mismas amenazas. Con ella se fortalecerán los frentes necesarios para neutralizar o paralizar los posibles ataques a nuestra soberanía. 
3  Desarrollar una política que tienda de inmediato a que se termine de crear la nueva unidad de los pueblos del Sur, muy en concreto la unidad de los pueblos de América Latina. La integración latinoamericana no debe ser un simple (aunque importante) mecanismo comercial. Es sobre todo un salvavidas colectivo.
4  Desarrollar una política comercial que tienda a liberarnos de las viejas ataduras mercantiles y nos abras nuevos y diferentes mercados.
5  Prever cualquier posibilidad de conflicto armado, en términos de absoluto realismo, convocando y preparando a las grandes masas popular en un contexto bien diferente a las luchas de alta tecnología.

En esto también debemos preguntarnos si el programa de gobierno y de reformas constitucionales que promueven Chávez y el gobierno bolivariano coincide con estas grandes líneas de salvación nacional.
Y otra vez la respuesta inequívoca es que sí.
Los problemas no están en esa política de pequeño cabotaje que se diluye en las reclamaciones secundarias y en los pleitos domésticos de todos los días y que llena las páginas de los periódicos y se repite en las voces de la radio y las imágenes de la televisión. El asunto es mucho más grave y de mayor alcance.
Desde la observación del futuro del país, de los peligros a que está sometida su permanencia como nación, de la posible catástrofe de regresar a políticas y modos de llevarlas a cabo según da cuenta la dolorosa experiencia de las últimas cuatro décadas de seudo democracia, todo converge en la convicción que la revolución socialista bolivariana, si se mantiene en la misma senda y se fortalece haciéndose más radical, es el único camino para que este país pueda enfrentarse con éxito a la marejada que sigue agitando al mundo y poniendo en duda su supervivencia.
Las conclusiones, a la vista del próximo referéndum constitucional son evidentes.
Para quienes están ya convencidos de ello, no serán tal vez razones nuevas.
Pero para quienes dudan o se oponen, si no están completamente enceguecidos por la ideología, ojalá haya motivos de reflexión.

12.10.2007 
 
 


 


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Juan Pedro Posani

Arquitecto y artista plástico. Director General del Museo Nacional de Arquitectura de Venezuela.


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