Respuesta a la Canciller Holguin que pidió a Venezuela “rectifique” decreto de límites marítimos

¿Es Colombia el país hermano que predican nuestros políticos?

(tomado del Libro “El síndrome de la piñata en la idiosincrasia del venezolano” - por Jairo Larotta –publicado en 2014 por la editorial alemana Dictus Publishing   978-3-8473-8853-1 y con comentarios finales de de Carlos E. Lippo)



Desde muy temprana edad amo mi tierra, su suelo, sus paisajes, su clima, su gente, su historia rebosada de hazañas heroicas. Desde muy pequeño fui aficionado a la historia de nuestra patria, Venezuela. Me gustaba las narraciones de las grandes acciones que acometieron nuestros Libertadores para librarnos del yugo español. Recuerdo que en los años 50, en la escuela había un gran mapa de Venezuela donde se señalaban los límites y que teníamos que aprender de memoria. Por el Este Venezuela limitaba con la entonces llamada Guayana Británica, una colonia inglesa que hoy es Guyana, país soberano e independiente. Por el Sur teníamos al gigantesco Brasil, el cual nos decía nuestros maestros es el país más grande de América del Sur. Por el Norte Venezuela tenía al mar de las Antillas o Caribe y por el Oeste y parte del Sur al hermano país Colombia.

Estudiando ya bachillerato en el Liceo San José de Los Teques conocí de aquel célebre y abominable Laudo Arbitral de 1891 donde nos despojaron de la península de la Goajira y luego los despojos sucesivos de la frontera y del Alto Orinoco. En ese entonces no entendía muy bien lo ocurrido, porque había un gran contraste entre las grandes hazañas de los venezolanos de la época de las guerras de independencia y los otros venezolanos que permitieron esos despojos de nuestro territorio. No podía entender como los grandes hombres que lucharon por nuestra libertad y por la libertad de casi medio continente sin apropiarnos de las tierras liberadas, sus herederos otros venezolanos del siglo XIX no supieron defender la herencia que nuestros Libertadores nos dejaron.

Años después en los años 70 ya graduado de ingeniero civil, me puse a investigar la historia de las pérdidas sucesivas de nuestro territorio de lo que originalmente era Venezuela. Así en la Real Cédula del 8 de Septiembre de 1777 se declaró la separación del nuevo reino de Granada con su capital Santa Fe de Bogotá, de las provincias que constituían la Capitanía General de Venezuela. Allí la provincia de Maracaibo y por ende las autoridades de Venezuela tenían jurisdicción sobre el puerto de Bahía Honda, al lado del Cabo de la Vela. Con motivo de la separación de Venezuela de la Gran Colombia en 1830 se suscitaron diferencias para delimitar ambas naciones. El territorio de Venezuela tenía que ser el que conformaba la Gran Capitanía General de Venezuela creada el 8 de Septiembre de 1777, por Real Cédula del Rey Carlos III. Hubo varias negociaciones, las de Michelena Pombo en 1833, las negociaciones Toro Acosta en 1844, las negociaciones Guzmán- Murillo de 1870, las negociaciones Guzmán-Arosemena de 1880.

En 1881 se firmó el Tratado de arbitramento “Juris” ente Venezuela y Colombia donde se nombraba al Rey de España como árbitro para dilucidad las diferencias limítrofes entre ambas naciones. Con este tratado se nombró al Rey Alfonso XII de España como Juez y Árbitro para elaborar la línea limítrofe entre Colombia y Venezuela. Debido al fallecimiento súbito de Alfonso XII, se firmó el Acta de Declaración de Paris, que ratificaba el tratado de 1881 donde se había designado a España como Juez, pero por incompetencia de nuestros representantes aceptaron que España se convirtiera de Juez de Arbitrio en Arbitro Arbitrador. Allí Venezuela cedió a España la potestad de decidir a favor de Colombia, por la desidia y lo escuálida de nuestra representación, que no tenía dinero incluso para mantenerse. Entonces la Reina Regente de España María Cristina firmó el Laudo Arbitral del 16 de Marzo de 1891 haciendo el mayor despojo de territorio a Venezuela que se halla conocido. Así nuestro representante ante la reina regente, Rangel Garbiras, por su desidia e irresponsabilidad no defendió los intereses de Venezuela y el laudo arbitral de 1891 efectuó ese gran despojo de territorio nuestro para Colombia. Así lo testimonió Carlos Hahn en una carta dirigida en 1902 al general Cipriano Castro.

Posteriores a este Laudo de 1891 se firmaron varios tratados. El Tratado Unda-Suarez de 1894. El Tratado Silva-Holguin de 1895. El Pacto Convención de 1898 que reglamentó el Laudo de 1891 ratificado por ambas naciones en 1899. El Acta de Castilletes de 1900. Las negociaciones López Baralt-Diasgranados en 1904. Las negociaciones Urbaneja-Restrepo de 1907. Las negociaciones Rivas-Vasquez Cobo de 1909. En todas estas negociaciones se mencionaba la “hermandad” entre Venezuela y Colombia, pero con la habilidad de las representaciones de los colombianos siempre nosotros los venezolanos salimos perdiendo. Ante la vorágine terrófaga de nuestros vecinos, ellos insistían en seguir dilucidando nuevos límites, basándose en las imprecisiones de ubicación de los términos Mogote de los Frayles. Colombia, nuestros hermanos querían mas territorio. Pero ante la imprecisión de la frontera común del Laudo de 1891, y queriendo Colombia aclarar los límites de la Goajira para quedarse con ella, proponen someter al Presidente de la Confederación Helvética la reglamentación de dicho Laudo. Y en 1918 se celebra en Bogotá una Convención para tal fin. Así en 1928 se fijaron varios hitos en la Goajira, donde perdimos esa península. Los colombianos prosiguen en los intentos de definir la navegación entre los ríos de la frontera y se firma el Tratado de 1941 estando López Contreras al frente del gobierno venezolano.

