Las hermanas gemelas siameses: la libertad y la responsabilidad

La libertad y la responsabilidad están tan unidas como unos gemelos siameses.
El ejercicio de la libertad y el de la responsabilidad no pueden andar separados, cada uno por su cuenta, una por aquí y la otra por allá.
Tienen necesariamente  que caminar juntas, ponerse siempre de acuerdo y hacer sus vidas en concordia para ser capaces de mantener un equilibrio racional.

En el estado natural de convivencia de los seres humanos sea como individuos, como familia, como empresa y como comunidad, no puede haber libertades sin estar acompañadas  de su respectivas  responsabilidades. No se pueden crear libertades sin crear simultáneamente responsabilidades, así como no se pueden otorgar derechos sin exigir deberes como contrapartida o compensación.

La representación de valores inmateriales o intangibles como la libertad y la responsabilidad en una obra palpable no es tarea nada fácil, por no decir que es casi imposible. Sin embargo escultores y pintores han intentado siempre hacerlo algunas veces con éxito, pero muchas otras con fracaso. Lamentablemente la colosal y muy conocida estatua de la libertad creada por el artista francés Frédéric Bartholdi y donada por el gobierno francés al pueblo norteamericano en 1886, corresponde a esos casos en que la forma de simbolizar al valor de la libertad fue un fracaso, sencillamente porque esta incompleta, le falta a su lado la otra mitad y componente: la estatua de la responsabilidad.
Por consiguiente, el gran monumento a la libertad debería de estar compuesto de dos estatuas gemelas, una al lado de la otra.

La ausencia de la estatua de la responsabilidad junto a la de la libertad, persuadió a los pueblos de las nuevas repúblicas emergentes del continente americano, a darle mucho más importancia al valor de la libertad que al valor de la responsabilidad, a concentrarse más en perseguir como objetivo más derechos sin tomar en cuenta los correspondientes deberes.
Ese nuevo interés surgido en las sociedades de la época, por lograr adicionales derechos obviando y rehuyendo los respectivos deberes, desató pocos años después un poderoso culto a la libertad en los Estados Unidos de Norteamerica, nación grande y moderna que avanzaba ya a pasos agigantados para convertirse en la nueva potencia mundial, quedando en consecuencia endeble, sin fuerzas y como menos importante el valor de la responsabilidad y el de los deberes sociales, los deberes de las empresas y los deberes de los gobiernos.

Ese culto a la libertad se ha propagado de tal modo y con tanta fuerza que desde hace décadas sólo se habla y se lucha por más derechos y más libertades, permaneciendo ignorados los respectivos deberes y la responsabilidades, como si no fueran necesarios, lo cual ha traído como consecuencia un exceso de libertades completamente desproporcionado al compararlo con la responsabilidades.

Es un hecho evidente e indiscutible que el ejercicio de la responsabilidad en relación con la libertad ha estado condenado a un segundo plano, por ser considerado más bien como un obstáculo y no como el elemento fundamental de protección de la colectividad que es en el fondo. Por eso se puede afirmar, que al ejercicio de la libertad se le conceden arbitrariamente más privilegios y más prioridades que al ejercicio de  la responsabilidad, este desafuero es en el caso de las empresas aún más frecuente y  perjudicial.

Esa caprichosa evasión de la responsabilidad por parte de las empresas e industrias ha generado con el paso del tiempo, gravísimos problemas sociales, económicos y ambientales que han tomado ya dimensiones de amenaza, incluso de poner en riesgo la existencia de la raza humana.

Veamos a continuación el siguiente ejemplo de lo que se podría llamar los efectos negativos del exceso de libertades y pocas responsabilidades:

Contaminación ambiental y agotamiento de los recursos naturales renovables
El llamado Liberalismo económico del siglo XIX promovido por las teorías del filósofo escocés Adam Smith, dió inicio a un movimiento ideológico de transformación de los principios de economía y producción en Occidente, el cual haciéndole honor a su nombre, introdujo una serie de nuevos postulados liberales entre los cuales se encuentran los siguientes:  
Libertad económica y libertad de empresa
Libertad de iniciativa privada
Libertad del ejercicio de las facultades humanas
Libertad de actuación de las motivaciones humanas
Libertad de acción de la demanda y de la oferta
Libertad de circulación de productos, capital y trabajadores

