Un chiste de mal gusto

Como un chiste de mal gusto (dirty joke) calificó Noam Chomsky al Premio Nóbel de la Paz otorgado por los noruegos al disidente chino Liu Xiaobo que, como otras ediciones de este premio en el pasado, ha respondido a los intereses geopolíticos de las naciones desarrolladas, principalmente a los intereses hegemónicos del eje EEUU-Europa, interesado en este momento en cercar a la República Popular China y controlar su crecimiento económico. Es parte del entramado que el complejo militar industrial estadounidense construye, para aislar cualquier asomo de amenaza contra el poder mundial de la burguesía transnacional, que no acepta posibilidades distintas de relaciones políticas y económicas, sino las que se desarrollen bajo sus normas, premisas y controles.

De allí, el gran recelo que les produce ver emerger con una fuerza económica inusitada a un gigante nacional de un mil 500 millones de personas, con una cultura, historia y tradiciones, muy diferentes de las del mundo occidental y, para colmo, dirigida por un partido que se llama comunista, poderoso y victorioso en circunstancias diversas y muy difíciles, que trascendió en forma exitosa la caída del llamado “socialismo real” y que posee una única experiencia en la construcción de una gran nación, mediante arduas y largas luchas anticoloniales y antiimperialistas, así como en el enfrentamiento de desviaciones antinacionales internas de gran fuerza, como fue el caso de la “Revolución Cultural”. En escasos 60 años, China pasó de ser un territorio feudal fraccionado y atrasado a convertirse en una nación contemporánea, capaz de alimentar a todos sus habitantes y de despuntar económicamente y retar la hegemonía de los países capitalistas actuales.

Para la burguesía, la propiedad privada de los medios de producción y de la tierra, así como el libre mercado, constituyen axiomas absolutos y eternos, impuestos a las sociedades humanas por designios divinos. A lo anterior se unen, en lo político, la democracia parlamentaria bipartidista, la separación de los poderes, la libertad de prensa y una supuesta neutralidad de las fuerzas armadas. Estas máximas son consideradas como partes del mundo natural y no como simples creaciones del hombre que no han existido siempre y que, por lo tanto, no tienen por qué existir eternamente. Por estas razones no pueden aceptar la existencia de regímenes políticos diferentes, como el caso del chino. De allí el nacimiento de una nueva guerra fría, localizada en el continente asiático, que sin olvidar a Rusia tiene a China como su principal adversario, contra quien se declara una guerra monetaria, se construye un bloque militar en el mar de China y se acuerdan alianzas con países vecinos como India e Indonesia.

Liu Xiaobo, totalmente desconocido por el mundo occidental hasta no hace mucho, y su Premio Nóbel son unas simples piezas de esta conjura.


lft3003@yahoo.com


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Luis Fuenmayor Toro


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