La fuga de Carlos Ortega

Compartiendo el sentimiento de patriotas venezolanos, siento que para muchos latinoamericanos que apoyamos el proceso de cambio que encabeza en Venezuela el Presidente Chávez, el haber sido capturado y posteriormente enjuiciado Carlos Ortega, representó una especie de trofeo político. Éstos hechos y su posterior internamiento en prisión se constituyó en la respuesta del estado venezolano por los múltiples hechos delictivos en que incurrió este personaje, con motivo del fallido golpe de estado de abril del 2002 y el paro patronal y de la industria petrolera de finales de ese año y comienzos del siguiente. Al margen de, que no todos los responsables de esos hechos, civiles y militares involucrados, no han tenido el mismo recorrido de Carlos Ortega, de rendir cuentas ante la ley, su ingreso a prisión para descontar sentencia, representó una especie de compensación para el pueblo de Venezuela.

Por la particular circunstancia de que Carlos Ortega haya eludido por un tiempo la justicia venezolana, al haberse acogido al asilo diplomático otorgado por la embajada en Caracas de mi país -Costa Rica-, en forma inesperada la prensa de San José se vio involucrada en los detalles de los hechos políticos por los cuales estaba huyendo de su país. El irrespeto a las condiciones de asilo que le habían sido impuesto, denunciadas oportunamente por la cancillería venezolana y por personalidades sociales de San José, obligaron a las autoridades de migración a revocarle la condición de asilado. En medios políticos costarricenses la expulsión de territorio costarricense de Carlos Ortega significó de alguna manera un alivio en las preocupaciones que se estaban fermentado, en la oportunidad de que, desde territorio costarricense se pudiesen fraguar acciones políticas y algo más allá, en contra de un gobierno legítimamente constituido.

La presencia en Venezuela de Carlos Ortega, así como su posterior captura y enjuiciamiento de ninguna manera produjo alguna reacción en la opinión pública del país, pues en mi opinión personal, compartida por algunos sectores, simplemente el estado venezolano, respondiendo dentro de los términos de la ley, estaba condenando a prisión a un personaje del mundo político que había incurrido en delitos, que nada tienen que ver con la manifestación de sus ideas políticas. Ningún sector de opinión, partidos políticos o grupos sociales, que no ven con buenos ojos el proceso de cambio que encabeza el Presidente Chávez, lamentó la suerte de Carlos Ortega.

Habida cuenta de su internamiento en prisión y visto desde el exterior, como que a Carlos Ortega se lo tragó la tierra, como que perdió su condición de activo importante de la derecha venezolana por su influencia en algunos sectores oportunistas del movimiento obrero venezolano, pero al final de cuentas, para los miles y millones de simpatizantes de la revolución bolivariana en todo el continente, era también nuestro trofeo.

Los sucesos de ayer en el Centro Nacional de Procesados Militares en Ramo Verde, que dan como resultado la fuga de Carlos Ortega acompañado de tres militares de grados superiores a medios, involucrados en hechos cuyo objetivo principal era atentar en contra de la vida del Presidente Chávez y desarticular el estado venezolano, producen un gran desaliento en el exterior. Asumimos que las condiciones por las que transita el proceso de cambio revolucionario en Venezuela son en extremo difíciles y complejas, expuesto a todos los riesgos posibles. Pero también entendemos que en ese largo camino de construcción de las condiciones políticas que abra espacios al nuevo orden político y social que está en la mira y objetivos del Presidente Chávez, la consolidación de los órganos de defensa constituyen una parte fundamental en este período. Resulta lamentable, que en esta línea de pensamiento, resulte tan simple manejar procesos de penetración de organismos militares, a los cuales se ha confiado el resguardo en prisión de militares y civiles que han atentado en contra de la paz y desarrollo democrático de la sociedad venezolana. Al margen de cualquier consideración, por sobornos que hayan sido puestos como moneda de cambio, lo importante es que una guarnición militar, que dispone de cadenas de mando adecuadas y que por la índole de su actividad fundamental, representa los intereses del estado, ha sido burlada y la autoridad militar pisoteada.

La operación de fuga de un presidio civil o militar no es un hecho que se produce de la noche a la mañana. No es por el hecho fortuito de que algún soldado, clase u oficial se olvidó cerrar el último portón, que se produjo la fuga. Hay una acción prolongada en el tiempo que dio como resultado los hechos de ayer. No es posible que los mecanismos de seguridad interior y exterior no hayan logrado medir y neutralizar oportunamente, como debe ser su función, cualquier situación anormal en el comportamiento de los reclusos involucrados en la fuga, de sus visitantes y comunicaciones con el exterior. No estaban en prisión delincuentes de menor cuantía. Estaban ahí, confinados en prisión, lo que para amplios sectores del pueblo venezolano, se constituyen en su trofeo político, representado en la personalidad de Carlos Ortega y este sentimiento ha sido burlado.

Que representa la fuga de Ortega y de los militares, todos de apellido Farías. Si en la organización de la fuga en todos sus eslabones, han tenido participación militares en activo de diversos niveles así como sectores civiles que prestaron recursos materiales y coberturas adecuadas, pues estamos al frente de un hecho de singular importancia. Una fuga de este calibre y por los personajes que están involucrados de ninguna manera se puede tomar como un hecho aislado y más bien deben entenderse como tal, inscrito dentro de los términos de posibles acciones que nada tienen que ver con el proceso electoral que se ha iniciado. Es más, casi se puede especular, que la atención del país está siendo perturbada de manera intencional y premeditada con el precipitado acuerdo unitario de carácter electoral de los sectores opositores. La fuga de los personajes involucrados pone en duda la capacidad de los organismos militares para medir y prevenir acciones de inteligencia del enemigo en el interior mismo de los organismos armados del país.

En las horas transcurridas desde la aceptación oficial de la fuga, un torrente de preguntas están quedando sin respuestas claras. Qué cadenas de mando, internas y externas al Centro Nacional de Procesados Militares en Ramo Verde están involucradas en los hechos?, hasta que niveles de las FAN llegó la complicidad?, quiénes asumirán las responsabilidades militares y políticas de los hechos?.

Si estamos a las puertas del desencadenamiento de acciones mayores, solo el tiempo lo dirá, pero por las características de los hechos de ayer de alguna manera se puede deducir que estamos a las puertas de un período de desestabilización, que nos puede llevar a enfrentamientos de importancia extraordinaria que pueden definir, no la suerte del proceso, sino el rumbo definitivo del mismo.


fedepuko@yahoo.es


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Federico Picado Gómez


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