Geopolítica y petróleo

Petróleo y socialismo en Venezuela

Una de las interrogantes más frecuentes en la Venezuela de hoy es: ¿Qué es eso de socialismo del siglo XXI? El sentido de la palabra socialismo ha provocado a lo largo de los años debates interminables, aunque su significado tiene un punto de coincidencia: es el control de la producción por los mismos trabajadores, no por los dueños y dirigentes que los gobiernan y controlan todas sus decisiones, sea en empresas capitalistas como en un Estado absolutista. En época reciente, 1992, en su obra “Lo que realmente quiere el Tío Sam”, en el capítulo “Lavado de cerebro en casa”, el escritor estadounidense Noam Chomsky lo expresaba de esa manera. Cuando el golpe bolchevique de octubre de 1917 colocó el poder estatal en Lenin y Trostki, éstos se pusieron rápidamente a desmantelar las incipientes instituciones socialistas que habían crecido durante la revolución popular de los meses anteriores –los consejos de fábricas, los soviets, en fin, cualquier órgano de control popular- y convertir la fuerza trabajadora en lo que ellos llamaron un “ejército laboral” bajo el mando de un líder.

En otras palabras, los bolcheviques destruyeron pronto los elementos más representativos del “socialismo” emergente de entonces.

Se trataba de ganar tiempo para construir el aparato político que enrumbaría la revolución por procesos previamente establecidos; de ello se encargaría el partido comunista, a cuya organización había dedicado largos años de su exilio Vladimir Uliánov. La prematura muerte de éste acaecida en 1924 trastocó una revolución que estaba destinada a cambiar radicalmente el rumbo de la historia. A partir de entonces, con la asunción del poder por parte de Josef Stalin, ninguna desviación socialista se permitió en el ámbito de la Unión Soviética.

Para los principales intelectuales marxistas de entonces estos hechos no llamaron mucho la atención, al fin y al cabo, ellos habían criticado acerbamente las doctrinas de Lenin durante años, al igual que el mismo Trostki antes de que lograran la construcción de un aparato y la formación de líderes que lo enrumbaran. Varios años antes, Bakunin, principal teórico del anarquismo, miembro de la I Internacional, líder de la Comuna de París y opositor de Marx, había predicho que la clase intelectual seguiría uno de dos senderos: o tratarían de explotar las luchas populares para tomar el poder estatal ellos mismos, volviéndose una burocracia brutal, o ellos se harían los dirigentes e ideólogos de sociedades capitalistas estatales, si la revolución popular fallara.

Más adelante, fines de la segunda y principios de la tercera década del siglo XX, los dos mayores sistemas de propaganda del mundo no concordaban en mucho, pero sí en usar el término socialismo para referirse a la destrucción inmediata de todo elemento del socialismo por parte de los seguidores de Lenin y Trostki. Algo no muy sorprendente, porque éstos llamaron socialista a su sistema para explotar el prestigio moral del socialismo.

En EEUU y Europa Occidental se adoptó la filosofía contraria, es decir, difamar los temidos ideales libertarios asociándolos con los presidios bolcheviques, para debilitar la creencia popular de que puede haber realmente progreso en una sociedad más justa con el control democrático de sus instituciones y derechos humanos.

El corolario es que si el socialismo es la tiranía de Lenin y Stalin, entonces la gente sensata dirá: eso no es para mí, ya que si ésa es la única alternativa ante el capitalismo estatal corporativo (como el que actualmente impera en la Casa Blanca), entonces muchos se someterán a sus estructuras autoritarias como la única opción razonable. El tiempo daría la pauta para la construcción del modelo de organización stalinista.

¿Y cuál es la alternativa que se presenta actualmente en Venezuela con el “socialismo del siglo XXI?. ¿Será revivir el vivaz y vigoroso pensamiento libertario socialista que no pudo resistir los asaltos doctrinarios y represivos de los mayores sistemas del poder? ¿Constituye la desaparición de la Unión Soviética una pequeña victoria para el socialismo, muy parecida a la derrota de las fuerzas fascistas con su pregonado ultranacionalismo? Caben antes algunas reflexiones.

Políticos, opinadores de oficio y “expertos analistas” que pululan en esta Venezuela zarandeada por la oligarquía mediática, se niegan a participar en un debate científico que permita dilucidar abiertamente las características de la democracia social, participativa y protagónica que Chávez y sus seguidores propugnan. En un socialismo donde coexiste la propiedad privada de los medios de producción, la libertad de empresa, el enriquecimiento evidentemente ilimitado de éstas, con el cada vez más generoso aporte del Cadivi de los dólares de la República, en coexistencia con la propiedad estatal de las empresas estratégicas, la proliferación de cooperativas, los intentos de cogestión empresarial y una distribución social de parte de los beneficios de la principal empresa del Estado venezolano, Pdvsa, con una libérrima libertad de prensa, de opinión y de información, se ataca el gobierno con todo tipo de falsos argumentos, acompañado de mentiras falaces como ésas de un incremento de la pobreza, del deterioro de la salud y del abandono del servicio de la educación y de los indigentes y ancianos.

En esta coyuntura histórica que vive Venezuela, se observa que la lenta pero persistente caída de los precios internacionales del petróleo durante diciembre de 2006 y enero de 2007, aunque con tímidos repuntes en el mes de marzo, ha hecho renacer las esperanzas de aquellos venezolanos que, aletargados por las derrotas políticas de los últimos años, se aferran a una debacle de la economía nacional como salvavidas de sus frustraciones. El crecimiento económico que vive Venezuela desde el último trimestre de 2003 -catorce trimestres consecutivos incluyendo el actual-, no ha sido suficiente para convencerlos de que el Gobierno nacional ha estado aplicando una política económica que busca un mejor futuro para los venezolanos.