En ocasión a la Ley de Mar Territorial, Plataforma Continental, Protección a la Pesca y Espacio Aéreo, promulgada en 1956 durante el gobierno del Gral. Marcos Pérez Jiménez, los colombianos ven la posibilidad de apropiarse del lecho marino de la Goajira, para incursionar en el Golfo de Venezuela. Entonces nuestros hermanos colombianos enfocan sus baterías diplomáticas para realizar reuniones, comisiones mixtas o lo que sea para definir la delimitación de aguas marinas y submarinas. Claro, el interés de Colombia era apropiarse del mar territorial del golfo de Venezuela rico en petróleo.

Los colombianos no contaron en un principio con la plataforma marina y submarina que generaban los islotes de Los Monjes que son venezolanos. Por otro lado la definición de Castilletes es bastante polémica. Ellos al principio decían que los islotes Los Monjes eran de Colombia. Pérez Jiménez cuando se enteró que habían incursionado los islotes, envió a la fuerza aérea venezolana a realizar prácticas de tiro en dichos islotes. El gobierno de Colombia se quejó alegando que podía masacrar a naturales que habitaban esos islotes. Venezuela les respondió que según las fuentes de censo y estadística de Venezuela, en dichos islotes de Los Monjes que son venezolanos, están deshabitados. Así concluyó ese intento colombiano por apropiarse de dichos islotes.

Posteriormente los colombianos alegaron el mar territorial que generaba sus costas da partir de Castilletes. Hábilmente Colombia otorgó concesiones petroleras en zonas que por su amplitud se introdujeron en el mar interior del Golfo de Venezuela. Esas concesiones se las otorgó en 1965 a las empresas norteamericanas Cities Service y United Fruit basándose en una línea media de una proposición colombiana llamada Línea Media de Boggs. Es vergonzoso saber que algunos prominentes venezolanos representaban esas empresas concesionarias. El primer gobierno de Rafael Caldera protestó esta aventura comercial que lesionaba nuestra soberanía. Se propusieron mapas de ambas partes, donde se dibujaban la plataforma continental y el mar territorial de cada nación, respetando la plataforma y mar territorial que generan Los Monjes como islas venezolanas. En 1969 se firmó el “modus operandi” para ambas delegaciones para delimitar áreas marinas y submarinas. En 1970 comenzaron las reuniones. A lo largo de ellas los colombianos insisten en que los islotes no son islas y por tanto no generan plataforma ni mar territorial. Los venezolanos alegan como es lógico lo contrario. Los colombianos al verse perdidos crean una nueva estrategia: dicen que el Golfo de Venezuela no es de Venezuela y lo llaman Golfo de Coquivacoa. En fin, los leguleyos de ambas partes prosiguieron sin resultados tal tarea.

Colombia propuso entonces llevar el litigio a la Corte Internacional de Justicia en La Haya. Venezuela no puede aceptar otro “arbitraje” porque está de por medio nuestra soberanía. Nuestra experiencia ha sido lamentable y por demás vergonzosa. El Contralmirante Ramiro Pérez Luciani publicó un libro que tituló: ¡Con Colombia ya basta! Donde explica con lujo de detalles todos y cada uno de los eventos narrados. Dice Pérez Luciani que el Laudo de 1891 está totalmente viciado. Dice que las comisiones mixtas demarcadoras de 1900 y 1901 cometieron una inmensa cantidad de errores en la fijación de los puntos. Dice que las decisiones del Laudo Suizo que se inició en 1918 fueron amañadas, y el Tratado de 1941 fue la ratificación del cúmulo de errores y entreguismo venezolano. Entonces propone: ¿Por qué no tratar de impugnar el Laudo de 1891 hasta todos los actos posteriores y comenzar de nuevo?

Hablamos en cuanto a las diferencias limítrofes donde Colombia ha llevado la mejor parte. Pero las relaciones con nuestros hermanos vecinos no solo se refieren a este punto. Tenemos que reconocer que nuestro primer socio comercial en la Venezuela actual es Colombia, después de los Estados Unidos de América. Ambos naciones tienen un intercambio comercial que nos hermana, donde hay beneficios para ambos países. Pero dentro de esa línea comercial ha habido como es natural criterios contrapuestos sobretodo en lo que a aranceles se refiere. Para mantener lo mas posible esos acuerdos arancelarios, ambos países tratan de mantener una misma relación cambiaria, vamos a decir dentro de una banda de oscilaciones que no perjudique a las partes. De esta manera cuando Venezuela devalúa el bolívar en relación al dólar de los EEUU, casi simultáneamente Colombia hace otro tanto para mantener un equilibrio en la balanza comercial con Venezuela.

Pero Colombia ha sufrido una guerra civil sostenida en los últimos 50 años, a raíz del asesinato del dirigente político Eliécer Gaitán. Este personaje descolló como candidato a la presidencia de Colombia, enfrentando la tradicional alternancia entre los partidos liberal y conservador. Gaitán era el Chávez colombiano para esa época. Su asesinato causó la furia de los grupos que lo apoyaban, en su mayoría opuestos a la fuerte oligarquía de familias que se habían gobernado a ese país desde tiempo inmemorial. La reacción no se hizo esperar. Surgieron movimientos armados tratando de derrocar a los gobiernos democráticos, y para ello se constituyeron en movimientos guerrilleros con diferentes nombres. Surgieron el M-19 o Movimiento 19 de Abril, las FARC o Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el ELN o Ejercito de Liberación Nacional, y otros mas. Esos movimientos guerrilleros subsistieron con el narcotráfico, con los secuestros, con la ayuda de movimientos guerrilleros cubano-comunistas que Cuba exportó en los años 60 al resto de Latinoamérica.

