Los pitillos de la Revolución

Las revoluciones, así como toda obra y empeño humano, tienen pitillos que las absorben, que les chupan la savia y las secan, en su provecho personal, que los engorda a ellos, en detrimento del pueblo y del éxito del proceso de cambio. Sacar los pitillos de la Revolución Bolivariana, del proceso de construcción de un socialismo a la venezolana, es de urgencia e imperativo impostergable.


El pitillo o pajilla, también conocido como “popote” en México o “bombilla” en Argentina y Uruguay - esta última cuando se trata de beber mate - es definido por la Real Academia Española como un utensilio “para adsorber líquidos”, un tubillo hueco, generalmente de plástico o polietileno, para succionar, y que según el diccionario Wikipedia, también tiene el sentido de “obtener beneficio de forma ilícita o con engaño”, dándonos Wikipedia un ejemplo para su mejor comprensión, que resulta pedagógico y clarificador: “mientras su padre fue el Jefe, su entorno chupó todo lo que pudo”.


Hoy es tiempo de balance del resultado del referéndum que conoció la propuesta de reforma que el líder del proceso revolucionario sometió a decisión del soberano. Cuando vemos el revés e incomprensión de la propuesta de Chávez, se hacen análisis, se buscan culpables y razones que expliquen la decisión del pueblo. Digámoslo sin rodeos, sufrimos una derrota. Llamémosla por su nombre, derrota, porque lo primero que tenemos que hacer es reconocer que por ahora fracasamos en el propósito. El principal error hoy sería engañarnos, decir que no fue que perdimos, sino que no ganamos, como si no fueran la misma cosa; es un error justificarnos. No le demos vuelta, no le pongamos azúcar a lo que es amargo. Pasemos el trago grueso para retomar el camino de triunfo y avance, y acelerar - como lo exige la historia y propone el Presidente Chávez - el proceso socialista bolivariano.


Nos confiamos en el trabajo, nombre, arrastre y liderazgo de Chávez, sin que con eficiencia los cuadros de dirección del proceso se involucraran plenamente. En lo fundamental, y con honrosas excepciones, la revolución marcha con el binomio Chávez–pueblo. Muchos de los que podríamos llamar “de los nuestros” se han convertido en pitillos, en succionadores de beneficios personales y familiares, perjudicando al pueblo y a su líder conductor. Es frecuente encontrar revolucionarios que no estando en funciones burocráticas de gobierno, están comprometidos con el proceso, aportan más a la construcción del Socialismo del Siglo XXI que muchos que están en altos cargos de las funciones públicas municipal, nacional o regional, que dicen estar con el proceso pero, que con su administración, gestión y actuación demuestran lo contrario.


Confieso con dolor que son numerosos los funcionarios con altos cargos, a quienes no vemos casados y comulgando con el pueblo y sus vicisitudes, sino dedicados a enriquecerse groseramente, convirtiéndose en potentados, especie de nueva burguesía, alejada del propósito del Presidente, que no es otro que frenar la pobreza y exterminar la marginalidad, en camino al Socialismo que deseamos construir.


Una primera evaluación de lo ocurrido nos obliga a pensar que el proyecto de reforma debe ser retomado, para avanzar en los hombros del pueblo, bajo la conducción del Presidente Chávez en camino hacia el socialismo a la venezolana. Sin embargo, esto no es suficiente, debemos sacar los pitillos del proceso. Es el pueblo quien tiene derecho a los beneficios, y no quienes se abrogan su representación y como pajillas insaciables sorben, succionan, lamen los recursos y potencialidades que son de todos.


* Municipalista y luchador social


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César Dorta *

Luchador social y municipalista

 cesar.dorta62@gmail.com

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