China y Rusia unen esfuerzos para impedir carrera armamentista en el espacio exterior

La agenda internacional de seguridad aun tiene un importante vacío que llenar. Existen muchas razones para preocuparse acerca del desarrollo de armamento espacial y su correspondiente tecnología de defensa anti misilística, lo cual incluye un gran desperdicio de recursos cosa que siempre acompaña a cualquier desarrollo armamentístico y a los resultados físicos de combatir en el espacio exterior. Estas dos potencias espaciales –Rusia y China—desde hace tiempo han planteado el problema de enfrentar la amenaza. No se trata solo de palabras o instancias sino que se trata de una iniciativa internacional concreta y general la que ellas proponen para agregarla a la agenda de la Organización de Naciones Unidas.

Hablando ante la ONU el 17 de octubre pasado, el Director del Departamento de Asuntos de Seguridad y Desarme del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, MijailUlianov, informó a la audiencia que Rusia y China decidieron presentar un borrador de resolución sobre transparencia y confianza en las actividades espaciales para ser revisado por la ONU.

El diplomático ruso hizo hincapié en que la razón para plantear la iniciativa se debe a “la ausencia de obligaciones legales que prohíban la puesta de armamento en el espacio exterior como factor que está afectando negativamente la estabilidad estratégica y que está obstaculizando la implantación de nuevos tratados sobre armamento nuclear.”

El borrador de tratado apunta a rectificar la situación y a llenar el vacío en la agenda de la Conferencia de Ginebra sobre PAROS (sigla en inglés) Impedir la Carrera Armamentista en el Espacio Exterior.

El Espacio Exterior y su Militarización

La historia de la militarización del espacio exterior data de fines de la década de los 50 cuando los primeros sistemas anti satélites empezaron a probarse. Hasta ahora, no obstante, no se ha estacionado ningún armamento en el espacio exterior. El armamento nuclear y otros de destrucción masiva están prohibidos en el espacio exterior bajo el Tratado de Principios Rectores de las Actividades de los Estados en la Exploración y Uso del Espacio Exterior, Incluyen la Luna u Otros Cuerpos Celestes de fecha 1967 normalmente denominado Tratado del Espacio Exterior. El Tratado prohíbe a los signatarios el lanzamiento y puesta en órbita de la Tierra cualquier arma nuclear o cualquier otro tipo de armamento de destrucción masiva, como también prohíbe la instalación de tales armas en cuerpos celestes y el uso de cualquier otro método para poner tal armamento en el espacio exterior. Pero, el Tratado del Espacio Exterior no menciona ninguna restricción sobre armamento convencional en el espacio exterior.

El primer tratado de limitación de armas estratégicas entre la Unión Soviética y Estados Unidos, el SALT I incluía la mutua obligación de no atacar las naves espaciales. Pero en el año 1983 el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, dio un vuelco y promovió la Iniciativa de Defensa Estratégica la cual contemplaba la puesta en órbita de elementos de ataque para derribar misiles estratégicos soviéticos durante su trayectoria. En el año 2002 abandonó el ABM (sigla en inglés) Tratado de Misiles Anti Balísticos del año 1972 el cual limitaba el número de sistemas de defensa anti misilística. Se hizo obvio que Estados Unidos estaba listo para reanudar el desarrollo de posibles sistemas espaciales con potencial de ataque, por ejemplo, láseres, sistemas kinéticos y aceleradores de partículas. Muchos de los elementos del sistema de defensa anti misilística de Estados Unidos actualmente en desarrollo o en planificación, poseen características de uso doble y podrían tornarse en armamento espacial. La defensa anti misilística permite a los países desarrollar tecnologías ofensivas bajo el encubrimiento que son defensivas. Por ejemplo, los interceptores de energía kinética desplegados en California y Alaska son lanzados al espacio para derribar misiles atacantes, lo cual supone también capacidad para destruir satélites.

Las discusiones y resoluciones de Naciones Unidas indican que existe un acuerdo general en el sentido que se debe impedir la colocación de armamento en el espacio exterior. La abrumadora mayoría de los estados miembros está preocupada porque la militarización de este dominio podría iniciar una carrera armamentista e insiste en que un tratado multilateral sería la única manera de impedir tal desarrollo en los hechos. Se hace énfasis que el tratado no limitaría el acceso al espacio exterior, sino más bien impediría tales limitaciones. En el año 2006 Rusia señalaba que si todos los estados acataban la prohibición de militarizar el espacio exterior, no habría carrera armamentista. Rusia y China también apoyan el establecimiento de la obligación de no utilizar la amenaza del uso de la fuerza contra objetos espaciales y presentaron un borrador de tratado ante la ONU con el objeto de impedir la colocación de armamento en el espacio exterior.

Sin embargo, debido a la estructura del régimen legal internacional y a las objeciones de un pequeño grupo de estados, como Estados Unidos, por ejemplo, el tratado aun no ha sido negociado para impedir de manera general el despliegue de armamento en el espacio exterior.

El 12 de febrero del 2008 el Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, SergueyLavrov, habló ante la Conferencia y presentó con el respaldo de China, el borrador de Rusia del Tratado para Impedir el Despliegue de Armamento en el Espacio Exterior y la Amenaza del Uso de la Fuerza contra Objetos Espaciales. Se trató del primer borrador de tratado sobre ese problema formalmente introducido en una Conferencia de la ONU sobre el Desarme.

