¿Pompeo y Marco Rubio enterraron a Maduro?

El flamante secretario de estado de los Estados Unidos que mata de emoción el mundo a su alrededor que, hoy 30 de julio envalentonado de poder como uno más del imperio que sin alborotar los entretelones de las comunicaciones intempestivas se bañó bien temprano de agua de colonia desconocida, por su marca en veremos, y como un Superman de las angustias sin fiebre alta, se puso su mejor traje intergaláctico para defender con osadía risueña sin ser pillado de cobarde con su corbata al aire atrapando miradas furtivas de envidias escondidas al congreso de los Estados Unidos se presentó ante él con su boca bien tapada que, lo alejara de allá del coronavirus que está ensañado sin que Trump lo quiera con todos ellos con sus excepciones.

El día de por sí se veía nublado sin mucha atención en Washington donde, Pompeo despejó sus nubes con mucha paciencia que, como un servil que tenía que arreglar cuentas tempraneras mordisqueo las esperanzas de ser puntual a la cita, cita que lo puso a dormir más tarde de los común entre los malos pensamientos del decir que no contraiga repulsa de los congresistas y como un ataja pelota de los campos de béisbol gringo se puso sus guantes que acicataran cualquier mal momento de un estornudo de murmullo que dejara mal a su presidente Trump, quien un poco antes por tuit pedía suspensión de las elecciones de noviembre por prestarse a contrariedades de ser fraudulentas, lo que pone a los Estados Unidos como un estado más al lado latinoamericano de malas prácticas y, Pompeo que respira profundo pensó en ello, pero ese no era su fin, era más profundo.

Revolcar a Maduro y a Venezuela dentro de los Estados Unidos actualmente es lo más fácil que hay que, cuando no es a Venezuela es a Maduro y como Trump siente un precario amor político por ambos con ambos vive soñando que en eso lo ha puesto Guaidó y su gente en un desvelo permanente que da lástima, pero a ellos los cubre de gloria que Venezuela se hunda no importa que Maduro no salga del poder que para tal fin ellos gobiernan.

Pompeo fue recibido por los republicanos como si de un héroe sin luchar se trataba y carpeta en mano se hizo presente con la sana intención de enterrar un mal presente que invade a una parte del electorado americano que, se la pasan soñando con dictadores y entre más más malos sueños y eso no es un buen proceder para quien quiere gobernar mandando con los cojones en buen estado sin dislocación ninguna y, según lo que Trump le había pedido a Pompeo horas antes enfurecido de vileza le dijo con fuerza, remata como si tú fueras yo y aprieta hasta dar con el talón de Aquiles que allí está nuestro porvenir como gobierno y, Pompeo le dijo, de bolas que sí que apretaré hasta que suelte uno y no haya más dudas.

Pompeo pensativo oyó cuando dijeron: secretario de estado pase al estrado y, al estrado pasó y se sentó con una misión que no tenía escapatoria como en una película donde la ilusión escapa a última hora sin que nadie lo espere y como un guión bien escrito el momento se dio.

Inmediatamente sin una sonrisa callejera que mostrar con su tapabocas a un lado que no ensuciara sus palabras que iba a soltar como senador por el estado de Florida, micrófono en mano despertó a la concurrencia cuando se presentó como Marco Rubio, como lo más sincero a la comodidad y lealtad a las leyes de los Estados Unidos y con voz de picardía obstinada de emoción, le preguntó a Pompeo:

Señor secretario de estado: jura usted decir la verdad y solo la verdad a este congreso: sí, lo juro -dijo- Pompeo.

Entonces, dígame con su propia voz: el presidente Trump se reunirá con Maduro -responda: No.

Y qué pasó después, el muerto al hoyo. No hubo más pregunta. No hubo más respuesta.



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Esteban Rojas


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