Venezuela, lección aprendida…

La noche lucía desolación perturbadora, el amanecer trae consigo necesidad inquietante por desandar caminos jamás recorridos de aquella nación, apuntala entonces cultivar esperanzas perdidas sobre tan cruel destrucción. Hambre, enfermedad y muerte, gobiernan sin piedad profunda e indiferente. Etiquetas de ambición desmedida rompen promesas de prosperidad, quienes mantienen secuestrado el poder, a manos de engaño miserable, racionan recursos  y saquean riquezas, pero sobre todo, hieren el presente y asesinan el futuro, dejando en el pasado recuerdos de burla y traición. Incontables seres en calles solitarias, con rumbo incierto, recogen las sobras y el desperdicio de opulentos despiadados. Caseríos, comunidades y ciudades, antes prósperas, se inundan de lágrimas desconcertantes vestidas de pueblo indefenso.

En las afueras naciones indolentes observan la implacable aniquilación. Imperios disfrazados de guías y protectores, de nuevo, enarbolan banderas de emancipación. Guerra injusta de intereses mezquinos y nefastos, aguardan detrás de aquella máscara hipócrita, mientras doblegan y oprimen en múltiples frentes, sumergiendo el grito de auxilio en gargantas sangrantes de sed, tristeza y dolor. Esclavistas sentados sobre trono de oro negro, pactan entre sombras el complot para desmembrar la tierra amada de muchos que aún permanecen atrapados en un vendaval de mentiras, odios y manulapacion, entre tanto familiares y amigos, sufren desde la distancia, bajo otros cielos, la penumbra y desconsuelo de no poder abrazar a los suyos, tan solo mirarlos por ventanas ilusorias simuladoras de tranquilidad.

Bandidos, inmorales y cobardes empuñan las armas de la república, cómplices de civiles timadores, aparentando apoyar al desvalido, clavando dagas incandescentes con maldad en despojos humanos sepultos de olvido. Burócratas infames escudados de diálogo celebran en banquetes ostentosos, el triunfo de su vileza, solo dilatando el fin del horror desmedido, acorralando con renovadas cadenas a ilusos e inocentes. Abominable escenario producto de la ambición atroz del egoísta e impío, impulsan vertiginoso, desde las entrañas de la conciencia universal, terminar la pesadilla y despertar a una renovada realidad.

Superlativo es reunificar la humanidad a imagen y semejanza de la antigüedad, como lo fue en el principio, cuando no existían fronteras, países y seudo-sistemas que presumen independencia para legitimar el saqueo, tal diversidad de idiomas y conceptos que únicamente generan división. La pluralidad cultural, recursos y oportunidades al alcance del gran conglomerado de nuestra especie, un nuevo orden mundial al servicio de todos, donde las mentes más actas y brillantes desarrollen e implementen, bajo la supervisión pormenorizada de autoridades, aquellas decisiones trascendentales para el progreso, respetando siempre los principios elementales de igualdad y justicia, así desaparecerán dictadores, opresores y falsos políticos de otrova.

Hoy le tocó a Venezuela, junto a muchas otras latitudes del mundo, ayer fueron otras y mañana de seguro tomarán el testigo pueblos distintos. Gran aprendizaje e infinita humildad en virtud de cosechar los saberes. Sobrevivir de la masacre, sortear la extinción de la forma de vida que ostentamos y alcanzar redención se juntan en abrazo luminoso. Lección aprendida en tiempos de escasez y oscuridad, serán las antorchas que disipará las tinieblas del entendimiento cautivo. Nuevo amanecer exige bautizó al firmamento, los hijos de la tragedia pronto serán ejemplos para el mundo, la historia condenará a responsables e inmortalizará a valientes guerreros que lucharon hasta el último aliento por construir el conocimiento y forjar la libertad. 



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Wilman Bernal

Lcdo. Administración, organización y sistemas. Profesor universitario

 wilmansanz@gmail.com

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