En Venezuela en esos años surgió también la guerrilla que fue eliminada durante el gobierno de Rómulo Betancourt, y posteriormente Rafael Caldera hizo una amnistía y pacificó al país con una política de indultos a los guerrilleros venezolanos presos de esa época. En cambio en Colombia, los gobiernos fustigaron y enfrentaron la guerrilla sin dar tregua. Esa guerra entre el gobierno y los irregulares se profundizó de tal manera que todavía hoy existe de manera crónica con episodios verdaderamente terroristas que diezman la población civil colombiana año tras año. Esa guerra civil, término que no aceptan los políticos colombianos, se ha tratado de frenar por diversos caminos, entre los cuales el diálogo entre el gobierno y los grupos guerrilleros se ha establecido sin éxito. Para ello Colombia ha contado con facilitadores internacionales entre los cuales ha figurado los gobiernos venezolanos especialmente el gobierno de Chávez.

La oposición venezolana al gobierno de Chávez ha encontrado eco en los grupos gobernantes de los presidentes Samper y Pastrana, y el ahora candidato electo Álvaro Uribe Vélez. Este eco se ha materializado a través de la prensa escrita y la TV pro-oficialista de Colombia, quienes han actuado en perfecta sintonía con sus símiles en Venezuela. A raíz del triunfo de Chávez en las elecciones de 1998, surgió un impasse motivado al libre tránsito de los camioneros colombianos por el territorio venezolano, para transportar mercancías del comercio binacional por las carreteras. Colombia nunca garantizó la vida y los bienes de los camioneros venezolanos al penetrar el territorio colombiano. Muchos de ellos fueron asesinados por esos grupos irregulares sin que el gobierno colombiano se hiciera responsable de esos delitos. Colombia simplemente se manifestaba en lamentar los infortunados asesinatos y despojos de los camiones y mercancías, pero no garantizaba las vidas de los venezolanos que incursionaran su territorio. Chávez ya presidente anunció la prohibición a los transportistas colombianos para circular por territorio venezolano, alegando la autoprohibición de nuestros camioneros a circular por las carreteras colombianas por falta de protección de sus autoridades. Este punto fue causa de notas de protestas y sanciones de Colombia a Venezuela, tratando de obligar a que nuestro país levantara esa medida. Como no lograron nada con esas amenazas acudieron al Tribunal Andino para que sancionaran a Venezuela. Chávez esgrimió simplemente que era una decisión soberana para salvaguardar las vidas de los venezolanos y esta postura triunfó.

Las relaciones entre Venezuela y Colombia presentan características muy propias y poco usuales entre los países de la región, debido a la gran diversidad de factores que las mismas involucran y por constituir su frontera una de las más extensas y activas del hemisferio (2.219 km.). Estas relaciones bilaterales abarcan, entre otros, aspectos muy importantes como son: la integración, el intercambio comercial, el desarrollo fronterizo, la seguridad, la cooperación judicial, la lucha contra el tráfico ilícito de drogas y delitos conexos, la problemática de la doble nacionalidad y la migración ilegal, entre otros.

Los dos países, en el Acta de San Pedro Alejandrino, del 6 de marzo de 1990, definieron los asuntos prioritarios de su relación bilateral: las Cuencas Hidrográficas y los Ríos Internacionales, la Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas, la Demarcación y Densificación de Hitos Fronterizos, las Migraciones, el Transporte Internacional, la Utilización de los Recursos Naturales Transfronterisos, el Tráfico de Estupefacientes, la Sustracción y Recuperación de Medios de Transporte, y la Cooperación y Asistencia Mutua en casos de Emergencia. De igual manera, definieron los Modus Operandi para su tratamiento y solución. Los primeros cuatro temas antes enumerados son competencia de la Comisión Presidencial Negociadora (CONEG) y los últimos de la Comisión Presidencial para Asuntos Fronterizos (COPAF); a ellos se suma una extensa gama de más de ochenta proyectos de desarrollo socio-económico en las áreas fronterizas que han sido identificados y desarrollados en el marco de las Comisiones de Asuntos Fronterizos. El tema de las Migraciones es tratado conjuntamente por las dos comisiones.

Ante un espectro de acción tan amplio en el que convergen intereses comunes y contrapuestos, ambos Estados ratificaron, en el Acta de la Casa Amarilla (1994), en la Declaración de Miraflores (1994), en la Declaración de Mérida (1995), y el la Declaración del Táchira (1999) mantener la negociación directa y el enfoque de la globalidad como principios básicos que orientan las negociaciones y la interacción bilateral, permitiendo un tratamiento especial de todos los temas surgidos en esta relación de vecindad, bajo el clima de distensión y de confianza necesario para solventar cualquier situación.

Ambos Gobiernos, conscientes de la existencia de una vecindad perpetua, mantienen la firme voluntad política de buscar soluciones a los problemas que a diario se presentan. Esta voluntad se ve cada vez más fortalecida por el intenso proceso de cooperación e integración que desarrollan. Reconocen, asimismo, la necesidad de resolver los incidentes fronterizos en el marco del diálogo y de los mecanismos bilaterales existentes.

La prioridad en las relaciones entre Venezuela y Colombia, dentro del marco de nuestra política internacional, se manifiesta en los encuentros de Presidentes, de Cancilleres, Vicecancilleres y titulares de los respectivos ministerios, adelantando acciones para la búsqueda de soluciones. No obstante, no se puede obviar que estas relaciones se ven perturbadas por la persistencia de fenómenos de violencia como actos terroristas, secuestros, extorsión, tráfico ilícito de drogas, violación de los derechos humanos, subversión y delincuencia común, provenientes del territorio colombiano.