A partir de ese momento se desencadena con mucha fuerza el desarrollo industrial y el crecimiento económico a nivel mundial.
Es muy importante señalar, que para las condiciones de densidad de población, disponibilidad de recursos naturales, estilo de vida e índice de consumo  en que se encontraba el mundo para aquella  época, el razonamiento de Smith y su tesis fueron adecuados y conformes a la situación que se vivía hace 200 años. Tanto fue el entusiasmo de los gobiernos por las actividades empresariales que contribuían con el desarrollo económico, que en el año 1915 el presidente de los Estados Unidos Thomas Woodrow Wilson llegó a proclamar: "Si a la General Motors le va bien, a Estados Unidos también".

Después de transcurrido más de 150 años, desde que Smith lanzó su tesis sobre la economía de libre mercado, supongo que ustedes estarán de acuerdo conmigo, en que las condiciones en el mundo son enteramente otras:  7 mil millones de habitantes, alta contaminacion ambiental, agotamiento de recursos naturales, estilo de vida despilfarrador y un alto índice de consumo per cápita.

Con estas desventajosas y críticas condiciones en que nos encontramos  nosotros todos cohabitantes y nuestros  indispensables recursos naturales, continúan los empresarios de modo irresponsable e irracional,  exigiendo aún más libertades y menos regulación e intervención de los gobiernos para sus actividades, cuando en muchos sectores económicos se ha arribado ya al umbral de tolerancia de saturación, en que una mayor producción de bienes y un mayor consumo genera a la colectividad y a la naturaleza mucho más perjuicios que beneficios, es decir, se convierten en actividades contraproducentes y dañinas para todos y para la naturaleza.

Ha llegado el momento crucial de rescatar la responsabilidad del destierro y la postergación a la que ha sido condenada desde décadas.
Ya lo dijo Aristóteles hace miles de años: « El hombre apartado de ley y justicia es el peor de todos los animales. »
Esta sentencia aristotélica la han estado confirmando y poniendo en práctica  los dueños y accionistas de las innumerables empresas de producción de bienes y de servicios a nivel mundial, que no han sido capaces ni siquiera de reconocer y aceptar por propia iniciativa, su enorme responsabilidad social empresarial, en relación con la salud general de la colectividad y con la protección y la conservación de los recursos naturales. En vez de investigar y crear nuevos procesos de producción más ecológicos y menos contaminantes, como parte de su imprescindible aporte a la colectividad y a la conservación del planeta en que vivimos, las empresas se siguen dedicando ciegamente a obtener la máxima ganancia al menor costo posible en sus actividades como se hacía 200 años atrás, ignorando sin remordimiento ni pesar, todo el daño que ocasionan al recrudecer la contaminación ambiental existente y al empeorar el agotamiento de los recursos naturales.

Con exceso de libertades y sin responsabilidades el dueño o accionista de una empresa es actualmente el peor de todos los animales. Si ésto resulta duro escucharlo, mucho más duro y triste nos resulta comprobarlo cada vez que observamos hoy en día el comportamiento y la actitud de los empresarios obrando y arrasando con todo, como si a su alrrededor no estuviera sucediendo nada negativo o como si vivieran en un mundo de fantasía, donde los recursos naturales fueran infinitos y donde sus desechos contaminantes y drenajes ácidos fueran aire puro y agua pristína.

Los hombres y mujeres conscientes de su responsabilidad, tenemos que hacer una campaña mundial de recaudación de dinero, para regalarle a los Estados Unidos la colosal estatua de la responsabilidad que falta en Nueva York a lado de su hermana gemela, antes de que su irresponsabilidad, irracionalidad y decandencia,  debilidades éstas que aún hoy siguen siendo imitadas por algunas naciones obedientes y sumisas del mundo occidental, continúen haciendo el planeta cada vez más inhóspito y desagradable.

Las empresas por su falta de responsabilidad social y ecológica, y por no querer entrar en razón, quedarán para la historia de la humanidad como las organizaciones que hicieron más daños que beneficios a la colectividad y a la naturaleza. ¡De semejante legado no se puede estar orgulloso!

Urrutia@ksw.ch



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