¡Random House no tiene plata! para pagar derechos de autor

(Sobre todo si los autores o las autoras tienen algún tipo de afinidad con el proceso revolucionario bolivariano de Venezuela).

En una entrevista de Ana María Hernández, pertinazmente mojada por lágrimas de cocodrilo, Víctor García, director comercial de Random House Mondadori, (que factura diariamente millones de dólares en todo el mundo), respondió irónicamente a la periodista, ante la pregunta:

"¿Qué no se va a editar?":

_"-Por ejemplo, estos libros que le encantarían a "tu comandante": Paracos de Alfredo Serrano Zabala, que es la historia de los paramilitares en Colombia; Marx para principiantes de Rius; Legado de cenizas. Historia de la CIA de Tim Weiner, premio Pulitzer; A las puertas del ubérrimo de Iván Cepeda y Jorge Rojas. Éstos le encantarían a Chávez".

Y continuaron las quejas: "...las imprentas no tienen papel. No se sabe lo que va a pasar, no hay tinta ni películas ni repuestos para las maquinarias, y lo peor, no hay reglas claras para adquirir el dólar permuta. Imagínate, Venezuela tiene hoy en día el libro más caro del mundo".

¡Pobrecita la editorial!

Sin embargo, tienen listos para imprimir, él dice que era para Abril, los textos contrarrevolucionarios: "El libro rojo del resentimiento de Ruth Capriles, que es un acercamiento psicológico al fenómeno político nacional; El fascismo del siglo XXI, sobre la simbología fascista del chavismo de Hugo García Larralde.(...) Historias empresariales de Rafael Arráiz Lucca, y otro sobre la crisis financiera de Sary Levy (...)"

Más adelante desliza lo que realmente le molesta: "...no podemos importar libros", después de afirmar que Venezuela tiene los libros más caros del mundo.

Las editoriales transnacionales habían dejado a nuestro país el papel de mercado consumidor de libros importados y nuestros autores sólo han comenzado a publicar con el gobierno bolivariano, el cual ha comenzado a desarrollar una vigorosa política editorial.

Más adelante, obedientemente, la periodista lo ayuda a responder sobre la obra de Rius, la cual se usa como torpedo para demostrar que el gobierno no deja publicar a sus propios amigos justificándose frente a los autores para no pagarles lo suyo a tiempo. El ejecutivo da a entender que nuestro gobierno tiene la culpa de que Random House no le pague sus derechos a los autores.

La entrevistadora, obsequiosamente, pregunta sobre la obra de Rius, "Marx para Principiantes":

-¿El que iba a ser plagiado o algo así bajo la administración de Juan Barreto?

-Fue plagiado por la Alcaldía Mayor.

Después de haber dicho que no sabía si los libros anunciados salieron, García respondió:

-"No salieron".

Y por fin mostró la raíz del problema que más le molesta al emporio editorial:

"Mira, yo no me opongo a que el Gobierno regale libros en plazas, parques, donde quiera. Pero también los hacemos".

Una de las mejores políticas del gobierno de Chávez es salirse del bolsillo de las editoriales transnacionales, que en un tiempo influyeron de manera determinante en nuestra política cultural, obtuvieron privilegios (recuérdese las revistas pornográficas que venían importadas como textos educativos) y el resultado final fue la total dependencia de las importaciones.

Tenemos talentos que pueden hacer despegar los números en distribución de libros en el mundo entero, labor que apenas ha comenzado, y con la participación protagónica de quienes participan en la creación: Escritores, ilustradores, trabajadores gráficos, etc., podemos potenciar la producción y la difusión de nuestros valores culturales, atrayendo además divisas de un origen distinto al petrolero con títulos a precios solidarios, ahora que el prestigio de nuestro país va en ascenso en el mundo entero. Están dadas las condiciones para la creación de empresas editoriales socialistas que, al lado de las estatales que ya existen, cubran el tipo de libros de autores venezolanos que las privadas dejan de publicar, principalmente literatura de ficción y "entretenimiento" que, según un reciente estudio del CENAL, son los más buscados y constituyen un vehículo no despreciable de formación ideológica.

Los autores que contratan con empresas privadas deberían conservar el derecho a decidir sobre el destino de sus obras, así como a retractarse si quisieran, cuando hubieran cedido sus derechos a los patronos editoriales y no les guste lo que hacen (o no hacen) con sus obras.

Urge una Ley que garantice la independencia cultural suficiente para que toda la gente tenga libre acceso a la cultura, que no choque con los intereses de los autores y las autoras, quienes tienen derecho a negociar en mejores condiciones, licenciando en vez de darlo todo, y con apoyo estatal para que puedan vivir dignamente de su trabajo creador.


andrea.coa@gmail.com


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Andrea Coa


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