Como Colombia ha sido exportador masivo de narcóticos de distintos tipos a los EEUU y ese ha sido una fuente de ingresos importante, el gobierno de George W. Bush propuso el Plan Colombia, para erradicar las siembras de coca y marihuana del territorio colombiano. Para ello destinó grandes capitales, cerca de siete millardos de dólares, para dotar a las fuerzas armadas colombianas de equipos de guerra tales como helicópteros artillados, municiones, radares, armas de asalto, logística, que representan el 80% de ese dinero. El fin era destruir los sembradíos de drogas. Pero en realidad ese armamento creó un desequilibrio bélico en la región que causó y sigue ocasionando preocupación en los países limítrofes donde pueden llegar los desplazados por la guerra civil interna de Colombia. Venezuela ha colaborado como dijimos, como facilitadores, pero nosotros los venezolanos estamos sufriendo el impacto del Plan Colombia, al recibir desplazados civiles que huyen de las matanzas que los grupos insurgentes realizan con frecuencia en las cercanías de la frontera. Lo mismo ha ocurrido con Ecuador, Perú y Brasil, también países limítrofes con Colombia.

Venezuela para proteger sus fronteras ha destacado mas de 20,000 hombres a lo largo de los mas de 2,000 kilómetros de la línea limítrofe con Colombia, mediante tres Teatros de Operaciones de la Fuerza Armada Nacional en sus cuatro componentes: aviación, ejército, marina y guardia nacional. Mientras tanto Colombia tiene menos del 10% de este contingente protegiendo sus fronteras con Venezuela, aunque sus diplomáticos aseguran lo contrario. Los grandes costos que esto significa para el gobierno venezolano no encuentran reciprocidad por parte del gobierno de Colombia. Las pérdidas que nos ha ocasionado Colombia nunca han sido pagadas por ellos. Entre esas pérdidas podemos mencionar el robo y hurto de automóviles venezolanos desplazados hacia Colombia; los frecuentes derrames petroleros en los ríos colombianos por voladuras de la guerrilla, que desembocan en el Lago de Maracaibo; los secuestros de ganaderos venezolanos, siete diarios, y los cobro e “vacunas” a los hacendados venezolanos donde grupos irregulares colombianos violan nuestra soberanía y penetran en nuestro territorio. Colombia no ha pagado un solo centavo de dólar por estos daños, como tampoco colabora para evitarlos. Colombia no ha devuelto un solo vehículo de las decenas de miles sustraídos por delincuentes y llevados ilegalmente a Colombia. Mientras tanto sus representantes diplomáticos invocan la hermandad y solidaridad de ambos pueblos, para lograr su beneficio sin dar la contraparte justa y equitativa.

Recientemente grupos paramilitares colombianos han incursionado en territorio venezolano para entrenar a civiles venezolanos para protegerse de las invasiones de tierras. Esta incursión ha sido denunciada al nivel diplomático y nuestra Fuerza Armada está haciéndole frente a esos grupos de irregulares que quieren trasladarse a nuestro país huyendo del acoso que le hace las Fuerzas Armadas Colombianas con el apoyo de los EEUU. Los paramilitares colombianos están actuando en Venezuela para cobrar vacunas”, secuestros, traslados de grandes cantidades de cocaína para hacerlas llegar a Europa y EEUU. Las autoridades venezolanas han hecho grandes decomisos y están actuando en perfecta coordinación con las autoridades españolas y norteamericanas, además de las autoridades colombianas. Hace unos días hicieron un decomiso de 225 kilos de cocaína pura en el aeropuerto de Maiquetía, donde iban a salir para España. Detuvieron a 18 personas en Venezuela y a tres en España. Todavía en Colombia no hay detenidos pero los están ubicando. Nuestro país se negó a permitir que aviones norteamericanos cruzaran nuestro espacio aéreo para enfrentar la guerrilla y esto causó molestias a Washington. Pero Venezuela ha hecho decomisos de enormes cantidades de droga que han sido enviadas a Venezuela como tránsito para EEUU y Europa, sus mercados tradicionales. Como premio a este esfuerzo venezolano, EEUU no incluyó a Venezuela en las preferencias arancelarias para los países que luchan contra el narcotráfico. Como se ve, nos pasaron la factura por no permitirles el paso de aviones norteamericanos por nuestro espacio aéreo. Colombia ha explotado hábilmente su posición pro-norteamericana, desacreditándonos con el supuesto apoyo del gobierno de Chávez a la guerrilla colombiana, cuando ha sido todo lo contrario. Mientras ambos gobiernos invocan la hermandad y solidaridad entre ambos países.

Como podemos observar el lenguaje de los políticos es diplomático, o sea disfraza con palabras bonitas esta horrible realidad. No hemos contado con el hermano país como tal. Todo lo contrario, nos ha quitado territorio en lo posible, nos extrae la gasolina de contrabando, los vehículos hurtados o robados en Venezuela los han usado descaradamente las Fuerzas Armadas colombianas, nos secuestran ganaderos, nos contaminan las aguas, nos exportan su guerra civil y todavía aluden e invocan la hermandad de origen histórico, porque nuestros Libertadores le dieron independencia a ese país hace mas de 150 años. Pero ahora, en nuestra lucha por la independencia económica no hacen nada para mejorar nuestras relaciones y lograr juntos lo que hicieron esos grandes hombres en la gesta de independencia.

Nuestros políticos hablan de la hermandad con nuestros vecinos, pero no queremos ser los “Abeles” y ellos los “Caínes” de la historia bíblica. Queremos que en este mundo que tiende a globalizarce, los colombianos entiendan que la verdadera unión supone sacrificios también de parte de ellos. Nosotros queremos a los colombianos. Ellos son parte de nuestro pueblo. Hay más de tres millones de colombianos viviendo en Venezuela y son gente muy trabajadora. Pero no queremos que nos tomen por tontos o ingenuos, y nos manipulen como niños para sus egoístas intereses. Allá en Colombia existe una añeja oligarquía que ha gobernado a Colombia por muchas décadas. Son familias con gran poder político y económico que su perennidad en los gobiernos ha hecho el surgir de alternativas violentas a través de la guerrilla y los paramilitares. El narcotráfico ha sido lo que ha abonado estos movimientos.

