Desapariciones forzadas y la complicidad internacional que oculta responsabilidades

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

Strategic Culture Foundation 

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En el Día Internacional del Desaparecido…

https://www.un.org/en/observances/victims-enforced-disappearance

los países alrededor del mundo recuerdan sus datos estadísticos respecto de las personas desaparecidas, mientras que a los familiares les recuerda un año más caracterizado por la más completa impunidad.

Al igual que cualquier otro día pautado para la conmemoración por parte de Naciones Unidas, el Día Internacional del Desaparecido presta un servicio solo verbal a las víctimas y sus familiares, pero nada tangible en cuanto a apoyar su búsqueda de justicia y a la memoria colectiva. Esto último es particularmente notorio en América Latina. Las dictaduras apoyadas por Estados Unidos crearon un sistemático plan para la desaparición de civiles y la consecuente impunidad dejando a los familiares a merced de las instituciones estadales las cuales están comprometidas en mantener un pacto de silencio –así lo denominan en Chile.

Sin embargo, la intervención extranjera y sus repercusiones han aumentado el trauma asociado con la desaparición. Quizás ya sea el tiempo para que la Organización de Naciones Unidas enfatice el hecho que la desaparición no es solo un concepto. La conmemoración anual ya es solo una hipocresía, la adhesión a la exclusividad de Naciones Unidas facilita la violencia y la impunidad y la lleva del todo a otro nivel.

La Primavera Árabe que Naciones Unidas facilitó a través de su aprobación a la intervención de la OTAN en Libia con el pretexto de "llevar la democracia" al país, hundió la región en una guerra civil, en un vacío de poder y al asesinato y desaparición de miles de civiles. Mientras los asesinatos captan la atención de los medios de prensa debido a las evidencias, las desapariciones son acalladas a menos que los familiares percibieran que era seguro denunciar la desaparición de miembros de sus familias. El temor a las venganzas dentro de un clima de inestabilidad política y donde la violencia está permanentemente mutando, es un escenario ideal para la impunidad política. Por otra parte, esto alimenta la narrativa de los derechos humanos de la ONU. Se trata de una letanía de recordaciones que embellecen los eventos ceremoniales pero es muy magro el esfuerzo que se hace para trabajar por la justicia.

Después de todo, los representantes de la ONU también representan a países que pudieran tener intereses creados para la violación del derecho internacional e impedir el establecimiento de responsabilidades y hacer justicia. Esta discrepancia es lo que no se discute y lo que permite a la ONU como también a los gobiernos nacionales hallar el modo de sortear el derecho internacional y disolver su significación, incluso como referencia legal.

Mientras tanto, los familiares de los desaparecidos no tienen otra opción que recurrir a los corruptos sistemas legales que incluso facilitan la desaparición y la impunidad. Según la narrativa principal, la figura del desaparecido está más allá de la marginalización –prácticamente no existe.

Los emigrantes que se ahogan en el Mediterráneo –últimamente como resultado de la inestabilidad política –consecuencia de las intervenciones de la OTAN—no son contabilizados. La política que yace detrás del discurso por los derechos humanos en relación a los emigrantes es un permanente picoteo acerca de su número y acerca de la mejor manera de reducir la migración hacia Europa. Los oscuros acuerdos que envían a los emigrantes de vuelta a campos de concentración en Libia, han sido normalizados como una desgraciada circunstancia producto de las actuales condiciones. Si estas personas perecen y quedan como no contabilizadas, no se escuchará un alarido exigiendo justicia. Los parientes de los desaparecidos están preocupados por su propia supervivencia. Mientras tanto, lejos de los países azotados por la guerra las organizaciones que trabajan por los derechos humanos continúan fallándole a los desaparecidos y a sus familiares cuando recurren a los mismos mecanismos que son –en primer lugar—los que facilitan las desapariciones forzadas.

La normalización de cómo el derecho internacional ha sido manipulado por la ONU y los dirigentes internacionales no debe ser ignorada. Del mismo modo, el Día Internacional del Desaparecido debe ser separado del cualquier patronazgo de Naciones Unidas. No todos los eventos conmemorativos han sido establecidos por Naciones Unidas sino más bien por las organizaciones de base ya que estas constituyen "poderosas herramientas de denuncia y apoyo". La cuestión es ¿Para quienes? En sí misma la denuncia y el apoyo se encuentran en constante lucha para poder transitar la violencia política de las instituciones, cuyo principal interés es salvaguardar su estructura a expensas de la humanidad. La ONU es cómplice en la habilitación de las desapariciones forzadas a través de su tácita aprobación de las violaciones de los derechos humanos. Resulta conveniente para la ONU poner énfasis en el apoyo al tiempo que desvía la atención sobre su rol que es el de crear las condiciones para la violencia en nombre de los derechos humanos.

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Ramona Wadi

Investigadora. Escritora.

 @walzerscent

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