Notas desde la Simón Rodríguez

Refundar la Universidad

A sus casi 40 años, la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR) puede convertirse en una referencia importante para la transformación universitaria. En su evolución ha generado y sostenido algunas claves que fundamentan propuestas para repensar la universidad actual. Más, para ello tiene que enfrentar fuertes contradicciones internas, y nuevos modos de vínculo con el resto del país.

La UNESR nace en los años 70. Trae en sí profundas innovaciones educativas, como el desarrollo curricular desde el método de proyectos, el sistema de reconocimiento y acreditación del aprendizaje, el vínculo con el mundo productivo, la organización de la investigación, propuestas formativas locales, alianzas estratégicas con poderes locales y municipales, entre otras. Pero también lleva en sí una cultura de enfrentamientos internos en la búsqueda de poder individual, una enfermiza fragmentación en espacios hechos a la medida de alguna persona o grupo, un relajamiento institucional que bien aprovechan los más ambiciosos para sus fines individuales, una desconfianza generalizada entre unos y otros. Sabemos que estas palabras no son extrañas en cualquier otra universidad del continente.

Lo anterior trae como consecuencia una práctica nefasta de cuestionar todo casi a priori, de centrar la atención más en los errores que en los logros, de apostar a destiempo por el fracaso de cualquier gestión, de señalar con el dedo a otros sin mirarse a sí mismos, en vez de intentar a lo interno un diálogo fecundo y creador que pueda regenerar el tejido institucional.

Es el caso de que algunos grupos decretan de una vez el fracaso de las actuales autoridades, elegidas apenas dos meses atrás, y su inmediata sustitución. Estas autoridades llegaron con directrices claras del Ministerio de Educación universitaria, relacionadas con propiciar un mayor orden y transparencia en la institución. Y en esa dirección parecen dirigir sus esfuerzos.

Unos ignoran, o quieren ignorar, que las autoridades actuales están enfrentando grandes y difíciles retos. Es el caso de eliminar un sistema privado interno (la Fundación Instituto de Estudios Corporativos) y la incorporación de esos estudiantes en los Núcleos existentes; la reconexión entre la UNESR y la Misión Cultura; la puesta al día de la rendición de cuentas de la institución al Consejo Nacional de Universidades, y han mantenido el diálogo con diversos sectores institucionales para la búsqueda de solución de problemas altamente sensible y complejos.

Podemos enjuiciar y condenar de una vez a las actuales autoridades, o más bien intentar proseguir caminos de diálogo, que por cierto las mismas autoridades han venido propiciando, como nos consta en lo personal y lo laboral. Los problemas institucionales están en todas partes, y tienen muchas caras, y necesitamos tener una mirada abierta en todas direcciones para salirles al paso. Y eso es tarea de todos, no sólo de un equipo directivo. La pregunta es: ¿Qué estamos haciendo, todos y cada uno de nosotros, por la resolución radical de los problemas y limitaciones de nuestra institución? Y a partir de aquí construir colectivamente un mapa para avanzar.

Ahora bien, en la UNESR aún estamos lejos de corregir múltiples situaciones de injusticia e inequidad que aún persisten. Hay una cultura perversa que en muchos aspectos nos atrapa. Es el caso de algunas decisiones no ajustadas a las normas vigentes, o de presión en contra de algunos trabajadores, o ciertas formas de discriminación contra los contratados. Pero estamos hablando de situaciones que no son recientes, y lamentablemente han existido a lo largo de la historia de la Simón Rodríguez, y que tenemos que erradicar.

Así, queremos sostener que lo que se plantea no es seguir jugando al golpe de estado, y apostar por esa nueva directiva ideal que sí lo resolverá todo rápido, sino buscar y generar, como algunos estamos haciendo, espacios de diálogo plural, de reflexión compartida, de invención de procesos integrados no sólo para resolver problemas puntuales, sino para repensar la UNESR y seguir abriéndola a los vientos de cambio.

Se hace necesario, pues, en la Universidad Simón Rodríguez, dar una mirada interna, histórica, sincera, profunda, a su configuración y fuerzas internas, a sus vínculos con el resto del tejido nacional e internacional, a sus limitaciones, pero sobre todo a sus posibilidades. En la medida que apuntemos a una realidad mayor, a una sociedad plena de justicia, equidad, solidaridad, a la generación de conocimiento académicamente válido y socialmente pertinente, a la democratización del saber y a la integración latinoamericana (como lo señala la Ley Orgánica de Educación), y sostengamos en ella la mirada, y dialoguemos entre nosotros de modo permanente, lograremos rebasar la fragmentación, la culpabilización, la búsqueda de acomodamiento personal/ grupal, la desconfianza militante, rumbo a una reconfiguración y replanteamiento del quehacer universitario.

Docente-investigador de la UNESR

juliovaldez055@gmail.com


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