De la independencia a la Revolución: 200 años de historia

Estamos en el Ciclo Bicentenario, y cuando lo definimos hablamos de un período de larga duración que comprende la dinámica histórica y social, prácticamente inmediatamente después de la irrupción del europeo en el siglo XVI. Sí bien, la historiografía habla del Bicentenario, para comprender los procesos desarrollados a partir de 1810, la realidad es que los grandes elementos conceptuales que mueven los pronunciamientos y discursos de Bolívar, Sucre, Soublette, Urdaneta, Mariño, German Roscio, Miguel Saénz entre muchos otros, giran en torno a los problemas de libertad, participación y acceso a la propiedad.

Estos tres (3) grandes temas se transversalizan con las luchas anti-imperialistas y anti-capitalistas como grandes constructos pensamentales que conectan ese pasado de la independencia con los procesos revolucionarios que se suceden en pleno siglo XXI. Afirmamos que las resistencias indígenas, africanas e incluso de algunos blancos criollos o europeos, quienes se articulan ante las contradicciones de la sociedad colonial hispana implantada en Nuestra América se comunican sobre el peso de las contradicciones que el incipiente sistema capitalista generaba desde principios del siglo XVI. Esas contradicciones explican los procesos de insurgencia y rebelión que se inician con el Negro Miguel en Buría en 1553 y continúan – en cuanto su significado- con los procesos insurgentes de José Leonardo Chirinos (1795), Gual y España (1797), la invasión de Miranda (1806-1808). Señalamos contundentemente que sí bien las celebraciones oficiales del Bicentenario dan como fecha de inicio los procesos que conducen al 19 de abril de 1810, estos no son posible sí no entendemos en un contexto de unidad a través de resistencias simbólicas y concretas a la acción de dominación y sometimiento que se impulsa desde el modelo europeo capitalista.

Las contradicciones internas de la sociedad colonial, nos permiten entender los avances y retrocesos que el proyecto liberador de Simón Bolívar tendrá. La necesidad – esbozada con la pérdida de la 1era república en 1812-1813- de articularse con los sectores mayoritarios de la población (zambos, mulatos, mestizos, afrodescendientes) surge producto de la necesidad de darle significado a las reivindicaciones surgidas en las estructuras sociales subordinadas a través de la coacción violenta. Cuando el Libertador promulga el Decreto de Guerra a Muerte en 1814, lo hace en función de articular en el bando patriota a esos sectores sociales que representaban el 83% de la población y que históricamente habían sido excluidos y sometidos. No obstante, ese pronunciamiento las contradicciones internas de las clases sociales propietarias (blancos europeos y criollos) generaron retrocesos que retrasaban a aplicación de medidas de reconocimiento social (acceso a la propiedad, libertad social y de pensamiento) hasta bien entrado el siglo XIX. El Proyecto Integrador Bolivariano (PIB) pasaba por la incorporación de los espacios regionales que se conformaron bajo distintas denominaciones territoriales (Virreinatos, Gobernaciones, Capitanías Generales, Provincias) distribuidas desde el actual México hasta la Patagonia, eso con la finalidad de articular una respuesta geopolítica a la incipiente presencia militar y estratégica de los EEUU. Sin embargo, esas mismas contradicciones que impidieron reconocer los derechos de los grandes colectivos, se coaligaron para obstaculizar la conformación de estos bloques regionales de poder y se transformo en un gran reto que tiene total vigencia en el siglo XXI. Por ello, el significado simbólico que adquiere el establecimiento de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y El Caribe (CELAC) este 05 de julio de 2011.

Doscientos años después de promulgarse la 1era Constitución Liberal de América Latina, se constituye una organización regional de poder – con la exclusión de EEUU y Canadá- asumiendo mucho después que el Libertador hablara en su Carta de Jamaica (1815), la necesidad de organizarse como una opción contrahegemónica a los factores de poder existentes para el siglo XIX. La CELAC es una alternativa contrahegemónica al sistema capitalista y sus organismos multilaterales que responden a sus intereses geoestratégicos. La incorporación del conjunto de países de la zona, tiene como objetivo construir una alternativa que facilite el avance de propuestas de integración bajo un enfoque anticapitalista, pero al mismo tiempo que responda a los retos que el siglo XXI provee desde el punto de vista de alcanzar metas de equidad y libertad que han sido limitadas por el impacto del pensamiento neoconservador, desarrollados a partir del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNSA) que pretende lograr el control sobre fuentes energéticas mundiales, la hegemonía sobre fuerzas aliadas (Francia, Inglaterra, Alemania) y enemigas (Rusia, China), la imposición de modelos comerciales de intercambio (Tratados de Libre Comercio) entre otros tópicos.

La propia dinámica del sistema postcapitalista le da sentido a la CELAC como un modelo contrahegemónico, destinado a crear equilibrios desde el punto de vista del manejo nacionalista de recursos estratégicos (agua, petróleo, biosfera) que son cada vez más escasos en los países del denominado G-8 y que están presentes en potencias emergentes como Venezuela, Brasil, India, entre otros. Doscientos años después, se vuelve a plantear un escenario de confrontación anti-imperialista y anti-capitalista, pero con nuevos retos y perspectivas.


*Historiador

Juane1208@gmail.com


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Juan Eduardo Romero*

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

 juane1208@gmail.com

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