Volver a Chávez, siempre volver a Chávez

“El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo,

sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror”

Eduardo Galeano

 

Por fin Francisco habló y me recordó a aquella novela nacida por allá por los sesenta, cuando apenas yo caminaba y comenzaba a tener noción de lo que era el hambre. En la reciente y muy novedosa televisión, todo el país veía El Derecho de Nacer, una kilométrica novela que a finales de los 40 y principios de los 50, fue radionovela. En la trama, Don Rafael, viejo patriarca familiar poseedor de un terrible secreto, queda mudo en una silla de ruedas durante toda la novela, hasta que, sin aviso y sin protesto, logra hablar en el capítulo final, para aclarar el misterio y finalizar la novela. Estuvo de moda una canción de Billo´s: "Ya Don Rafael habló", que todo el mundo bailó.

Pues dos mil muertos después, a Francisco, el muy pontificio Francisco, se le ocurre pedir una solución pacífica al genocidio de Gaza, pues a su juicio   “no se hace la guerra en nombre de dios”, se le oyó por los parlantes en la oración del Ángelus en la plaza de San Pedro. Así, muy a lo judío, Francisco casi que no ve la matanza cometida contra niños, mujeres y ancianos. Por tantico así no expresa su simpatía por el sionismo, quizás para cuidarse las espaldas. Confieso que provocó decirle un ¡coño de tu madre! Que me saliera del estómago, porque la verdad sea dicha, más cínico no se puede ser. Cuando fue coronado Papa, escribí un artículo donde denuncié su complicidad con la dictadura argentina. Allí lo tienen ahora, de cuerpo y alma.

El dos de septiembre del 2013, publiqué un artículo en este mismo medio de comunicación, titulado “Con palos y piedras”. Y cito textualmente lo que dije hace casi un año: … “Por allá en el 2006, Israel bombardeó hasta el cansancio zonas palestinas y libanesas con el pretexto de que Hezbolla le había lanzado unos tumba ranchos. Fue uno de los actos terroristas más terribles de los tantos que hemos contemplados. Así estuvimos todos los seres humanos, viendo cómo el quinto país con las fuerzas armadas más poderosas del mundo, asesinaba sin piedad, incluyendo el uso de agentes químicos como el fósforo blanco, a mujeres, ancianos y niños. Una sola voz se alzó entonces, la del siempre recordado y admirado Hugo Chávez: “Debo decirlo –explicó Maisanta-, porque nosotros somos transparentes en esto. He ordenado retirar nuestro embajador de Israel, porque en verdad causa indignación ver como el Estado de Israel sigue atropellando, bombardeando, asesinando, descuartizando, con los aviones gringos que tiene y con el alto poder militar que tienen con el apoyo de los Estados Unidos a tantos inocentes”. Era la voz de la dignidad, la voz de los que no tienen voz. Chávez jamás dejaba pasar cosas como estas por alto. Siempre estaba presto a responder, reivindicando a los más necesitados. Nadie hizo nada. Vimos impávidos a las naciones del mundo contemplar la barbarie de Israel, incluyendo al Vaticano que en términos reales, tampoco dijo nada”.

Pero quiero hacer extractos de la extraordinaria y contundente misiva que Chávez le enviara un 17 de septiembre del 2011, al entonces y aún incompetente Ban Ki Moon (Secretario General de las Naciones Unidas), con motivo precisamente de la tragedia que estaba viviendo el pueblo palestino por entonces: “Contra quienes sostienen, falazmente que lo ocurrido al pueblo palestino no es un genocidio, el mismo Deleuze (filósofo francés) sostiene con implacable lucidez: En todos los casos se trata de hacer como si el pueblo palestino no solamente no debiera existir, sino que no hubiera existido nunca. Es, cómo decirlo, el grado cero del genocidio: decretar que un pueblo no existe; negarle el derecho a la existencia.

A propósito, cuánta razón tiene el gran escritor español Juan Goytisolo cuando señala contundentemente: La promesa bíblica de la tierra de Judea y Samaria a las tribus de Israel no es un contrato de propiedad avalado ante notario que autoriza a desahuciar de su suelo a quienes nacieron y viven en él. Por eso mismo, la resolución del conflicto del Medio Oriente pasa, necesariamente, por hacerle justicia al pueblo palestino; éste es el único camino para conquistar la paz.

Duele e indigna que quienes padecieron uno de los peores genocidios de la historia, se hayan convertido en verdugos del pueblo palestino: duele e indigna que la herencia del Holocausto sea la Nakba. E indigna, a secas, que el sionismo siga haciendo uso del chantaje del antisemitismo contra quienes se oponen a sus atropellos y a sus crímenes.

