PDVSA y su cultura del petróleo

¿Cómo deducir el impreciso reinvento por la enseñanza de la geopolítica del petróleo? Una necedad mía. No es fácil inspirarlo ni provocar su estallido o su sensación de ilusiones que den recuento para incluirlo en un nuevo modelo educativo, porque nunca existió. Más bien, diariamente encontramos posicionamientos de cuentos seguidos como modelos de creencias a los cuales cientos asisten como si fuese algo verdadero dentro de su yerma cultural.

La existencia de esos modelos pasea por dentro y fuera de abyectas formas tan reales que parecen un aprendizaje que resulte cercano a una vida real, como si fuésemos una nación petrolera, cuando en realidad somos una nación arrastrada por él.

Todo acompañado por el temor al abandono después de subdividirse formas y talentos conformados en una vida propia en cada una de sus regiones. Unas con vida petrolera; ostentosas, groseras y otras regiones que solo miran su atraso sin saber del desperdicio de sus coterráneos quienes en otras regiones se creen otro país.

A su abandono se unieron cinturones de mitos, leyendas, costumbres, fiestas y todo ritual propio de tradiciones que por principio conformaron la realidad y felicidad de muchos. Pero ni se enteraron del reservorio petrolero, su necesidad era marcar un desarrollo; viajes, copiar modelos, extender sus extravagancias solo para sus tierras, los demás no podían parecerse a ellos.

Siempre el inicio quedó igual, nada pasó. Luego, reducidos a la conformación de un espacio para sus preocupaciones. ¿Acaso no hace falta reformar los pensum para incluir el tema del petróleo? Eso no hace falta; respondieron los profesores.

Quedó para ser llamada como una forma especial. La misma guardó relación con la condición de la edad, cuando describieron a los muchachos como animas frescas, ávidos de entendimiento, ubicados en un patrón de enseñanza, pero innecesario estudiar un tema que está lejos, no van a conocer, está reservado para unos o esta tan trillado su anuncio que nadie puede verlo pasar.

Por eso de nuevo estamos perdiendo una generación, no quedaremos ni cercanos a ellos. La principal causa; nunca enseñaron la responsabilidad de nuestras gigantescas reservas petroleras, menos la responsabilidad hacia PDVSA.

El modelo se ha agotado, lo reviven, pero no existe, por eso es difícil mantenerlo en las distintas etapas de estudio. La niñez, la adolescencia, la madurez, en todo se culpa al pasado como la causante de cambios esperados. Un venezolano de a pie ignora la joya que descansa bajo sus pies, pues creen que el piso es solo para escupir.

Por eso están impedidos de enseñar quienes no han vivido la fragancia de una cultura por el petróleo. No es un perfume costoso, solo se obtiene leyendo.

Sin embargo, es brillante su ocultamiento en el modelo educativo, va apartado de los sueños de una patria la cual introduce a sus jóvenes en un piloto extraviado de los valores del amor hacía lo nacional, ausentes del compromiso espiritual por la conciencia del petróleo. Guardándole un gran culto a la ignorancia del petróleo.

Los momentos de ternura patriótica se han perdido. Si observas el conjunto notarás lo perjudicial de un modelo atípico enredado de valores muy peligrosos, donde nuestras muchachitas después de su menarquia inundan las salas de parto. En esto, nuestro sistema educativo debe entrar a revisión, no para dejar papeles en las salas de reuniones donde todo lo cambian, ojalá sea para rectificar en los gravísimos problemas nacionales los cuales hasta un pasado reciente no habían sido vistos. Si no se introduce una cultura del petróleo difícilmente habrá un cambio en el país.

Pero nuestra realidad es un sitio donde se aprenden valores que no van unidos al sueño ni a la ilusión de un modelo sin abstención a los cambios. La realidad esta plantada en una historia petrolera nacional la cual ni siquiera ha sido tocada.

Siento fácil hablar de nuevos desafíos que debieran impulsar una educación que no implique generar falsas expectativas sino irse a la creación del compromiso espiritual por la conciencia del petróleo.

