Gringolandia: tres décadas borrando y rehaciendo el mundo

—"Los diezmados pueblos civiles sometidos a la voracidad despiadada de los nuevos dueños del mundo, el conglomerado industrial, comercial y gubernamental para quien los desastres, las guerras y la inseguridad de los pueblos son el siniestro combustible de la economía del shock".

A diferencia de la fantasía del Arrebatamiento cristiano, esa eliminación apocalíptica que permite la huida etérea de los verdaderos creyentes, los movimientos de renovación locales se basan en la premisa de que no podemos escapar de los terribles desastres que nos asolan y que a veces creamos con nuestras propias acciones. Postulan que ya habido bastante eliminación, de la historia, de la cultura y de las memorias. No se proponen hacer borrón y cuenta nueva, sino más bien hacer acopio de todos los errores, los restos, los escombros y las ruinas y reconstruirlo todo a partir de ellos. A medida que la cruzada corporativista prosigue su violento declive, aumentando el dial del shock para reverberar por encima de la creciente resistencia que se opone a su paso, estos proyectos señalan el camino a seguir entre fundamentalismos de distinto cuño. Radicales únicamente en su intenso sentido práctico, arraigados en las comunidades en las que viven, los pueblos se consideran meros reparadores, tomando lo que encuentran y arreglándolo, reforzándolo, haciéndolo mejor y más equitativo. Sobre todo, hacen acopio de resiliencia. Para cuando llegue el próximo shock.

El sucio secreto de la era neoliberal es que estas ideas jamás fueron derrotadas en el campo de batalla de las ideas ni tampoco fueron abandonadas por el pueblo en las elecciones. Fueron expulsadas a base de shocks aplicados en momentos políticos clave. Cuando la resistencia fue numantina, fueron derrotadas mediante el uso de la violencia; aplastadas por los tanques de Pinochet, Yeltsin y Deng Xiaoping. En otras ocasiones simplemente fueron traicionadas a través de lo que John Williamson denominó la "política vudú"; como hizo el presidente boliviano Víctor Paz Estenssoro con el equipo secreto de economistas al que recurrió después de las elecciones (y el secuestro generalizado de líderes sindicalistas); el abandono en reuniones a puerta cerrada del Freedom Charter a favor del plan económico secreto de Thabo Mbeki; o los exhaustos afiliados de Solidaridad rindiéndose ante la terapia de shocks económicos después de las elecciones a cambio de una vía de salida. Precisamente porque el sueño de igualdad económica es muy popular y, por tanto, muy difícil de derrotar en una lucha justa, es por lo que se adoptó en un principio la doctrina del shock.

Washington siempre ha considerado que el socialismo democrático es una amenaza mucho mayor que el comunismo totalitario, al que era sencillo demonizar y caracterizar como el gran enemigo. En los años sesenta y setenta la táctica preferida para lidiar con la inoportuna popularidad del desarrollismo y el socialismo democrático fue tratar de equipararlos con el estalinismo, desdibujando deliberadamente las clarísimas diferencia entre la forma de ver el mundo de ambas tendencias (hoy se utiliza una táctica similar al equiparar todo tipo de oposición con el terrorismo). Un ejemplo diáfano de esta estrategia se encuentra en los primeros días de la cruzada de Chicago, enterrado en la información desclasificada sobre Chile. A pesar de la campaña de propaganda financiada por la CIA para pintar a Allende como un dictador al estilo soviético, lo que de verdad preocupaba a Washington sobre la victoria de Allende en las elecciones lo expuso Henry Kissinger en un memorando a Nixon: "El ejemplo de un gobierno marxista democráticamente elegido y que consigue éxitos en Chile con toda certeza tendrá un gran impacto —y servirá de precedente— sobre otras partes del mundo, especialmente en Italia; la expansión por imitación de fenómenos similares por todo el mundo afectará significativamente al equilibrio mundial y a nuestra propia posición en él". En otras palabras, había que eliminar a Allende antes de que se propagara su tercera vía democrática.

El sueño que él representaba nunca fue derrotado. Fue, como dijo Walsh, temporalmente silenciado, obligado a esconderse bajo tierra por miedo. Por eso ahora, cuando América Latina emerge de sus décadas de shocks, las viejas ideas vuelven a salir a la superficie, junto con la "expansión por imitación" que tanto temía Kissinger. Desde la crisis argentina de 2001, la oposición a la privatización se ha convertido en el tema más definitorio de la política del continente, la cuestión capaz de formar o deshacer gobiernos a finales de 2006 prácticamente se estaba produciendo un efecto dominó.

Los latinoamericanos están retomando el proyecto que fue brutalmente interrumpido hace tantos años. Muchas de las políticas que plantean nos resultan familiares: nacionalización de sectores clave de la economía, reforma agraria, grandes inversiones en educación, alfabetización y sanidad. No son ideas revolucionarias, pero en su visión sin complejos de un gobierno que quiere ayudar a alcanzar la igualdad son ciertamente una refutación de la afirmación que Friedman hizo en 1975 a Pinochet respecto a que "el principal error, en mi opinión, fue creer que era posible hacer el bien con el dinero de otros".

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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