Pero cabe la pregunta: ¿por qué el narcotráfico se ha establecido en ese país desde hace muchas décadas sin que exista una efectiva acción para eliminarlo por parte de los gobiernos colombianos? Colombia es unos de los grandes productores de droga de todo el mundo y sus principales mercados están en EEUU y Europa. Los EEUU crearon la figura de la certificación de los países que luchen contra el narcotráfico, castigando con aranceles mas altos a los países que no sean certificados por ellos. Esta política no ha dado resultado. Nosotros nos preguntamos por qué los EEUU no persiguen a las grandes mafias de narcotraficantes que operan en su país? Esas mafias han penetrado a todos los sectores políticos, económicos, policiales, artísticos y educativos. ¿Será por eso que ellos no se “auto descertifican” en sus vanos esfuerzos por reducir a los compradores, y solo se dedican a reducir solo la producción? ¿No saben ellos que a menor oferta los precios suben y eso beneficia a esas grandes mafias? Por otro lado los ingresos no legales de dinero que le entran por la droga compiten por sus grandes cantidades con los otros rubros legales que ese país exporta.

En cualquiera de los casos mencionados los problemas de Colombia nos afectan mucho a los venezolanos, y no solo en estos últimos años. El plan Colombia financiado por EEUU no ha tenido éxito en destruir esos movimientos guerrilleros y el narcotráfico. El plan Colombia a sustentado al gobierno que estuvo a punto de ser engullido por los ataques terroristas de los grupos irregulares. El plan Colombia ha desplazado el narcotráfico a las naciones vecinas, agregando los males que lo acompañan. Pero el plan Colombia no ha sufragado las inmensas pérdidas económicas y de vidas que ocasiona a los países vecinos. El presidente Chávez alertó hace dos años que el plan Colombia podía incrementar la guerra civil que vive Colombia y convertirse en un Vietnam en Sudamérica.

Los sectores conservadores de Colombia afrentan las políticas de Chávez, y han utilizado los medios de comunicación para acusar a Venezuela de ser cómplices de la guerrilla. Esas mentiras han sido denunciadas y probadas por Chávez en su programa semanal Aló Presidente. Por otro lado la oposición a Chávez en Venezuela, por convenirles esas mentiras que lanzan los medios colombianos, ha aprovechado estos hechos para atacar al gobierno. Esos ataques han sido en la proporción de 90% de los medios radio eléctricos nacionales en mano de la oposición y el 10% de esos medios en un solo canal televisivo y una radio nacional oficial. Esperamos que los venezolanos rescatemos nuestro verdadero nacionalismo y nos unamos para defender a nuestro país, como lo hacen los demás países involucrados. Debemos a aprender a separar la política internacional de Venezuela de la diatriba política interna. No debemos aprovecharnos de las agresiones de países externos al nuestro para oponer al gobierno que tenemos, tal y como se hizo patente en los acontecimientos del 11 de Abril de 2002, cuando la oposición dio un golpe militar que derrocó al presidente Chávez por pocas horas. Debemos aceptar las reglas de juego que nos impone nuestra Carta Magna y separar la política internacional de nuestro país de esos hechos. Esto se hizo patético cuando el golpista y reo de la justicia venezolana Pedro Carmona Estanga huyó de su casa donde estaba detenido mientras se le seguía juicio por rebelión, para refugiarse en la embajada de Colombia en Caracas. Pidió el asilo y fue concedido por el gobierno de Bogotá. Carmona Estanga estuvo unos días en Bogotá y luego entró como turista a los EEUU. Posteriormente EEUU se revindicó con Venezuela revocándole la visa a Carmona. Recordamos cuando Chávez siendo candidato quiso entrar a EEUU y le fue negada la visa por golpista. Solo a principios de Septiembre de 2002, EEUU reconoció su error y suspendió la visa de Carmona Estanga.

Finalmente deseamos convocar a nuestros vecinos colombianos a no seguir atacando nuestro territorio, a nuestras gentes, a nuestra soberanía. Nosotros hemos demostrado que con todos los países del mundo mantenemos relaciones con digno respeto a las soberanías de esos países. En reciprocidad exigimos que se nos respete la libre decisión que hemos tenido para redactar una Constitución con plena participación de todos los sectores y con aprobación de la mayoría de los venezolanos. En reciprocidad exigimos que nos respeten al gobierno que elegimos democráticamente, como lo hemos hecho en los últimos casi 50 años. En reciprocidad exigimos que no prosigan con los intentos de quitarnos territorio a cuenta de habilidades diplomáticas y complicidades con otros países externos al hemisferio, tal y como ha sucedido. En reciprocidad exigimos respeto por nuestra patria. Venezuela es un caso excepcional que luchó fuera de nuestro país para dar independencia a muchos países y nunca exigimos nada a cambio.