Israel ha instrumentalizado e instrumentaliza, con descaro y vileza, la memoria de las víctimas. Y lo hace para actuar, con total impunidad, contra Palestina. De paso, no es ocioso precisar que el antisemitismo es una miseria occidental, europea, de la que no participan los árabes. No olvidemos, además, que es el pueblo semita palestino el que padece la limpieza étnica practicada por el Estado colonialista israelí.

Quiero que se me entienda: una cosa es rechazar al antisemitismo, y otra muy diferente aceptar pasivamente que la barbarie sionista le imponga un régimen de apartheid al pueblo palestino. Desde un punto de vista ético, quien rechaza lo primero, tiene que condenar lo segundo”.

Allí tenemos a un Chávez que parte de una profunda fe por el ser humano, para evidenciar su necesidad de solidarizarse con los desamparados. Más adelante dice: “Necesario es hacer memoria: desde finales del siglo XIX, el sionismo planteó el regreso del pueblo judío a Palestina y la creación de un Estado nacional propio.

Este planteamiento era funcional al colonialismo francés y británico, como lo sería después al imperialismo yanqui. Occidente alentó y apoyó, desde siempre, la ocupación sionista de Palestina por la vía militar.

Léase y reléase ese documento que se conoce históricamente como Declaración de Balfour del año 1917: el Gobierno británico se arrogaba la potestad de prometer a los judíos un hogar nacional en Palestina, desconociendo deliberadamente la presencia y la voluntad de sus habitantes. Hay que acotar que en Tierra Santa convivieron en paz, durante siglos, cristianos y musulmanes, hasta que el sionismo comenzó a reivindicarla como de su entera y exclusiva propiedad”.

Y allí hay sin duda un claro conocimiento de la historia.

Más adelante dice: “Ahora bien: contra lo que Israel y Estados Unidos pretenden hacerle creer al mundo, a través de las transnacionales de la comunicación, lo que aconteció y sigue aconteciendo en Palestina, digámoslo con Said, no es un conflicto religioso: es un conflicto político, de cuño colonial e imperialista; no es un conflicto milenario sino contemporáneo; no es un conflicto que nació en el Medio Oriente sino en Europa.

¿Cuál era y cuál sigue siendo el meollo del conflicto?: se privilegia la discusión y consideración de la seguridad de Israel, y para nada la de Palestina. Así puede corroborarse en la historia reciente: basta con recordar el nuevo episodio genocida desencadenado por Israel a través de la operación “Plomo Fundido” en Gaza”.

Allí está el concepto político.

Y aquí está el párrafo final: “Se seguirá llamando Palestina: ¡Palestina vivirá y vencerá! ¡Larga vida a Palestina libre, soberana e independiente!

Hugo Chávez Frías

Por ello hablo de volver a Chávez. Siempre hablo de volver a Chávez. Esa carta explica el problema en su dimensión y desmonta el mito según el cual es una  guerra milenaria y religiosa.

El problema en Palestina es petróleo y gas. Y por ello, deben morir sus habitantes. Va a hacer tres años que Chávez escribiera esa carta. No solo tiene absoluta vigencia, sino que explica la más absoluta realidad de un hecho político que debiera conmover a la humanidad. Chávez, siempre Chávez, revisarlo todos los días… Siempre tiene algo que decir.

Caminito de hormigas…

Kikirikí tiró la semana pasada su edición Nº 500. Fue creado en 1958 por un quijote llamado Arturo Linero. No solo era periodista, también poeta, caricaturista, pintor y loco, porque hay que ser loco para tener todas esas condiciones en una sociedad capitalista, donde solo el dinero prevalece, y no sucumbir a las mieles del poder. Es el semanario más viejo del país; y ha sido vanguardia en algunos de los momentos más coyunturales de este proceso político, aunque mucha gente de este mismo proceso lo desprecie. Es el padre creador de la expresión “Chávez somos todos”, quizás razón por la que el gobierno no la utilizó más. Otro loco como Arturo, Guillermo su hijo, enarboló la bandera y lo mantiene vivo a punta de nada. Alguien deberá recoger la historia de este semanario, la de adentro y la de afuera, sus penurias desde que Arturo lo hacía a mano. A estas alturas debería ser patrimonio de Carabobo… ¡Son tan complejas las miserias humanas!...  Hace muchos años, yo chamo, asistí a una reunión en un campo, en un intento por reconstruir la izquierda mucho después de la derrota de la lucha armada. Allí conocí a Freddy Yépez, comecandela, ponderado, inteligente, formado. Es una muerte dolorosa, porque hombres como él siempre tienen cosas que decir…  Recomiendo el video La ciencia de los milagros, de Gregg Braden



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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