Chavez y el fin del petróleo


Hace unas semanas el comandante Chávez recomendó la lectura de un libro cuya importancia política es realmente extraordinaria. Relacionado con el problema que sin duda alguna es el de mayor trascendencia para Venezuela en este siglo XXI,”El Fin del Petróleo”, del periodista Paul Roberts, examina en sus casi quinientas páginas, desde la óptica norteamericana, las perspectivas casi inmediatas de la declinación y fin del uso de la energía que hasta ahora han proporcionado los hidrocarburos. El fin próximo del petróleo, drama indiscutible, va a ser también el fin de toda una era de desarrollo de la humanidad, de toda una manera de vivir y de concebir la vida en sociedad.
El libro en realidad es parte de un buen lote que sobre el tema se ha publicado en diferentes idiomas. Hace dos años, otro libro, por cierto con el mismo título en la edición francesa, del escritor también gringo James Howard Kunstler, pintaba con mucha documentación, el mismo panorama con sus consecuencias catastróficas. Se trata de libros de difusión para un público no especializado. Pero existe además sobre este asunto una gigantesca cantidad de informes, reportes, documentos y análisis muy serios que emanan de grupos de científicos, estudiosos y políticos que puede fácilmente encontrarse en Internet. Asociaciones de analistas que recogen la predicción del 1956 del famoso geofísico M. King Hubbert, publican periódicamente las informaciones más actualizadas sobre la corta vida en extinción del petróleo. (1)
No es de extrañar esta atención, porque se trata del asunto de mayor trascendencia, como decíamos, no sólo para nuestro país sino para el futuro del planeta, puesto que todo, absolutamente todo, depende del uso de ese recurso no renovable, en esta nuestra vida moderna.
Ni más ni menos.
Y parece increíble que tratándose de una cuestión de tanta monta, los venezolanos tan poco espacio y tiempo le dediquemos. Porque se discute mucho más, por lo menos públicamente, si los gobernadores también tienen derecho a ser reelegidos, que del futuro energético, y por lo tanto económico, de este país cuando se (nos) acabe el petróleo. Seguramente los árboles cercanos ocultan al bosque.
Para decirlo brevemente y en morrocotas, el asunto de tanta gravedad consiste en lo siguiente:
Uno, los hidrocarburos tienen una existencia finita. Eso los sabe todo el mundo.
Lo que no parece importar es que el término de esa existencia, en concreto el fin del petróleo, se acerca sin misericordia. Ya no hay más petróleo que descubrir. Los yacimientos son lo que son y no hay más. Y las reservas se van agotando. Dos, el incremento de la demanda crece vertiginosamente. Con la carrera al progreso que han emprendido la China y la India, el consumo mundial es cada vez más gigantesco. Pero además Japón y la Unión Europea colaboran, y Estados Unidos no se queda atrás y continúa como si nada en su derroche fabuloso de energía no renovable. Tres, una vez que se agoten los relativamente pequeños yacimientos no-OPEP, únicamente quedarán los grandes reservorios de Rusia, países árabes del Golfo y Venezuela. Cuatro, como resultado del crecimiento exponencial de la demanda y del agotamiento de las reservas, va a subir inevitablemente el precio del petróleo hasta cifras asombrosas. Cinco, el mundo tendrá que conseguir, desarrollar y aplicar las tecnologías alternativas (eólica, solar, biomasa, hidrógeno, nuclear, etc.) que puedan sustituir la energía barata que hasta ahora le han permitido alcanzar el nivel actual de desarrollo desigual. Seis, desgraciadamente hay un consenso general de que en el mundo no hay ni voluntad política ni condiciones económicas ni tecnología ya desarrollada que permitan dar a corto plazo el salto energético indispensable. Siete, Estados Unidos, siendo el 5% de la población mundial que consume el 25% del total de la energía del mundo, va a ser el principal afectado por el agotamiento del petróleo y la subida de precios. Ocho, frente a esta perspectiva EE.UU. está “condenado” a tomar todas las medidas políticas, económicas y militares para controlar lo que queda de petróleo en el mundo. Ya lo ha estado haciendo en Irak, quiere hacerlo en Irán y no está claro si no tendría que hacerlo también en Arabia Saudita. No podrá hacerlo en Rusia, por obvias razones, y en Venezuela queda por verse. Y ello nos lleva al penúltimo punto. Nueve, las inmensa reservas de nuestro país son demasiado importantes para el futuro energético de EE.UU. para que no tomemos en cuenta este factor demencial como un elemento cardinal de la política de defensa de nuestra nación y de sus recursos.