Sobre la base de la política de buena vecindad, Venezuela ha realizado especiales esfuerzos para mantener cordiales y estrechas relaciones con los países limítrofes. En el caso específico de Colombia, la política exterior de Venezuela se basa en los siguientes principios: i)-Fortalecer las relaciones de cooperación, seguridad fronteriza e integración económica; ii)-Incentivar las iniciativas dirigidas a fortalecer los vínculos políticos, económicos, comerciales, culturales y sociales; iii)-Manejar los asuntos bilaterales con una estrategia de globalidad en la cual todos los temas se desarrollen de una manera armónica y equilibrada; iv)-Mantener el diálogo bilateral y la negociación directa como mecanismos para dirimir las diferencias que se presenten en la dinámica de las relaciones mutuas; v)-Lograr un clima apropiado de seguridad en las zonas fronterizas, a fin de que se den las condiciones necesarias para adelantar programas de desarrollo, que son, a su vez, la base de la auténtica seguridad e integración fronteriza; vi)-Neutralizar, de manera coordinada, las presiones que atentan contra el orden público y la estabilidad de las zonas fronterizas, especialmente las ejercidas por los grupos de irregulares colombianos, el narcotráfico y la delincuencia organizada; vii)-Promover mecanismos efectivos que resuelvan la problemática planteada por ciudadanos colombianos en territorio venezolano, en especial la migración ilegal, el robo de vehículos, el contrabando de extracción de minerales, la delincuencia común y los secuestros, por citar sólo algunos de los aspectos de la dinámica del movimiento poblacional masivo de colombianos en nuestro territorio; viii)-Estimular los esfuerzos hechos por la Comisión Presidencial para la Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas y otros temas, en busca de soluciones a aquellos problemas de orden territorial que han sido inventariados de común acuerdo ; ix)-Respaldar y apoyar el trabajo adelantado por las Comisiones Presidenciales de Integración y Asuntos Fronterizos, en la búsqueda de iniciativas y programas que estimulen el desarrollo socioeconómico de las zonas fronterizas de los dos países.

Sobre esta base política ha comenzado a reactivarse las inversiones cruzadas entre ambos países. Recientemente se firmó un acuerdo cruzado para la producción, explotación, industrialización y comercialización del ganado caprino. Colombia invierte en nuestro país. Creemos que con voluntad y trabajo conjunto lograremos grandes beneficios para ambas naciones. Lo más importante en estos momentos es que Colombia logre concertar la paz interna. El cese a esa guerra civil colombiana podría mejorar nuestras relaciones como en efecto lo ha hecho. Venezuela aboga al igual que muchos otros países por la paz en Colombia. Tenemos que alertar que el plan Colombia auspiciado y financiado por los EEUU, respalda los intereses de la oligarquía colombiana que ha demostrado oposición al gobierno venezolano y a su Constitución.

El plan Colombia tiene otros fines ocultos como es preservar la producción petrolera colombiana frente a las agresiones de la guerrilla. El petróleo venezolano está en la mira de Colombia y los EEUU. Pero también el plan Colombia pretende soterradamente dar apoyo militar a una invasión a Venezuela, con la falsa excusa de que Venezuela apoya la guerrilla colombiana dándole cobertura en Venezuela. Estas falsedades han sido demostradas públicamente por el ejército venezolano con respuestas contundentes dadas a través de los dos teatros de operaciones que Venezuela tiene destacados en la frontera. Venezuela dispone de más de 20,000 hombres equipados adecuadamente para hacer frente a esas incursiones que la guerrilla y los paramilitares han hecho. Mientras tanto el gobierno Colombiano nada hace por cubrir con su ejército esas fronteras del lado de su país. Venezuela ha reclamado muchas veces esto, tanto a nivel diplomático como a nivel militar y a nivel político, pero no ha obtenido respuestas con hechos, solo palabras.

Por estas razones invocamos la cordura y colaboración del gobierno colombiano en tal sentido. Nosotros los venezolanos queremos la paz de Colombia. Queremos que cese esa guerra civil que aqueja a ese país desde hace medio siglo. Pero nosotros no podemos intervenir en los asuntos internos de Colombia, y no permitiremos que con manipulaciones mediáticas intervengan en nuestro país. Nosotros respetamos la soberanía Colombiana como hemos demostrado hasta la saciedad y exigiremos firmemente que respeten la soberanía de Venezuela en nuestro territorio. Solo así se demostrará la tan citada y evocada hermandad y fraternidad de ambos pueblos y gobiernos.

 

Agregamos a este escrito el monto en dinero del contrabando de extracción de Venezuela a Colombia.  Venezuela dio en 2014 más de 31,5 millardos de dólares.  ¿Acaso Venezuela puede ahora seguir manteniendo a Colombia con la reducción de los ingresos y el tremendo contrabando de extracción de comida y otros productos que escasean hoy en la dieta del venezolano?

 

Carlos E. Lippo dice al respecto: Urge la aplicación de políticas efectivas y diferenciadas a los colombianos que viven entre nosotros.

1         Hace apenas tres meses el Presidente Maduro estimaba en más de 5 millones la cantidad de ciudadanos de Colombia que viven entre nosotros, de los cuales unos 800.000 habrían ingresado al país durante los últimos 9 años, lo cual significa un promedio aproximado de 7.400 inmigrantes por mes. Sin embargo en lo que va de su gobierno y aun en medio de las dificultades que estamos pasando, este promedio ha aumentado considerablemente, situándose en 15.750 inmigrantes por mes en el año 2.013 y en 12.000 inmigrantes por mes durante el año 2.014 y el mes de enero de 2.015

2         Como el número de refugiados internos existentes actualmente en Colombia es del orden de los 5 millones, es de esperarse que este promedio aumente si no se implantan las medidas necesarias para atenuar ese éxodo. Pocos días más tarde el Camarada Diosdado Cabello precisaba un poco esta misma cifra total al decir que mas de 5 millones 600 mil colombianos residen en nuestro país, al mismo tiempo que sobre el mismo tema añadía que: “Es mayor la cifra de colombianos que se han venido a Venezuela en los últimos 10 años que la de inmigrantes que se han ido de África a Europa, o la que se ha ido de Centro América hacia los EEUU, se supone que en el mismo lapso (2). En lo personal, tal como he venido señalando en artículos anteriores, con base en declaraciones de funcionarios consulares y políticos colombianos, considero que han migrado a Venezuela más de 7 millones y medio de colombianos, cifra que se acerca a una señalada por El Defensor del Pueblo, al decir que: Venezuela es el país, según UNASUR, que mayor acogida ha dado a ciudadanos colombianos, puesto que cerca de 10 millones de colombianos tienen acceso a la vivienda, alimentación y viven en condiciones iguales a los venezolanos”.