Anteriormente, Rusia y China habían presentado varios “papeles de trabajo” en torno a impedir una carrera armamentista en el espacio exterior y el borrador de tratado con elementos pulidos de anteriores documentos conjuntos. En ese entonces, el Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, S. Lavrov dijo que el tratado había sido concebido “para eliminar ciertos vacíos existentes en la ley espacial internacional y crear las condiciones para mayores exploraciones, el uso del espacio exterior, conservar la costosa propiedad espacial, fortalecer la seguridad general y el control de armas.” La iniciativa de Rusia y China del año 2008 nunca llegó a nada debido a la oposición de Estados Unidos. El entonces Secretario Asistente interino norteamericano para la reducción de la amenaza, control de exportaciones y negociaciones, Donald Mahley, señaló que “los acuerdos adicionales vinculantes de control de armamentos sencillamente no son una herramienta viable para incrementar a largo plazo la seguridad de los intereses de Estados Unidos y sus aliados.”

Tendencias en la política espacial de Estados Unidos

En el mes de julio del 2010 el gobierno de Obama publicó un documento titulado “La Política Nacional Espacial de Estados Unidos.”

En él, Estados Unidos señala que buscará la transparencia bilateral y multilateral y las medidas más adecuadas para fomentar la confianza, estimular las acciones responsables y los usos pacíficos del espacio exterior. Al tiempo que asegura que estaba abierto a considerar iniciativas para el control de armamentos con relación al espacio exterior, Estados Unidos argumenta que tales proposiciones deben cumplir con “rigurosos criterios de equidad, verificación efectiva y fortalecer los intereses de la seguridad nacional de Estados Unidos y de sus aliados.” El borrador conjunto chino-ruso sobre Impedir la Colocación de Armamento en el Espacio Exterior, planteado el año 2008 no cumplía con estos criterios. Estados Unidos argumenta sistemáticamente que una carrera armamentista en el espacio exterior no existe todavía y por lo tanto no es necesario tomar acciones sobre este tema. El resto de la comunidad internacional está de acuerdo en que debido a que todavía no existe una carrera armamentista espacial, es ahora el momento de impedir la militarización del espacio exterior. En torno a esto, Estados Unidos no propone ninguna iniciativa propia. El militarismo norteamericano continúa invirtiendo en programas que podrían redundar en capacidades para establecer armamento en el espacio exterior. Brinda grandes oportunidades a compañías interesadas en negocios lucrativos al tiempo que el dominio del espacio exterior produce mayores ganancias en armamento convencional. La superioridad en un conflicto armado convencional radica en las instalaciones militares en el espacio exterior, especialmente los satélites que se emplean para la recolección de inteligencia, monitoreo remoto, navegación y vigilancia, entre otras cosas. Ahora que Estados Unidos en la actualidad reafirma su voluntad política a través de la fuerza para la protección de sus propios bienes espaciales y plantea la amenaza contra aquellos bienes espaciales de otros países, resulta la clave para garantizar el dominio norteamericano.

El 11 de diciembre del 2011 el Vehículo Orbital de Pruebas Boeing X-37B –primer vehículo espacial no tripulado norteamericano que regresa del espacio y aterriza por sus propios medios—completó su tercer vuelo de pruebas. Fue diseñado por la NASA en 1999 y luego transferido al ejército en el 2004. El X-37B es una nave espacial no tripulada robótica reutilizable de despegue vertical y aterrizaje horizontal que puede reingresar a la atmósfera de la Tierra y aterrizar de manera autónoma. La nave robótica puede incluso modificar su curso en el espacio en vez de seguir la misma órbita predecible una vez que esté en el espacio. La permanencia en el espacio de esta nave es habilitada por sus paneles solares que generan electricidad una vez que son desplegados desde su compartimento de carga, posibilitando una estadía de hasta 270 días en orbita. El X-37B mide alrededor de 8,80 metros de largo y 4,5 metros de ancho con un compartimento de carga parecido a la plataforma de una camioneta. Dos vehículos X-37B podrían caber en el compartimento de carga de transbordador espacial. La identidad específica de la carga no ha sido revelada. Existen varias versiones de lo que se supone que esta nave debería hacer mientras circula en torno al planeta en orbitas declaradas que varían entre 200 y 750 kilómetros sobre la superficie de la Tierra. La idea inicial es que la nave sería un nuevo tipo de satélite de vigilancia que puede cambiar órbitas para desplazarse sobre el territorio deseado de la Tierra. Esta versión es apoyada por el hecho que la nave se desplaza sobre Afganistán, Irán, Irak, Corea del Norte y Pakistán y no cambió de órbita. Casi con certeza se trata de un avión espía o por lo menos, un banco de pruebas como mecanismo de vigilancia espacial y plataforma de lanzamiento de pequeños satélites espías. También se le considera un modelo de pruebas para un futuro “bombardero espacial” que sería capaz de destruir blancos desde una órbita de la Tierra. Algunos se preguntan si el X-37B mismo no sería un sistema para el lanzamiento de bombas nucleares mientras otros sugieren que el X-37B sería un rastreador de satélites, un destructor de satélites o ambas cosas.

La militarización del espacio socavaría la seguridad internacional, desarticularía los actuales instrumentos de control de armas y tendría una cantidad de efectos negativos, tales como la basura espacial. Esto podría desatar una devastadora carrera armamentista y restaría recursos para los problemas reales que hoy en día enfrenta la humanidad. El retiro de Estados Unidos del Tratado Anti Balístico el 2002 y su consiguiente desarrollo de sistemas terrestres y marítimos ya ha incrementado la tensión con Rusia y China. El despliegue de tecnologías espaciales redundará en el rechazo de nuevos tratados para regular el armamento nuclear y sus sistemas de transporte. La situación obliga a enfrentar una obvia elección: o una carrera armamentista espacial o la limitación sobre la base de tratados internacionales, lo cual es lo que están proponiendo tanto Rusia como China. Actualmente el balón está en el otro lado del campo.

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editorial@strategic-culture.org

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

Strategic Culture Foundation



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