Energía y la guerra imperial

El plan Colombia, el plan Patriota, y ahora la política de Seguridad Democrática, así como también el traslado del Comando Sur de Panamá a Colombia y la instalación de las 7 bases norteamericanas en ese país, no es otra cosa que, establecer mecanismos para ejercer una vigilancia mas directa a través de Colombia (Estado Libre Asociado de hecho a los EEUU) aunado a la búsqueda de la cooperación de la OTAN, que busca mediante estrategias la obtención de los recursos energéticos fósiles e hídricos de la región a mandato del imperio, así como también vigilar los procesos políticos de transformación social en Sudamérica, los cuales ponen en peligro para el imperio el abastecimiento seguro de los recursos energéticos. Vale decir también, que Venezuela está en la mira de la estrategia global del control energético, se está aplicando a nuestro país el mismo guión implementado en Latinoamérica “El Golpe Lento”, creando las matrices negativas planteadas a nuestro país como amenaza y preparando las condiciones que justifiquen la intervención militar o golpe de Estado.

Los mecanismos de vigilancia, espionaje, boicot, infiltración y posibles avanzadas militares, por parte de EEUU y por intermediación de Colombia, no tiene otro objeto que crear las condiciones objetivas para la guerra, la cual, justificaría una ocupación, con miras a desmontar los procesos políticos en curso y hacerse de los recursos energéticos e hídricos para que ellos puedan mantenerse como imperio. Por eso el ataque a la Revolución Bolivariana en Venezuela, a las fuerzas revolucionarias e insurgentes colombianas, a la revolución ciudadana en Ecuador y a la revolución democrática de Bolivia,(esta ultima atacando su líder por países de la Unión Europea al no suministrarle combustible a su avión el cual estuvo en peligro, además de la violación de su soberanía) países con posiciones abiertamente antiimperialistas, con un concepto bolivariano de la soberanía, con políticas independientes en materia energética, social, tecnológica, educativas y militar, para crear la patria grande de Bolívar impulsando nuevos polos de poder político, ser el contrapeso para equilibrar el mundo y así marchar hacia la derrota del imperio y sus políticas devastadoras que atentan contra los derechos humanos, contra el ambiente, contra las libertades de los pueblos. Es por eso que la primera fase de la guerra de IV generación por parte del imperio norteamericano ha continuado, a través de su aliado incondicional como lo es el Gobierno Colombiano, con constantes ataques mediáticos, descalificando la revolución bolivariana, realizando acusasiones ante organismos internacionales, generando una matriz de opinión internacional en contra de Venezuela y sus aliados; para producir una posible intervención por parte de los Estados Unidos, truncando así el proceso de revolución y tomando el control directo de los recursos energéticos, la apropiación del Golfo de Venezuela, el cual se estima que contiene grandes yacimientos de gas y petróleo.

Las afirmaciones anteriores indican que el conflicto que quiere generar el imperio huele a petróleo, huele a gas, a agua y demás recursos naturales. Así como sucedió con el nefasto tratado limítrofe de 1941 cuando Estados Unidos y el Gobierno Colombiano para el momento, en alianza, despojaron de la zona este del Río de Oro a Venezuela, territorio rico en petróleo, además de violar la soberanía nacional, permitiendo el libre transito y navegabilidad de los ríos venezolanos por parte de Colombia, lo cual le permitía a las compañías petroleras, la salida del crudo hacia el Caribe y el Atlántico. Vale decir, que estos acuerdos se firman bajo presión y amenaza de invadir a Venezuela, dado que Eleazar López Contreras, tuvo un manejo del tema petrolero un tanto menos favorable para EEUU, además de que ya estaba por finalizar su período y quien tenia mas opción a sustituirlo era el General Isaías Medina Angarita, quien venía con posiciones mas nacionalistas, por otra parte, un grupo mayoritario del congreso nacional asumieron posturas antinacionalistas aprobando dicho tratado. Esto indica que no es la primera vez que los recursos venezolanos y nuestra soberanía se encuentran bajo amenaza. Para el imperio, la revolución bolivariana, la patria grande, y la soberanía en el manejo de nuestros recursos energéticos constituyen una amenaza para su política de expansión y dominio del mundo.

Subrayando las palabras del Comandante Chávez “La soberanía no se discute, se defiende”. Ahora más que nunca, pueblo en armas y Fuerza Armada Nacional Bolivariana, debemos estar más unidos. En esta coyuntura histórica, no podemos tolerar a los apatridas, a los antinacionalistas. Nos debe guiar el pensamiento por la creación de una nueva sociedad, de paz, de justicia social, de independencia y de libre determinación de los pueblos.


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Nelson Sánchez


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