Diseñados hacia espacios de reservas minerales, modelos de resolución de conflictos energéticos, todos los nuevos escenarios de integración regional, seguridad y defensa, propiciando experiencias regulares de desafío real y significativo desde el currículo básico estudiantil el cual arranque desde la Educación Inicial y nunca vuelva a detenerse.

Pero la proyección de modelos va hacia otros logros. Estos no representan ni la identificación de la verdad de cómo debería fundamentarse su comportamiento como compromiso de una nación petrolera. La conciencia de la nación petrolera no existe en Venezuela.

Esta nación referida se cita en lo proyectado por la verdad de muchos especialistas desde hace décadas en cuanto a decencia, logros espirituales y amor por una nación con tantas riquezas. Y lo de la nación con tantas riquezas no es mentira lo que sí es mentiras es que se haya cultivado un balance entendido como una especie de compromiso espiritual dentro del cual profesores, sus instituciones y alumnos estén inscritos —como responsables directos—. Con todas las ideas y palabras escuchadas en estos años parecía que estábamos en ese camino pues la verdad que ni el tema se trató, pero nada de eso se incluyó, todo fue publicidad.

Una verdadera acción hacia este paso debió haber contado con la conducción y apoyo de varios ministerios y organismos, entre ellos, Energía, Minas, Ministerio de Educación, Ministerio de Educación Superior, PDVSA.

La educación de la conciencia del petróleo no solo es responsabilidad del ministerio comprometido para tal fin—Ministerio del poder popular para la Educación—. Con la cantidad de reserva que tenemos da para originar un verdadero cambio. Pero nunca ni se planteó un modelo de escuela inclinada hacia el tema del petróleo, menos un bachillerato orientado en esta área.

Lo que si planteó el Plan de la Patria 2013-2019 —Ley— fue una Escuela Técnica del Petróleo, orientada a crear en una primera etapa 200 componentes que sirvieran a PDVSA. Ni la piedra fundacional se colocó.

Por eso en Venezuela es impensable pensar entre otras cosas que el Ministerio Público pudiera abrir una Fiscalía especializada contra el delito petrolero donde se castiguen los robos y sabotajes que se hacen tras el aprovechamiento de esta industria.

Y no la habrá, pues es imposible que algunas de nuestras universidades logren enseñar al menos derecho petrolero. Es más, las materias que existieron hace décadas fueron acabadas.

Y quienes se atrevieron a crear alguna catedra en las escuelas de Economía, Derecho, Ciencia Política, fueron perseguidos, señalados, botados, sacados, echados y más nunca aceptados de nuevo en la incólume academia, para eso ha servido la Autonomía Universitaria en este país.

La educación como pieza desintegradora en vez de ser transversalizadora. Es decir, lo transpersonal de la sociedad que genere vida a los diversos espacios de convivencia humana y de responsabilidad como una consolidación hacia una nación petrolera; está ausente.

De haber sido distinto o diferente esta amplia definición de logros aportaría significativas oportunidades de conquistas reales y no íntimamente con diplomas artificiales. Ayudaría a los estudiantes a ser conscientes de sus oportunidades autonómicas registrando en ellos aspectos que decidieran salidas y propuestas en la vida petrolera del país. Este es el punto de partida para insertar lo Transpersonal: el crecimiento de los individuos y no solo el de la empresa, el cual en esta hora igual está ausente, es decir la formación de las generaciones de relevo con un papel conscientes de la mejor empresa del país no existen.

Esta es parte de la razón porque la PDVSA del 2003 y 2003 pararon la industria, sabotearon, destruyeron, hicieron un paro en detrimento del país y organizaron un golpe de Estado. Buenos ingenieros y técnicos; los mejores del país, bien formados, pero la gran mayoría sin conciencia.

