Chávez, sus legados y el futuro del Proyecto Bolivariano

Ha propósito de la conmemoración de los dos (2) años del fallecimiento de Hugo Chávez, es propicio el momento para generar un debate múltiple, duro y crítico. Múltiple, referido al alcance de los construido por Chávez, como líder histórico y el avance, estancamiento o retroceso que se experimenta. Duro, pues significa debatir sobre el uso “maniqueo” de su legado, para justificar posiciones ortodoxas y dogmáticas. Y crítico, pues dialécticamente debe asumirse la discusión sin límites, de otra forma estaríamos cayendo en un congelamiento de la dinámica misma del proyecto revolucionario.

Habría que comenzar por indicar firmemente, la corrección gramatical: estudiar a Chávez significa, analizar sus legados (en plural) y dejar de hablar del legado (en singular). Aclaramos nuestra posición. En términos de una filosofía política, el discurso de Chávez adquirió múltiples planos, que con su desaparición física se convirtieron en la base de su herencia histórica. Un primer elemento, el más significativo para entender al chavismo, es su carácter insurgente y subversivo. Chávez, se opuso a las formas de dominación histórica de la sociedad capitalista, por su propia experiencia de vida. Chávez es un zambo, mezcla de indígena y afrodescendiente, que tradicionalmente han sido los sujetos invisibilizados y sometidos en la historia de Nuestra América. Esa condición de zambo, le permitió definirse en su derecho a emanciparse de la coacción, de la violencia institucional ejercida por siglos y siglos de tradiciones históricas neocoloniales.

Un segundo elemento, es que desde la filosofía política y el discurso político, Chávez por su condición de sujeto subalternizado en el sentido planteado por Antonio Gramsci, logró expresar a viva voz los anhelos de quienes por siglos fueron silenciados. Las posiciones anti-sistema de Chávez, no eran posturas populistas. Eran puntos de vistas surgidos de su propia praxis histórica. Por eso, su fácil identificación con los colectivos sometidos y explotados, no solo en Venezuela, sino en el mundo.

Un tercer elemento, de los legados de Chávez, es el referido al papel que su propia figura como militar representa en la historia de Nuestra América. Tradicionalmente, la intervención de los militares en política en el Subcontinente, significó el uso de la violencia y la interrupción de los procesos de libertades políticas y sociales. La irrupción de Chávez en 1992, introdujo una discusión sobre la relación entre poder civil y militar, que se ahondó a partir de la circunstancia que ante la ausencia de una fuerza política cohesionada y fuerte, Chávez recurriera al apoyo de militares para acciones de gobierno. Ese hecho, quebró con la perspectiva que la intervención de militares en política significaba la interrupción del juego democrático.

Un cuarto elemento, es el conformado por la puesta en vigencia de la discusión ideológica acerca de la construcción de una alternativa socialista al sistema capitalista. De muchas maneras, Chávez por su condición de zambo, rescato el planteamiento de Mariateguí y martí sobre un Socialismo Indiano- Nuestro Americano. La propuesta de Socialismo del Siglo XXI, inacabada es una fuente de debate importante en el campo de la historia de las ideas y la filosofía política.

Un sexto elemento, es la perspectiva geopolítica de las democracias revolucionarias. Cha´vez introdujo una discusión sobre la diferencia entre las democracias representativas y las democracias populares revolucionarias, que iban más allá de la consulta electoral e incluían momentos de participación pre y post convocatoria de elecciones. Las democracias revolucionarias debían no solo fortalecer el denominado poder constituyente, basado en el principio de la “ocasio jurís” (ocasión jurídica del cambio), sino articularse en un sentido trascendente y prospectivo ampliamente anti-capitalista.

Un séptimo elemento, es la introducción de un debate prospectivo sobre la urgencia de la defensa nacionalista de los recursos naturales de las democracias insurgentes y revolucionarias, ante las apetencias consumistas y depredadoras del capitalismo post-financiero.

Estos elementos, se conjugan en su discurso, pero al mismo tiempo dejan abierto un debate acerca del carácter democrático y participativo de las democracias socialistas, entrando en contradicción con el accionar y el desempeño dogmático que caracterizó al socialismo real del siglo XX. Esta es una herencia que debe ser tomada en cuenta en las especiales circunstancias de apremio que experimenta la sociedad venezolana. Chávez insistió en la urgencia de la conformación de un Bloque Histórico Nuestro Americano, con una nueva formulación geopolítica de la vieja tesis de Juan Domingo Perón, de la conjunción ABC (Argentina, Brasil, Chile). Chávez la pensó como ABV (Argentina, Brasil y Venezuela) como un eje articulador norte-sur en el subcontinente y a la sumatoria de proyectos complementarios.

A dos años de su siembra, la continuidad del proyecto bolivariano y lo que representa para Nuestra América es sustancial para un futuro de la región. Los peligros del dogmatismo, amenazan los avances alcanzados y con ello, la posibilidad de multiplicar los efectos de integración socio-política y de ofensiva histórica, como alternativa única a la preeminencia destructiva del capitalismo liberal. La muerte de Chávez, desató las apetencias intervencionistas de los EEUU, que pensó aprovechar su ausencia física para arremeter de nuevo, contra las fuerzas insurgentes que se oponen a la dominación. La posibilidad de resistir e imponerse, depende de la profundización de un Bloque Histórico en la región, defendiendo la profundización democrática del socialismo bolivariano.

Historiador/politólogo
Juane1208@gmail.com



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Juan Eduardo Romero J.

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

 juane1208@gmail.com

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