Convirtieron a Venezuela en una quincallería

Los de arriba en el poder nos hablaron muchas veces de la Venezuela potencia, al punto que se les ocurrió la brillante idea de realizar un sin fin de exposiciones en buena parte del territorio nacional para vendernos la idea de que llevarían al país a un desarrollo admirable. Finalmente, el desarrollo prometido jamás se ha materializado y las muy decoradas expo-ferias solo sirvieron para llenar los bolsillos de unos cuantos vivos que tuvieron la visión de lucrarse a través de la elaboración e instalación de los tarantines que darían vida a los fantasiosos eventos. ¡Que mentes tan brillantes!

¿Hasta cuándo estos gobernantes se van a burlar del pueblo venezolano? Nosotros no necesitamos de mega exposiciones para comprender las potencialidades de nuestro territorio, el problema lo tienen estos gobernantes que nunca han entendido el momento histórico que se les presentó, y no han aprovechado su permanencia en el poder con el propósito de elaborar junto al pueblo organizado políticas que vayan destinadas a la liberación de este país en el campo económico, para así conseguir un verdadero desarrollo de la nación, logrando romper con esa cultura rentista que se nos impuso a partir de la Venezuela petrolera y sustituir el modelo de la economía de puertos que ha imperado en este país desde tiempos muy remotos por el de una Venezuela productiva en el campo real no desde un simple eslogan. En fin, nuestro desarrollo productivo en todos estos años de supuesta revolución socialista no ha dejado de ser una utopía y pareciera que esa realidad está difícil de cambiar.

Mucho se habló de las Empresas de Producción Social Comunal, como un modelo anti-sistémico que buscaba, a través de las comunidades organizadas, la descentralización económica mediante un nuevo tipo de propiedad productiva, en donde la producción se destinaría a satisfacer las necesidades básicas y esenciales que demanda la colectividad. Esto quedó sin trascendencia, y pareciera que han optado por asumir la implementación del "capitalismo popular" propuesto por aquella dirigente de la burguesía, María Machado, ¡sí señores, aunque muchos no lo crean! Recordemos en que se basó la propuesta de la señora Machado en su pre-campaña por la presidencia de la República, que por cierto fue motivo de muchas burlas por los dirigentes del PSUV y de su séquito de acérrimos defensores, la señora planteó que su modelo económico propuesto iba dirigido a que cada familia llegara a contar bajo su gobierno con una pequeña empresa o un negocio propio que haría surgir a cada núcleo familiar venezolano, ¡pues! si observamos lo que viene ocurriendo en la actualidad, la realidad pareciera ser muy similar a lo propuesto por la Machado. De este a oeste lo que ha proliferado son las quincallas por todos lados, negocios en los que se ataca el bolsillo del pueblo humilde trabajador, mientras la productividad del país sigue siendo insignificante. En las zonas que denominan de clase media se les ha llamado bodegones, negocios muy bien decorados, que abundan por todas partes, en los que se expende mayormente bienes de consumo importados, todos calculados en divisa gringa y a precios exclusivos para un sector de la población que no sufre los estragos de esta crisis. Ahora, ¿quién en medio de esta situación con una economía tan inestable se atreve a invertir en este tipo de negocios en los que se trabaja mayormente con productos importados? Por allí se escucha que son establecimientos vinculados a la burocracia en el poder que están siendo utilizados para el lavado de dinero, ¿Será cierto? en mi caso no cuento con las pruebas para afirmarlo, ahora, lo que sí me genera mucho ruido es como han proliferado este tipo de negocios en medio de la depresión económica que atravesamos. En el caso de las zonas populares la distribución de alimentos ha sido un buen negocio para grupos paramilitares que dicen ser revolucionarios, y es que después que el gobierno no se cansara de criticar la conducta de personas que se dedicaron a la reventa de productos de primera necesidad, a quiénes les calificaron de "bachaqueros", finalmente han dado rienda suelta a grupos que han hecho de la comida un gran mega negocio, bachaqueros a gran escala que actúan sin ser contralados, los cuales han acaparado en buena parte la distribución de alimentos en estos sectores y ahora son los encargados de despachar a aquellos que se dedican a la reventa de comida en los mercados populares. Es decir, finalmente en la práctica se ha legalizado lo que en un momento se intentó combatir y además pasaron a ser los que controlan el negocio. Por otro lado, en vista de la crítica situación económica y con la finalidad de buscar algún ingreso, han proliferado las bodeguitas en los hogares, en dónde, hay que decirlo, también se golpea el bolsillo del pueblo trabajador, ya que el margen de ganancia del 30% ha caducado, en estos lugares la ganancia se calcula a criterio de cada quién y, en el país, la institución encargada de corregir estas irregularidades desde hace tiempo que se encuentra en cuarentena. De tal manera, que, en la Venezuela de hoy cabe decir: ¡Sálvese quien pueda!

Es lamentable que muchos en vista de solventar su situación económica no se den cuenta que estamos propiciando una cruel batalla de pueblo contra pueblo, es decir, entre nosotros mismos nos atacamos en esa dura lucha por la sobrevivencia. De tal manera, que hemos llegado al punto de perder los valores de la solidaridad, la hermandad y la honestidad, y lo más grave aún, es que las nuevas generaciones que serán el relevo del mañana se han levantado en medio de esta situación despiadada, siendo, la única realidad vista por ellos hasta el momento. Así que, los que somos responsables de hogares tenemos una ardua tarea por delante, ya que debemos inculcar los valores que se han ido difuminando al paso del tiempo a nuestros más pequeños, si queremos un mejor porvenir. En definitiva, la crisis económica en cualquier momento pudiera superarse, pero lo más difícil será recuperar los valores perdidos, lo que pudiera convertirse en un gran obstáculo al momento de levantar la República.

Finalmente, ante la triste realidad que vivimos, solo nos queda optar por elevar los niveles de conciencia y acción revolucionaria, para dar un paso importante en esa búsqueda de superar la actual crisis socioeconómica, si no logramos cortar de raíz esa conducta viciosa y tramposa que se ha apoderado de buena parte de la población venezolana, ¡no tendremos futuro!



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Ramón Álvarez


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