Ahora la realidad es mucho más dura. No existe compromiso de trabajo, hay saboteos, robos gigantescos, personal que dejó de ir a trabajar, más de mil gerentes y directores imputados, presos, otros huyendo y a quien creían su gran mentor, el Dios de PDVSA, el rojo rojito, el que venía del Olimpo a salvarnos; Rafael Ramírez, viviendo en el Protectorado de Mónaco.

Todo esto nos genera claridad que PDVSA y la nación requieren de un verdadero desarrollo de conciencia en cuanto a cuidar, proteger y encaminar a la industria de donde proviene el futuro económico del país, pues és la que origina el 97% de los dólares que entran al país.

Todo presupone un hecho social, ausente, distinto. Nuestros jóvenes que después integran la industria más importante del país no son utilizados para un cambio en el futuro.

No obstante, la misma sociedad prontamente los aparta y condena por múltiples razones. Una de esas es muy antigua en nuestro país; la edad. Impuesta, utilizada por las trasnacionales —gringas, holandesas e inglesas— desde el siglo pasado.

Los obreros rogaban en un "portón" por trabajo y se le negaba por su edad y si le daban la oportunidad era con el sueldo de un año atrás. Las trasnacionales sabían que no conseguirían trabajo en otro lugar. Más nada podían aceptar que no fuera entrar en jornadas riesgosas para su vida pues ni una oportunidad conseguirían en un país que con facilidad se habla de "viejos".

Y en paralelo, esta desde entonces el tema que Venezuela es un país de jóvenes. Una fortaleza montada sobre los hombros de una desgracia dirigida hacia las mujeres. El tema de lo viejo fue creado por la industria del petróleo, y el tema de los jóvenes lo acuñaron y defendieron los políticos desde sus partidos.

Por eso, aquí es tan inaudito oír que un ser humano antes de los 40 años ya es un viejo, pero voy más allá, una muchacha de corta edad —22 a 26 años— es ya una vieja si no se ha casado o ha dado a luz.

Y eso alientan a dar a luz a mujeres muy jóvenes. Y a pesar de los altísimos índices de menores de edad solas, sin pareja no advertimos que algo está mal dentro de nuestra sociedad. Muchas jovencitas desde los 13 añitos ya están embarazadas —incluso antes— y en esto la clase política de antes no se distingue en sus discursos de la de ahora; somos una nación de jóvenes se repite a diario cada vez con más fuerza. A que costo.

O esta otra que también utilizan ambas generaciones de políticos; hay que aumentar la producción de crudo, o está muy actual; hemos caído en la producción de petróleo, esta otra; debemos aumentar el precio de la gasolina. Son ambos discursos originados desde antes, —años atrás— la derecha política y la izquierda se acercan en sus mismos discursos en cuanto al tema del petróleo. Incluso, ambos han retrasado una cultura sana de estudio de este tema. Por eso aquí unos y otros expresan unas barbaridades inusuales.

Recordemos a Juan Pablo Pérez Alfonso en una de sus alarmantes obras; Venezuela: Pobre país rico. O su juicio; debemos detener la exagerada producción de petróleo. Pues sus enormes ganancias generaron la peor de las corrupciones políticas y de allí saltaron fácilmente a lo social.

Lo anteriormente señalado es la principal contradicción en cuanto a la madurez de una enseñanza que institucionalmente está extendiendo la adolescencia, en algunos casos, en cifras superiores a los 23 años. Somos la reproducción de una sociedad insegura.

Esta ansiedad generacional es provocada y mantenida por nulas respuestas y escasos aportes a la educación en cuanto a la conciencia del petróleo. Los responsables en haber llevado adelante la tradición de este sistema educativo tendría que asistir a un modelo permanente, libre y abierto de desaprender. Han apartado las enseñanzas naturales como la defensa de los recursos petroleros y esto retira a los jóvenes del concepto de patria y soberanía.

Para muchos en referencia a lo que somos es algo descorazonador. No hay alternativas estructuradas en cuanto a las bases por una conciencia del petróleo. Todas estas posibilidades se encuentran apartadas de la realidad encontrada en las grandes ciudades o en referencia a zonas pequeñas geográficamente y, más aún, en áreas más apartadas.

