La geopolítica del miedo, Medio Oriente y Venezuwla

Debemos entender la geopolítica del miedo, como la estrategia de territorialización del accionar político y estratégico, empleando el miedo como arma en términos de una Operación de Guerra psicológica (OPSIC). La geopolítica del miedo, tiene su punto de origen en la crisis del modelo soviético en 1989. A partir de ese momento, la construcción de referencias simbólicas (amigo-enemigo) no podía tomar ya como eje del mal al comunismo. Se hizo necesario la “construcción” de un nuevo (y poderoso) enemigo, ante el cual los Estados (más bien potencias) occidentales articularan sus esfuerzos. Ese enemigo declarado fue el mundo árabe-musulmán, y el gran creador (o justificador) fue el célebre intelectual norteamericano Samuel P. Huntington en su Choque de Civilizaciones (1996), ahí también se incluían las amenazas “china” y “latinoamericana”, lo cual nos indica la dinámica a seguir.

No es casualidad la perfecta sincronización temporal entre Choque de Civilizaciones y el denominado Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNSA), bajo la responsabilidad de Donald Rumfield, Dick Cheney y Paúl Wolfowitz, Secretario de Estado, Vice-presidente de EEUU y presidente del Banco Mundial, durante la gestión de George W. Bush (2000-2008). Entre 1990 y 1996 se formuló la nueva política exterior de EEUU, que pretende: 1) imponerse militarmente sobre sus aliados (Francia, Inglaterra, Alemania, Japón) y sus enemigos históricos (China y Rusia), 2) lograr un suministro seguro de petróleo, 3) alcanzar una superioridad tecnológica-militar a través de la revolución en Armamento Militar (RAM) y 4) generar un reacomodo del mapamundi en función de sus intereses estratégicos. El objetivo de esa política es la imposición hegemónica y ese accionar fue el marco desde el que se desató la I (1990-1991) y II Guerra del Golfo (2003-2010), que resulto en la invasión a Irak y el derrocamiento de Sadam Hussein, como un primer paso para alterar el mapa estratégico en el denominado Medio oriente ampliado (MOA) y cuyos objetivos tienen como principal blanco a Libia (ya concretado), Irán (en proceso) y Siria (en proceso).

Para los EEUU se trata de generar todo un mecanismo múltiple, que incluye movilización militar de última tecnología (drones, bombardeos inteligentes”), operaciones de propaganda y guerra psicológica, financiamiento de grupos armados o tercerización de la guerra, todo ello con la finalidad de propiciar la conformación de gobiernos que respondan a sus intereses geopolíticos. No debe olvidarse como en el caso de Irak, ha significado la imposición de un gobierno suníes, que se impone a la mayoría shiita (pro-iraní). O el hecho que el gobierno posterior al asesinato de Gadhafi en Libia, le ha otorgado grandes concesiones a trasnacionales del petróleo como ELf (Francia), Chevron-Texaco (EEUU), Shell (anglo-holandés). En el caso de Siria, se ha impulsado al mal llamado Ejército Libre Sirio (ELS), mostrándolo como desertores y desencantados con el gobierno del presidente Bachar Al-Assad, cuando la verdad es que detrás se encuentran el Consejo de Estados del Golfo Pérsico (Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Kuwait, Qatar), cuyos jefes de gobierno responden (y obedecen) los lineamientos devenidos desde el Departamento de Estado de Norteamérica, bien a través de la USAID, la NED o el trabajo (y financiamiento) clandestino de la CIA. O en el caso de Irán, bajo la excusa del Programa de Investigación Nuclear que adelanta, se intenta cercar y aislar a su gobierno, por la incidencia que la población shiíta tiene en él.

En todos esos casos, el mecanismo es el mismo: la geopolítica del miedo, que consiste en crear las condiciones para justificar políticas, económicas o militares a través de diversas acciones, que incluyen la doctrina del shock (crear estallidos bélicos o crisis económicas) para justificar la intervención, generar desinformación (difundiendo el miedo, el caos y la zozobra a través de operaciones de guerra psicológica), y finalmente generar la geografía del caos; eso es zonas inestables, donde la violencia se ha incubado y hace necesaria la acción conjunta de todas las naciones “civilizadas” para evitar el desorden.

Al extrapolar esta sistemática forma de actuar hacia Venezuela, encontramos coincidencias alarmantes. Por una parte la conjunción de errores en el diseño de políticas económicas, derivadas de una burocracia nada comprometida con el socialismo bolivariano pero por la otra, una consecuente política de boicot económico, manifestado en crisis entre los capitales trasnacionales en transporte (aéreo), dotación de insumos (alimentos, repuestos, medicinas), que afecta la calidad de vida de los venezolanos y muestra, ante el mundo, una situación de ingobernabilidad. Por la otra, el financiamiento a grupos civiles, que buscan crear condiciones de insurrección popular, basándose en el descontento que causa la crisis económica. Todo ello magnificado mediante los medios de comunicación social. Se focaliza una geografía del caos venezolana: Zulia, Táchira, Mérida, Apure, creando (impulsando) grupos que apuesten por la autonomía secesionista y separatista. ¿Coincidencia con el esquema planteado (y ejecutado) en Libia, Irak y Siria? Para nada. Estamos sin lugar a dudas en un escenario de amenazas, que no tienen nada que ver con la ideología del proyecto bolivariano y sí mucho que ver con la importancia geoestratégica del petróleo venezolano.


*Historiador/politólogo

Juane1208@gmail.com


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Juan Eduardo Romero J.

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

 juane1208@gmail.com

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