De la combinación de los factores señalados, a saber, el pronto agotamiento mundial de los hidrocarburos, el hecho de EE.UU. nunca va a cambia de buen grado su estilo de vida (2) y que Venezuela, ahí mismito, posee todavía unos gigantescos recursos, se deduce irrevocablemente la necesidad vital de defender cueste lo que cueste el programa socialista de construcción del país. ¿Por qué socialista? Porque únicamente un tal proyecto garantiza la posibilidad de la diversificación planificada racional e inmediata de la producción industrial y agrícola - que significa utilizar bien y en seguida, antes de que también a nosotros se nos agote la riqueza que tenemos en el subsuelo (la siembra del petróleo)- y de firme control y defensa de nuestro recurso energético principal. No se trata tan sólo de rescatar aquí las eternas banderas de libertad y justicia que una humanidad oprimida y a la vez embelesada con el espejismo y las falsas promesas del capitalismo ha dejado caer en el pantano del llamado “desarrollo”.  En las previsibles condiciones de la política y de la economía internacionales, en el marco real del juego de las superpotencias, el socialismo es la única vía demostrable para que Venezuela pueda subsistir como país independiente y con posibilidad de un futuro próspero. A ello hay que agregar que únicamente un programa paralelo y coherente de integración latinoamericana - como el que está inscrito en el programa socialista - puede asegurar el éxito de esta vía que hemos escogido democráticamente. Estas premisas tienen un corolario axiomático: el papel de conducción del comandante Chávez es absolutamente imprescindible. Únicamente su perspicacia, su inteligencia política y estratégica, su perseverancia y firmeza, unida a su carisma e inmensa capacidad de convocatoria popular, puede llevar al país en una verdadera senda de salvación nacional. La posibilidad de una segura continuidad en la construcción de un país de justicia social, democrático, independiente y libre, está indisolublemente ligada a la conducción de la política nacional del comandante Chávez. Es una constatación absolutamente objetiva. Cualquiera que sea el juicio que hasta ahora pueda darse acerca de sus cualidades y sus carencias (Chávez es un hombre, recordémoslo), hasta su enconados opositores deben reconocer que por el momento - aunque el pueblo que lo parió también puede dar otras sorpresas - no se vislumbran otros dirigentes de su talla que puedan o deban acudir a su relevo.  Al fin y al cabo fue él quien inventó esto del socialismo del siglo XXI. ¿O no?    
Por lo tanto, Diez, en el plano de los superiores intereses de la nación, Chávez es indispensable e insustituible. Así, pues, lo más importante, seamos claros, en esta coyuntura de votar la reformas institucionales, es el deber racional, estratégico y patriótico de votar sí, y en bloque.
Todo lo demás, es accesorio.
¡Ah! Una última cosa: por favor léanse el fulano “El Fin del Petróleo”.  (3)

Caracas septiembre 2007  


1  ASPO Association for the Study of Peak Oil and Gas. www.peakoil.net
2  El Vicepresidente Dick Cheney ha reafirmado solemnemente: “El american way of life no es negociable”.
3  Paul Roberts, El fin del petróleo, 2004, Ediciones B, Grupo Zeta, Barcelona, Esp.



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Juan Pedro Posani

Arquitecto y artista plástico. Director General del Museo Nacional de Arquitectura de Venezuela.


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