Siendo Venezuela la reserva de petróleo más grande del planeta sus habitantes escasamente algún día han tenido un encuentro en vivo con una muestra de crudo, saben que es negro, espeso — viscoso— pero en sus manos no lo han tenido, menos lo han olido o se han untado de este. Tampoco saben ni quien fue Juan Pablo Pérez Alfonso ni que fundó la OPEP, menos pueden mostrar en un mapa donde queda su sede o cuantos países la integran, incluso, impensable que alguien pueda decir con certeza los litros que conforman de un barril de petróleo.

Aun cuando en las zonas rurales se cocinan las mejores alternativas de solidaridad, ayudas y compromisos que en grandes ciudades se desconocen —solo queda su recuerdo—relegados en pocas casas de familias aún no fragmentadas, las diversas taras sociales ofrecen y mantienen otra realidad. El interés nacional de una nación se aparta y lo petrolero ni siquiera es mencionado.

Venezuela desde la Guerra Federal en 1855 ya era una sociedad dividida, apartada, desde Monteverde incluso, fragmentados, separados entre sus nacionales. Aquí las diferencias son históricas y el petróleo en los casi últimos ciento cuarenta años las vino a marcar aún más.

Por eso ni esos grandes o pequeños sitios muy alejados del sistema educativo no quieren ser la alternativa del encuentro adeudado entre comunidades. Muy temprano abren sus candados y muy temprano los vuelven a cerrar. Nadie se distrae en ver la importancia de un centro educativo. Pero las alternativas andan todavía más dispersas a pesar del mayor número de escuelas que supuestamente han establecido una conexión con el traslado de nuevas posibilidades, —incluso algunas son universidades al final del día— pero las alternativas llamadas a romper estas indiferencias están aún más lejos, muy dispersas.

En ciento diez años han sido escritas diecinueve novelas dedicadas al tema del petróleo y unos ochenta cuentos cortos, donde están, quien los recopila, nadie. Esta es una basta literatura por demás muy hermosa, dura, realista, escrita con dolor, pero quien conoce a José Uribe Piedraita, Ramón Ayala A, Arturo Croce, Efraín Subero, tristemente nadie.

Y estas son las consecuencias de un modelo de coordinación centralizado como de costumbre desde el Gobierno de Caracas, y no puedo decir que ni existieron esfumados esfuerzos definir en la familia la coherencia de una conciencia por el petróleo. La elección continuada en las necesidades de las zonas rurales y su contrapeso con el resto del país son un desbalance histórico. Existe total desconexión entre lo familiar y la defensa de los verdaderos intereses petroleros de la patria. Por esa causa Venezuela vivió el desarrollo indetenible del golpe y paro petrolero del 2002 y 2003 con gran indiferencia por parte de sus autores. Nadie entiende que el petróleo en Venezuela debería ser un tema sagrado.

Para esto podríamos inundarnos de libros, charlas, seminarios, diplomados, cursos o especialistas. Quedaron en un mito cualquier intención de escribir alguito acerca de educación petrolera, —sin entender aún que ya era tiempo que debimos haber entrado a la antesala de los cambios donde vayan delante los más capacitados en esta área— pues el tiempo no nos ocupa en el propósito de apuntar en una educación distinta y con ideas recientes de cuestionamientos apartados.

La intención del pivote actual entre enseñanza y aprendizaje petrolera debe dejar de acariciar los cultivos de la individualidad. Veamos estos tres principios básicos:

 

  1. La inteligencia es variable: la carencia del compromiso espiritual del amor en la enseñanza coloca a los jóvenes en la abierta privación de experiencias. Por esta causa las neuronas se atrofian. El desuso de estas cambia el sueño de las aptitudes en las aulas, sobre todo si los profesores ya han adoptado los nuevos modelos de este globo colonizador planeta el cual ha interrumpido el riesgo de andar en el compromiso del aprendizaje vigoroso.