3         En la misma ocasión Tarek William Saab indicó que de las 700 mil viviendas entregadas a través de la Misión Vivienda Venezuela, el 25% han sido otorgadas a colombianos.

4         De ser ciertas las estimaciones de UNASUR antes señaladas, un 32,89 % de nuestra población actual de 30,4 millones de habitantes, casi 1 de cada 3 personas residentes en Venezuela sería de nacionalidad colombiana, lo cual es más que suficiente para configurar una situación potencialmente explosiva, aun cuando se tratase de ángeles caídos del cielo, que no es precisamente el caso. Así lo alertaba ya a finales del año 2.012 Bruno Renaud, sacerdote de Petare, quien a la sazón contaba con 72 años de edad, con 45 de ellos viviendo en los barrios más pobres al decir, palabras más palabras menos: los sociólogos europeos han notado que cuando en un país determinado, la ola de inmigrantes alcanza el 7% de la población receptora, ésta tiene la impresión desagradable de una invasión, y que cuando la cifra de inmigrantes sube por encima de esa cantidad, se multiplican los reflejos de hostilidad y xenofobia.  Y eso que la cantidad de colombianos que vivían entre nosotros para esos años se estimaba cercana a los 5 millones, lo que representaba cerca de un 17% de la población, o lo que es lo mismo, se estimaba que 1 de cada 6 habitantes del país eran colombianos. 

5         Lo único que a mi juicio tienen en común los integrantes de este inmenso grupo poblacional, aparte de su origen es, en primer lugar el “no hablar mal” de su país delante de extranjeros, a diferencia de una gran mayoría de nosotros los venezolanos que hacemos de esto el verdadero deporte nacional y en segundo lugar su absoluta falta de disposición a integrarse. El primero de estos supuestos es de muy fácil comprobación por vía de los muchos o pocos amigos o conocidos colombianos que pueda tener cada lector. Haga memoria y podrá comprobar que aunque la mayoría de ellos fueron aventados de su país a causa de políticas antipopulares, entreguistas y genocidas de todos sus gobiernos burgueses del siglo XX y lo poco que ha transcurrido del siglo XXI, jamás les habrá oído proferir una queja sobre ellos y menos aún sobre su país. El segundo de los supuestos queda plenamente demostrado por unas declaraciones de Juan Carlos Tanus, dirigente de “Colombianos y Colombianas por Venezuela”, referidas por el Padre Renaud en el mismo artículo citado en el párrafo anterior, en las que sostiene que: 9 de cada 10 colombianos no participan en ninguna organización comunitaria en Venezuela, siendo esto un grave error ya que si el hermano colombiano quiere evitar a cierto plazo la hostilidad del venezolano nativo, tiene que aprender a agradecer y acercarse con toda su auténtica cultura nacional al hermano venezolano.. Lo más triste es que esta falta de integración se ha dado a pesar del esfuerzo sostenido del Comandante Chávez por legalizar a la gran masa de indocumentados que vivían en el país desde la cuarta república y por otorgar la nacionalidad venezolana a todos aquellos que lo solicitasen y cumpliesen los requisitos de ley. ¡Mayor desagradecimiento, Imposible!

6         En verdad quiero creer, y así podría ser, que la gran mayoría de los inmigrantes colombianos son personas de trabajo, con familia traída o constituida aquí y con una ocupación útil. Sin embargo, sobran las pruebas, a pesar de que los sucesivos gobiernos colombianos se empeñen en negarlo, de que al lado de estas pacíficas personas se encuentra una cantidad no desestimable de antisociales y delincuentes comunes, así como de numerosos exponentes de esa “especie autóctona colombiana”, sin paralelo con ninguna otra conocida, por su crueldad y vesania, que es el “paraco”, dándose además el lamentable caso de que hijos de colombianos nacidos aquí y colombianos que detentan la doble nacionalidad, gracias a Chavez y a la Constitución del 99, sean paramilitares activos. En prueba de ello podemos citar el caso de asesino convicto de Robert Serra, (a) “El Colombia” , cuya extradición aún no materializada, fue decidida precisamente a partir de que en su condición de venezolano no se le podía otorgar asilo político, según señalamiento de la inefable María Angel Holguín (5), así como el hecho de que según nuestro ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, portaban doble cedulación todos los miembros de la banda paramilitar “Gamma”, recientemente desarticulada en el Estado Miranda.

7         Un hecho fuera de toda duda, por más que las más altas autoridades colombianas se empeñen en negarlo es que la presencia de bandas paramilitares en nuestro territorio ha ido en aumento desde el inicio de sus actividades (finca Daktari, en 2.004) y la falsa desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el 2.007, hasta nuestros días; la presencia casi cotidiana del tema en los medios de la revolución y hasta en algunos medios privados me libera de la necesidad de tener que documentarlo. De igual forma, al menos en lo que va de año, no pasan mas de tres días sin que sea reseñada una acción paramilitar en los Estados de la frontera Occidental y en el Estado Miranda, con el agravante que ya comienza a manifestarse una activa presencia de esa “escoria humana” en Lara, Carabobo, Aragua y Anzoategui, así como en zonas densamente pobladas del Oeste del Municipio Libertador de Caracas. Afortunadamente los mismos medios también reseñan las exitosas actuaciones de nuestros cuerpos de seguridad en contra de este flagelo, aunque al parecer a la hora de juzgarlos y condenarlos se producen grandes retrasos e interferencias que promueven su impunidad. Desafortunadamente la magnanimidad del Comandante Chávez al sobreseer la causa de quienes tenían por tarea matarlo en el año 2.004, cuando estaban siendo juzgados en los tribunales militares parece haber sentado un terrible precedente que continúa actuando como estimulante de la acción paramilitar. Considero que otra cosa hubiera sido, si al menos los cabecillas de aquella tropa de magnicidas frustrados hubiesen pagado algún tipo de condena en el país, por corta que ella hubiera sido

