Por qué nadie debería esperar que vuelva la “normalidad” a Venezuela

¿Por qué algunas veces sentimos la impresión de que estamos deficientemente preparados para lo que viene? Después de un sinuoso recorrido, de 20 años de batalla, que se empeoró con la partida física de Chávez en 2013 ya los que quedamos aquí, en el territorio y especialmente los ubicados en las trincheras del proceso, deberíamos saber lo que significa enfrentarse a un imperio, ¿por qué apenas "superamos" cualquiera de las arremetidas imperiales quisiéramos empeñarnos en volver a la "normalidad"?, como si en un país asediado y acechado pudiera vivirse lo que se llama normalidad.

Es verdad que nadie, por muy dirigente que sea, tiene una bola de cristal que le permita leer el futuro y echar el cuento en detalle de las próximas acciones del imperio y cómo actuar en consecuencia, pero no es menos cierto que si revisamos ligeramente la historia, la más reciente, pero especialmente la que tiene que ver con los países que se han enfrentado al imperio de los Estados Unidos, hay material más que suficiente y referentes de cómo ha actuado el imperio contra los pueblos con los que decide arremeter. Por tanto, debemos entender que a menos que decidamos rendirnos incondicionalmente, que no es otra cosa que entregar en bandeja de plata las riquezas de nuestro país, debemos disponernos a resistir porque la lucha es larga.

Nadie puede negar que el respaldo de Rusia y China han puesto la balanza "eventualmente" a favor nuestro, el imperio pensó desplazar el gobierno venezolano en cuestión de semanas, ya llevamos 12 semanas y el final aún se ve lejos, pero nadie debe pasar por alto que en tiempos de la guerra fría cuando la crisis de los misiles la Unión Soviética, en los acuerdos con los Estados Unidos antepuso sus intereses, dejando por fuera a Cuba. Ciertamente que los tiempos y los actores son otros, pero lo que es incuestionable es que el pueblo cubano ha resistido siempre porque a pesar de su pobreza material y de sus limitaciones ha tenido una voluntad incuestionable y una determinación indestructible de defender su soberanía a toda costa.

Al ver la reacción del gobierno de Trump contra los "acuerdos de cooperación militar ruso-venezolano" queda evidenciada la importancia estratégica del respaldo ruso a Venezuela y como el apoyo ruso ha interferido en los planes que desde el norte se tienen para con nuestro país. Pero soy de los que creo que esta batalla, al fin de cuentas, la tendremos que librar cuerpo a cuerpo, otros dirían que mente a mente. Si no estamos preparados suficientemente para lo que viene ni que dispongamos del arma más letal que tenga el arsenal ruso tendremos posibilidades de victoria. La guerra es "no convencional", esto no podemos olvidarlo.

Ya, a estas alturas del partido, debería haber un Gabinete Ejecutivo designado y un Gobierno de Emergencia tomando medidas extraordinarias dirigidas a prepararnos para resistir por mucho tiempo. Las acciones no pueden limitarse a restablecer la electricidad, que el agua vuelva a los grifos y que el Metro vuelva a operar. Por muy importante que esto pueda parecer y ser. Lo estratégico debe ir más allá del inmediatismo que siempre termina consumiéndolo todo.

Me atrevería a sugerir incluso que se le preste menos atención de la debida al "títere", que cada día que pasa luce más desinflado, y nos ocupemos más de los "asuntos estratégicos" que nos permitirán resistir por mucho tiempo. El gobierno comenzó un plan de entrega de proteínas vía CLAP, ese plan hay que retomarlo y potenciarlo porque ningún pueblo sin alimentos logra resistir una arremetida tan feroz como la que enfrenta Venezuela en estos tiempos.

Así como llegan aviones de Rusia, con apoyo estratégico, deben comenzar a llegar aviones de países aliados con alimentos y medicinas para garantizar al pueblo los insumos esenciales para la vida. Pero es verdad que debe acelerarse y agilizarse los procesos de distribución de alimentos y medicamentos, apoyándose para ello en las organizaciones populares, porque otro tema es que la burocracia estatal cada día debe ser un factor más prescindible, ya que "solo el pueblo salva al pueblo" y nunca más que ahora una consigna como esta cobra vigencia.

Mientras pensemos que la clave es que regrese la "normalidad" al país estamos perdidos. Un país como el nuestro perdió lo que podría considerarse el derecho a la normalidad hace mucho tiempo, sino veamos lo que hicieron con los países en los que sembraron guerras los gringos.

Preparémonos para los peores escenarios y recordemos que Vietnam ganó la guerra al imperio a costa de muchas vidas y pérdidas materiales incomensurables, pero especialmente debido a la determinación de ese pueblo, y sus dirigentes, a pagar el alto precio que significaba la independencia y libertad de su Patria.

Si no estamos dispuestos a rendirnos incondicionalmente y a someternos a las consecuencias que ello implica parecemos condenados a asumir la guerra que nos impusieron hasta sus últimas consecuencias.

Olvidémonos de la "santificada normalidad", cuando nacimos como República, generaciones de hombres y mujeres debieron vivir durante una década entera en guerra permanente. Estas gloriosas generaciones pudieron enfrentar y derrotar al imperio más poderoso de su tiempo, sus herederos parecemos condenados a destino similar.



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Juan González


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