El de J.M. Santos, otro plan de guerra condenado al fracaso

El Ministro de Defensa Juan Manuel Santos, propietario del periódico El Tiempo, ha dado ha conocer en la edición dominical del pasado 29 de octubre, la estrategia militar y de guerra que se adelantará durante su gestión para derrotar a la guerrilla de las FARC-EP e imponer el añorado régimen despótico de la clase dominante colombiana, completamente paramilitarizada (1).

En el colmo del folclorismo de que hace gala la elite política se esbozan proyectos para un escenario de posconflicto a partir de la destrucción del movimiento revolucionario insurgente. Soñar no cuesta nada, sentencia el refrán popular cuando escucha este tipo de disparates.

Se trata de un plan permeado por postulados bélicos y neoliberales dado que en su diseño se acudió a la doctrina militar imperialista del unilateralismo y al management empresarial en boga. Sus autores, tanto Santos como Juan Carlos Pinzon, el Vice Ministro de Defensa y otro par de asesores que figuran como eminencias grises de la academia ultraderechista, “utilizando técnicas de banca de inversión” –donde prevalece el interés mas usurero- hicieron una proyección del negocio de la guerra con dineros del Estado y los contribuyentes, para enriquecerse aun más junto a generales y oficiales podridos en la corrupción por su estrecha relación con el mundo del narcotráfico y las mafias de la droga (2).

Veamos en detalle esta estrategia y cada uno de sus componentes.

El primer componente es la plata, que vendrá por cuenta de un nuevo impuesto al patrimonio, el brutal recorte a las transferencias fiscales a entidades territoriales, la venta del 20% de ECOPETROL y otras privatizaciones de bienes públicos, para recoger cerca de 9 billones de pesos, que irán a parar al bolsillo de la corrupción y de la burguesía paramilitar, que se las arreglará para apropiarse de esta billonada. Es lo que ocurrió en los pasados 48 meses con el otro impuesto a la guerra que se creó para respaldar el fracasado Plan Patriota y toda su parafernalia militarista.

Según el periódico El Tiempo, el Plan de Santos tiene 25 puntos con 25 burócratas haciendo la gestión respectiva.

Unir la estrategia militar con la parte administrativa es un propósito explicito para lograr una fusión eficaz, algo que se torna improbable dada la mediocridad que caracteriza a los dos aspectos en la actualidad. Los militares colombianos son unos ineptos y sus administradores una ruina completa. Así que su ensamble será un descomunal fracaso.

Otro componente es la reorganización de las brigadas y divisiones dependiendo de las necesidades de cada región. Formula inútil, como se ha comprobado con los batallones de alta montaña, las brigadas móviles y la FUDRA, artefactos rimbombantes que terminaron convertidos en verdaderos elefantes blancos del uribismo.

La fragmentación del territorio en zonas rojas, amarillas y verdes son un mal síntoma porque se disfrazaran las zonas de rehabilitación para proseguir con las capturas masivas de lideres campesinos, para profundizar el desplazamiento y agravar el extermino y asesinato de humildes personas por parte del neoparamilitarismo.

La creación de Fuerzas de Tareas Móviles amplia la mercenarización del aparato armado estatal para que prosiga en su siniestra misión de masacres, homicidios, secuestros, torturas y desapariciones de lideres populares en el agro colombiano.

El incremento del pie de fuerza en mas de 42 mil unidades además de militarizar la sociedad, le da forma a políticas de agresión en las fronteras contra Venezuela y Ecuador. Entramos en un nuevo capitulo de tensiones y desafíos a los vecinos y sus procesos de cambios a favor del pueblo, como ocurre con la revolución bolivariana que lidera el Presidente Chávez. El Plan Social para las fronteras que anuncia Pinzon es una cortina de humo que esconde los planes conjuntos con el imperialismo gringo para agredir y aplastar la revolución bolivariana.

Los frentes urbanos de seguridad a cargo de la policía, son expresiones de la contrainsurgencia urbana promovida desde el Comando Sur, que de la mano del paramilitarismo pretenden barrer la movilización y resistencia popular. Es previsible que en el marco de esta dinámica se sofistique el ESMAD, como dispositivo para exterminar la protesta estudiantil, juvenil y de la pobresia citadina.

La reorganización de la Inteligencia se propone saturar la sociedad de delatores y sapos. Obviamente será el caldo de cultivo de los famosos “positivos” y montajes militares para apropiarse de millonarias cifras del presupuesto público, según lo hemos visto recientemente por las denuncias hechas en el Senado por los parlamentarios de la Oposición legal.

Superar la duplicidad de funciones entre los sectores del estamento armado es una quimera dada la filosofía individualista y competitiva que allí prevalece.

La Acción Integral para invertir 600 mil millones de pesos en 500 corregimientos del país será otro frente de corrupción en el que prosperara la delincuencia de cuello blanco del Ministerio de Defensa, al tiempo que se amplía la pobreza de campesinos, indígenas y afro colombianos.

La repotenciación de 4 fragatas, 2 submarinos, 36 tanques urutús y cascabel, la compra de 34 helicópteros, 6 aviones de transporte, 4 patrulleras costeras, 4 nodrizas, 30 vehículos blindados, 2 plataformas de inteligencia y armamento de largo alcance como fusiles, ametralladoras M-60 y Punto 50, lanza granadas y morteros, por valor de 4 billones será la feria del contratismo y el fraude con técnicas bancarias, del management y del marketing que tanto le agrada al señor Santos, un inescrupuloso sujeto con ambiciones sin control. Capaz de cualquier cosa, según el senador Vargas Lleras.

Muy seguramente este publicitado Plan terminará como el de la señora Martha Lucia Ramírez, hoy senadora del Partido de Santos, quien hace cuatro años intento deslumbrarnos con su Seguridad Democrática, la cual termino siendo un completo fiasco para el país.

Bastante probable que en el futuro inmediato la resistencia campesina guerrillera de las FARC-EP desbarate la entelequia de Santos-Pinzón con las nuevas tácticas de la lucha insurgente derivadas de la experiencia de Hezbolá en su contundente lucha contra el Ejercito Israelí.

La reciente victoria de Hezbolá ha demostrado que Israel –y cualquier fuerza militar occidental moderna y tecnológicamente sofisticada- puede ser derrotado en combate abierto si se emplean las tácticas militares adecuadas y se sostienen durante un período prolongado. Hezbolá ha proporcionado el modelo para derrotar a un ejército moderno. Las tácticas son sencillas: aguantar la primera oleada de campaña aérea occidental, luego desplegar fuerzas que sepan manejar bien una serie de cohetes dirigidos contra objetivos clave del enemigo, -militares y económicos-, después aguantar una segunda campaña aérea más fuerte y, a continuación, prolongar el conflicto durante un período extenso. En algún momento, como ocurrió en el caso del ataque de Israel contra Hezbolá, el enemigo se verá obligado a movilizar tropas terrestres para conseguir lo que sus fuerzas aéreas no pudieron. Es en esta última y crítica fase, cuando una fuerza entregada, bien entrenada y bien dirigida puede infligir un daño enorme a un sistema militar moderno y derrotarlo (3).

Notas.

1. http://www.eltiempo.com/conflicto/noticias/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3303436.html.

2. 1. http://www.eltiempo.com/conflicto/noticias/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3303436.html.

3. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=40439


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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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