Es claro que el factor fundamental de este crecimiento económico radica en los altos precios del petróleo en los mercados internacionales, que de un promedio de 34 dólares usamericanos el barril en 2004, ascendieron a 46 en 2005 y a 56 dólares en 2006. En este momento, cuando el precio de la cesta petrolera venezolana promedia en el primer trimestre de 2007, los 49 dólares usamericanos el barril, con ligera tendencia al alza, varios países de la OPEP se han movilizado para presionar un recorte de la producción que permita retornar los precios petroleros a los niveles del año pasado.

No sólo venezolanos de dudosa estirpe nacional abrigan ansias de derrumbe de la economía venezolana; es que apoyan irrestrictamente los deseos agoreros de los voceros del Departamento de Estado del tío Sam, quienes alientan la caída de los precios petroleros porque ello, supuestamente, sería el principio del fin de los gobiernos de países productores de crudo, como Venezuela, Irán y Rusia, los cuales se debilitarían al contar con menos ingresos. Estos tres países son potencialmente vulnerables, ya que los ingresos por crudo y gas representan entre 66% y 79% de los ingresos de los gobiernos de los dos primeros, mientras que constituyen algo más del 30% de Rusia. De esa manera, la política usamericana está dirigida a debilitar los precios internacionales del petróleo, incidiendo la menor recaudación de los impuestos petroleros en el desaceleramiento de la economía y las finanzas de esos estados. Y como de los altos ingresos petroleros depende el éxito de las políticas orientadas a los gastos sociales, la popularidad de estos gobiernos se vería amenazada.

El Estado venezolano propicia argumentos a la oposición, a los analistas y a los incrédulos, cuando muestra timidez en el ataque a la insuficiencia de la rentabilidad del trabajo a través de los programas que conlleven a la diversificación y desarrollo aguas abajo de los sectores agroindustrial e industrial, fundamento de la fortaleza agroalimentaria y punta de lanza en la lucha contra la vulnerabilidad y dependencia, “talón de Aquiles” de nuestra soberanía.

Sectores financieros y empresariales venezolanos conspiran contra la estabilidad económica del país apoyándose en la especulación galopante en el mercado negro de divisas, dándose el caso de que lanzan a la calle rumores tendenciosos que llevan a venezolanos incautos a adquirir dólares al precio de cuatro mil bolívares y más, cuando el precio oficial se cotiza a Bs. 2.150.

Las preocupaciones de la Casa Blanca se explican porque, en el caso de Irán, los petrodólares generan subsidios que crean estabilidad política y atraen socios comerciales reacios a unirse a sanciones de las llamadas duras. En el caso de Rusia, porque los cuantiosos volúmenes de crudo exportado compran la complacencia interna, algo que Vladimir Putin no oculta; además, la dependencia europea de los hidrocarburos silencia a la oposición contra los dignatarios del Kremlin. Y en el caso venezolano porque, como ya hemos sentenciado, los ingresos fiscales petroleros financian los programas sociales y el desarrollo hacia adentro, mientras que la política de asistencia a los países vecinos asegura aliados internacionales.

Ahora bien, el socialismo del siglo XXI adolece de un conjunto de debilidades que deben ser atacadas frontalmente en el corto plazo. Y es que somos del parecer que las debilidades del gobierno están determinadas, entre otras, por las obscenas ganancias de la banca, donde la tasa de retorno sobre su patrimonio promedio alcanzó en el 2006 el 30,65%, es decir, las ganancias son tan elevadas, que de persistir esa tendencia, los accionistas recuperarían su inversión en el término de tan sólo tres años. Estas ganancias atentan contra los intereses tanto de los que toman dinero a préstamo quienes tienen que pagar altos intereses, como el de los ahorristas, quienes ven como sus ahorros se esfuman aceleradamente. A esto se suma la información de que, en el último año, la banca apenas si enteró al fisco nacional el 4% de sus ganancias. Es así como la prédica de Chávez de que en el socialismo del Siglo XXI “no es tan bueno ser rico” es para los pendejos, vale decir, para los ahorristas, mas no para los banqueros ni sus accionistas ni para altos funcionarios del gobierno y de Pdvsa quienes se enriquecen a costa de los dineros públicos.

Y es que otro factor erosionador de la fortaleza del gobierno podría ser la delincuencia petrolera. Altos gerentes de Pdvsa están siendo acusados por empleados de esa corporación de cometer hechos delictivos, como la adjudicación directa de contratos con sobreprecios, según denuncia del periodista Leocenis García en un diario de circulación nacional. Sigue en el tapete de la discusión la interrogante sobre la supuesta bondad de las empresas mixtas, donde nos hemos asociado a transnacionales que recurrentemente están siendo acusadas por el gobierno de defraudar al fisco nacional. Al fin y al cabo, durante cien años han sido tercamente reincidentes en estafar el erario público

No menos preocupante es este modelo de neoliberalismo + liberalismo + anarquía que aúpan y practican comerciantes, empresarios y financistas inescrupulosos, mezclados con algunos supuestos revolucionarios socialistas incrustados en las filas del proceso bolivariano haciendo su agosto a través de cooperativas, microempresas y empresas de producción social, lucrándose a mansalva y jactándose con la expresión: “yo tengo tantas o cuales cooperativas y empresitas y, por supuesto que me va muy bien”.

Sí, “inventamos o erramos”, dijo Simón Rodríguez, y en eso estamos, pagando el precio de un ensayo que, sólo aplicando los correctivos con mano dura e indiscriminadamente, avanzará con pie firme y sin pausas.

*Economista – Profesor. cesarprietoberto@hotmail.com


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César Prieto Oberto*

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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