 

 

  1. El cerebro está ávido de sentido: los aportes de la medicina nos han llevado a conocer la asistencia que debiéramos dar —a los diversas patologías— acerca de los detalles importantes en lo que tendría que ser más efectivo a la hora de aprender. Un ejemplo, La medicina integral comunitaria.

 

Sin embargo, los nuevos modelos de resistencia —obtenidos a partir de la falta en el sentido del afecto— siguen manejando las mismas ideas desde el mismo paquete individual, teniendo por enemigo lo colectivo. El modelo societal asimilado muy bien desde la superestructura institucional sabe que la comprensión alcanza un mejor sentido cuando las respuestas a los procesos son discernidas y no impuestas por la organización de las leyes que no siempre son justas, aunque sean legales. Insistimos en que las respuestas de una localidad apartada nunca podrán igualarse a aquellas de las súper urbes.

  1. Puede aprenderse mejor con una educación moderada en los valores provenientes por los recursos de una nación: las grandes civilizaciones que hoy les decimos antiguas, adoptaron modelos de desarrollo que hoy en día son percibidas como desafíos y que nuestras sociedades no han podido volver a desarrollar. El tratamiento de la justicia y de la sanción han sido desarrollados actualmente dentro de modelos con formas atrasadas, pasadas —ahora impensables— pudiera ser más justo que los modelos actuales.

Pedirle a un alumno que se lance a pasos nuevos sin que el profesor demuestre una práctica distinta, es pedirle que se lance a un vacío desconocido sin ninguna garantía. Esto es más grave cuando ese muchacho observa que la estructura del Estado va de espaldas frente a la existencia de sus reservas petroleras. Él (alumno) va rumbo al fracaso y después la sociedad hará el resto.

Los estudiantes deben despertar la sensación de los esfuerzos, y sus profesores apartar la forma automática del éxito y explorar más bien el logro colectivo como nación que puede imbuirse en el petróleo. Son grupos de jóvenes formando alérgicamente parte de un aula donde conviven la mayor parte de los meses del año. Los desafíos no son herencia del pasado para citarlos como ejemplos o modelos. Muy al contrario: esta sociedad representa nuevos progresos que requieren de la exploración del reto de conocimientos, recientes, actuales, propios de realidades cambiantes. Es crear un Paradigma.

 

Las clases vigorosas son indiferentes porque en ellas se delibera alrededor de los descubrimientos y el conocimiento se convierte en el Estado vacío donde el educador revela el modelo impuesto desde una dirección inexistente en la defensa de lo petrolero.

 

El profesor se ha convertido en la figura administrativa de un aula. Pide dinero para la resma de papel, que si la vendimia, las rifas, que si quedan tres cupos para completar el San, contribuciones, aportes económicos, todo es dinero y lo menos que hay es clases.

Se ha dejado que la mayoría de los resultados vengan resueltos desde la web —por no decir todo— y han puesto en abandono académico a sus alumnos para que ellos busquen las soluciones —o lo que más se les parezca— a sus salidas. El cambio o las soluciones no provienen de un equipo, son individuales como es el modelo de esta sociedad. O sea, egocéntrico y no cosmocéntrico.

La cantidad elevada de niños en las aulas ha llevado a sus profesores a resolverles sus actividades antes que alcanzar entre todos las soluciones. Pero también están entrampados en el obligatorio cumplimiento del programa que pasa a ser radical y obligatoriamente cumplido antes que, aprendido, y se esconde el verdadero compromiso de esta sociedad que es el petróleo.

Los grandes convenios energéticos se firman en Miraflores, y en la escuela se desconocen los países miembros de la OPEP o los litros que conforman un barril de crudo. Venezuela no forma el relevo generacional para su corporación petrolera, los logros del curso lo desconocen. Porque el mismo no existe en ninguno de los programas actuales. En los libros de quinto grado del Ministerio del poder popular para la Educación se pide enseñarles a los niños sobre la Orimulsión. El proceso moderno más desnacionalizador que le impuso al país el "Grupo Giusti" conjunto al segundo mandato de Rafael Caldera 1994-1999. Y nadie dice nada.