8         No es algo nuevo la relación de conspicuos líderes de la derecha fascista venezolana con los elementos paramilitares, como la ha venido planteando insistentemente el Presidente Maduro desde hace varios días; en efecto, ya desde el año 2.012 se tiene conocimiento de un informe de la “Corporación Nuevo Arcoiris” (8), de Colombia, que revela que existe complicidad de dirigentes políticos de la oposición venezolana que hacen vida en los estados fronterizos con la nación neogranadina, quienes estarían permitiendo que grupos paramilitares y del narcotráfico estén generando violencia permanente, e instalándose en toda la región fronteriza para generar caos y desestabilización. Con lo pantalleros que son, personajillos de la ralea de Leopoldo López, Enrique Capriles, María Machado y Lorent Saleh,se han sentido supremamente importantes divulgando fotografía de ellos después de celebrar reuniones conspirativas con el gran capo paramilitar Alvaro Uribe Velez. también reseñadas por el mismo informe. Considero, tal como plantee en un artículo anterior, que las solas declaraciones de estos fascistas, divulgando los temas tratados en esas reuniones, son suficientes para imputarles el delito de traición a la patria, según varias causales. ¡Reitero mi exhortación al Ministerio Público a proceder a imputarlos y al Poder Judicial a actuar con diligencia tan pronto se produzcan las imputaciones!

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10      Con la intención de hacer algún aporte a la formulación de las necesarias políticas a las que se refiere el título de este artículo, señalaré a continuación algunas medidas que juzgo pertinentes:

-        Restablecimiento del requisito de la Visa, eliminado en el 2.011, para el ingreso de naturales de Colombia al territorio nacional. Si esta medida no reduce apreciablemente el promedio de mensual de migrantes en los primeros 3 meses, establecer el cierre de la frontera terrestre, como he propuesto en numerosos artículos anteriores.

-        Deportación inmediata de todo ciudadano Colombiano, que no posea o le haya expirado la Visa de Turista, así como también cualquier documentación requerida por la ley.

-        Deportación inmediata de cualquier ciudadano mayor de edad que aun poseyendo documentos de identidad no pueda acreditar el haber desempeñado un empleo productivo en los últimos 90 días.

-        Pase a la jurisdicción militar de cualquier extranjero que sea aprehendido portando armas letales, con motivo de su participación en acciones desestabilizadoras (guarimbas, bachaqueo, etc.).

-        Partiendo de que probabilísticamente debe estar viviendo entre nosotros una cantidad importante de colombianos que simpaticen con nuestra revolución o que al menos entiendan que una supuestamente negada derrota de la misma, les afectaría tanto o más que a nosotros, por más que sus líderes negativos les puedan decir lo contrario, promover acciones tendientes a su vinculación a alguna instancia organizativa de carácter comunal que eventualmente pueda operar en defensa de nuestra revolución.

 

No podría concluir estas notas sin antes señalar que considero que la política de los gobiernos colombianos hacia Venezuela, por más “simpatía” que aparenten mostrarnos, siempre ha estado signada por lo que estimo como una verdadera doctrina del ultraconservador político colombiano Laureano Gómez quien fuese Presidente de la República Colombiana entre los años 1.950-51, que paso a resumir a continuación: Si un país se presenta en todo momento dispuesto a ceder, listo a entregarse; si no tiene más tesis que la conciliación a todo trance; si no tiene más palabras que la fraternidad, aún cuando haya recibido los mayores agravios, ese país está destinado a desaparecer a espaldas del derecho internacional.

 

Conclusión al gobierno venezolano: Debemos cerrar la frontera con Colombia por lo menos por 6 meses y controlar los inmigrantes ilegales deportándolos al mejor estilo de cualquier país soberano que cuida a sus nacionales. No es chauvinismo, es patriotismo. Chavez lo hizo.  Hoy es urgente si los venezolanos queremos comer. Mientras tanto instaurar la venta el petróleo en Bs.Oro, revaluando Bs.2 por día durante 97 días y hacer el cambio de moneda oficial: el Bolivar-Oro.  El Cambio quedaría: 1,00 Bs.Oro = 1/10 oz troy = US$ 118,00 = Bs.F. 743,40  

Nacería Bolivar-Oro Today en la Bolsa de Caracas, flotando respecto al oro negro y oro dorado, con cambio libre a otras divisas.

 



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Jairo Larotta

Ingeniero Civil UCV 1970, Magister Scientiarum Ingeniería Sismo Resistente IMME-UCV 1976, postgrado en UNAM Mexico, UC Berkeley (1974-77). Amplia experiencia en dirección, gerencia en empresas de ingeniería en el área petrolera e industrial. Consultor y asesor de 11 empresas privadas y asesor de Ministerio de la Vivienda y Ministerio del Ambiente (1988-2014), patólogo de estructuras (2005-actual). Construcción de edificios residenciales, centros comerciales, estaciones de metro, naves industriales (1979-86). Secretario Ejecutivo de FUNVISIS (1975-79). Once publicaciones científicas en congresos nacionales y mundiales sobre ingeniería sísmica (1972-77). Más de 120 artículos en Venezuela y exterior sobre monetarismo y macroeconomía (2003-actual). Orador en conferencias, foros, entrevistas por radio y TV sobre macroeconomía geoestratégica, creador del bolivar oro divisa y criptodivisa oficial asociada para venta de hidrocarburos, productos no petroleros, compra de bienes y servicios foráneos (2005-actual). Libros publicados: coautor de "Cien años de compañía", Editorial Don Bosco, Caracas 2006; autor de "El síndrome de la piñata en la idiosincrasia del venezolano", Editorial Dictus Publishing, Saarbüken, Deutschland (2014) ISBN- 978-3-8473-8853-1

 jairolarottas@gmail.com

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