Así, los profesores cometen error tras error esculpiendo un modelo individual de país (egocéntrico) ignorando que sus alumnos —un día estuvieron ávidos por la alegría de los conocimientos— han perdido el estímulo por culpa de un modelo que ha desfigurado la sencillez de sus sentimientos y los ha desnudado ante una sociedad educativa no muy sana en la consistencia de sus principios, y cómplice en sus análisis inmaduros. (Esta explicación es la llamada visión transpersonal)

La educación petrolera nunca existió y por lo visto tan pronto no se va a conformar. Estamos frente a la reacción de la formación individual y está entre nosotros para que sea ella la que pueda darle respuestas y sosiego a lo vulgar, ordinario y endémico de nuestra sociedad.

El anhelo es impulsar un nuevo modelo societal inspirado en las cosas sencillas y profundas que hoy amanece reclamando la sociedad. La comprensión del petróleo está alejada de la pluralidad de estas decisiones.

El amanecer de esa educación en cuanto al petróleo debería inspirar a su formador en un nuevo compromiso educativo. Necesitamos un instructor que deje la pedagogía de la personalidad (LO EGOCÉNTRICO) y un Estado que logre apartar las aspiraciones personales de cada ministro las cuales solo durarán tanto tiempo como éste se mantenga en el cargo.

La educación va más allá de todas estas sencilleces que mucho daño le están haciendo al estudiante frente a su futura responsabilidad con el país. Este parece un conejillo sin ningún resultado, sabor o ejemplo.

Para decirlo de una forma no tan dura: quien piense distinto y diferente al actual desprendimiento del petróleo en el modelo educativo lo hace bien, y estará enfrentado los sentimientos de esa estructura que viene despeñada desde un modelo educativo al cual han mantenido en prisión en todo lo relacionado con al petróleo. han apartado estas realidades de cada una de las regiones. El sueño del petróleo solo es mantenido en sus discursos.

Contra estos pensamientos inundados se debaten las decisiones de nuestros jóvenes, todos inscritos en un único sistema educativo que tímidamente cultiva logros políticos de un determinado sistema gubernativo.

Sistema político que según realidades, épocas e intereses se clasifican en dictaduras, capitalismo y socialismo, y todos han apartado la realidad de su conciencia por enfocar solo riquezas y lo formativo quedó desorientado en la conducta de desarrollo del país.

La educación petrolera—energética es una calma en movimiento, no existe ni en una quimera. Nadie ha dejado de preguntarse desde tiempos antiguos —una voz para algunos demonizada y para otros angelada— cuáles serán los rumbos a seguir por nuestros jóvenes estudiantes para la excelencia de un aprendizaje orientado en esta área tan importante.

Así, ignoramos respuestas o preguntas oportunas frente a la enseñanza del tema petrolero. Debemos mantener preguntas y respuestas abiertas apartando la infantilidad en la cual la institución estudiantil se sostiene o mantiene y que en la mayoría de los casos no desarrolla temas pertinentes.

Hay otras muchas formas de enseñar, pero una sola de llevar los pasos del interés nacional dentro del desarrollo de una sociedad del petróleo, no podemos seguir aislándonos en esta vía la cual espera; aquí hace falta poner demasiados ojos en el desarrollo de una conciencia petrolera.

Y más bien, nuestro modelo es desafiante, oculta la naturaleza de lo que somos.

La nueva era de la educación se soporta en la abundancia de los conocimientos. Los escasos criterios de aprendizaje deben movernos a superar los clivajes del conocimiento necesario para decidir una formación capaz de contener las filigranas de la actual trascendencia educativa.



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Miguel Jaimes

Politólogo, Magister Scientiae en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Gerenciales. Sus sitios webs; https://www.geopoliticapetrolera.com.ve y https://www.lamucuy.com.ve

 venezuela01@gmail.com      @migueljaimes2

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