Los 6 grandes errores de Chávez: (I) Hiperliderazgo y Dirección Anti-Democrática

 

El presente artículo es un aporte al debate sobre el balance de Chávez como dirección política del Proceso bolivariano, que no solo estamos abordando a lo interno del proceso constituyente de Marea Socialista, si no que es un debate nacional que se ha instalado en el pueblo Venezolano motivado por la crisis que actualmente padecemos.

 

Introducción

 

Todo balance político tiene sus aspectos positivos y negativos, de los cuales se pueden sacar conclusiones generales. Por ello es indispensable que después de los años extraordinarios y acelerados que se vivieron desde el 27 febrero de 1989 hasta el 8 de diciembre de 2012 se haga un análisis crítico de lo acontecido. Visualizar los errores cometidos para no repetirlos es fundamental para encontrar una orientación y una salida correcta a la catástrofe que estamos viviendo.

 

La crisis de la humanidad es la crisis de sus direcciones políticas”, es una máxima histórica que se ha cumplido a cabalidad en todos los procesos de revoluciones, rebeliones o movilizaciones de los pueblos. Necesariamente para evaluar el Proceso bolivariano hay que evaluar a Chávez como dirección política de este. Su liderazgo indiscutible determinó que tuviera una responsabilidad directa en el avance, estancamiento o retroceso de la revolución. Sin duda, una parte importante de los vicios, desviaciones y errores graves, recaen sobre la dirección actual del PSUV, pero no se puede obviar que hay responsabilidades políticas determinadas que recaen en el dirigente principal.

 

El presente análisis es realizado en el marco del proceso bolivariano, sobre el cual hice un aporte previo a manera de balance general: “Revolución Bolivariana 1998-2012: un proceso progresivo y sumamente contradictorio” (http://www.aporrea.org/ideologia/a223767.html). Un balance hecho desde el chavismo crítico, el chavismo sin gobierno. Un aporte dirigido a debatir con aquellos que vivimos únicamente de nuestro trabajo. Crucificar o vanagloriar a Chávez no  viene al caso, sería equivocado o meramente visceral. Esa etapa excepcional de la historia venezolana amerita poner las cosas en sus justas dimensiones. Pasar por alto los errores cometidos seria condenarnos al fracaso, no solo por el presente riesgo de volver a cometerlos, sino porque tampoco buscaríamos mecanismos para evitarlos.

 

Abordaré los errores políticos de Chávez. Aquellos que no permitieron profundizar el proceso  cuando las condiciones estuvieron dadas, o aquellos que de alguna u otra manera acrecentaban problemas políticos, sociales o económicos importantes. No tiene que ver con decisiones particulares, ya que los errores puntuales se pueden corregir. Es más una cuestión de concepción y orientación política, sobre el cómo abordar los problemas estructurales. Los planteados a continuación representan debates álgidos pero necesarios, y con los cuales se puede encontrar o no acuerdo.

 

1.      Hiperliderazgo y Dirección anti-democrática

 

En 2009, se realizó un importante encuentro titulado “Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos por recorrer”, que se planteó examinar y discutir los principales problemas que enfrentaba el proceso en ese momento. El encuentro, a pesar de las fuertes críticas y deslegitimaciones realizadas por personeros del gobierno en aquel momento (varios de los cuales se mantienen en altos cargos del ejecutivo en la actualidad), hizo aportes importantes. Uno de los más polémicos y acertados, es que se logró instalar la categoría política del Hiperliderazgo y se advertía de los peligros que podía ocasionar. Tan es así, que a pesar de su molestia inicial, a los 2 años Chávez reconoció el aporte de los intelectuales. Aunque reconocer este error fue una gran virtud, la verdad es que este nunca tuvo una política acertada ni la voluntad suficiente para superarlo. Puede parecer superficial o un debate meramente ideológico, pero la verdad es que la excesiva concentración de poder en el líder, es una de los problemas más graves del proceso que ha generado desviaciones importantes.

 

Después de la victoria en el referéndum revocatorio de 2004 se imponía Hugo Chávez como dirección indiscutible del proceso de cambio, cuestión que se afianza en 2006 luego de una victoria electoral aplastante sobre su adversario opositor. En los años venideros se consolida su figura como régimen político en Venezuela. Todas las decisiones estratégicas y/o tácticas correspondientes a la estructura del estado pasaban por la revisión y ejecución del presidente. Nada se empezaba, concretaba o detenía si este no lo ordenaba: Obras, proyectos, leyes, políticas nacionales y regionales, decisiones económicas, modificaciones en el estado, presupuestos, servicios públicos. Todo pasaba por su persona. Y esta dinámica se empezó a expandir rápidamente en todos los aspectos políticos de la sociedad. 

 

En las pocas ocasiones que hubo elecciones internas en el PSUV, todos los integrantes de la dirección nacional y de una parte considerable en las direcciones regionales pasaron por la aprobación del líder, antes de que la militancia participara con su voto. La misma situación se repetía para las candidaturas a la Asamblea Nacional, gobernaciones, concejalías y alcaldías. Hubo contadas ocasiones en que la movilización de las bases y su expresión de rechazo fue tan apabullante contra algún nombre específico, que surgían opciones distintas en el marco del proceso, pero aun así en más del 98% de los casos se impuso la voluntad del líder “supremo”. Se imponía la línea. A medida que el proceso de burocratización del PSUV se acentuaba, a esta dinámica se le sumaba la influencia de personalidades (que consolidaron poder político importante) sobre dichas postulaciones, para que surgieran candidaturas que atendieran a los intereses de camarillas burocráticas particulares.

 

En seguida todo empezó a tener repercusiones en los movimientos y sectores sociales. Los nuevos liderazgos y estructuras de las organizaciones del pueblo tenían que pasar el “visto bueno” del Líder, tanto para aquellas que surgieron después del 98’, como los comités salud, comité de tierras, consejos comunales y comunas, como para las tradicionales, centros de estudiantes y federaciones, frentes campesinos, sindicatos y centrales obreras. Se aprobaron leyes y reglamentos que en vez de impulsar la autonomía y lucha de estas organizaciones, las convirtieron en un apéndice del estado, transformándolas progresivamente en estructuras conservadoras que desmovilizaban a la gente. Se construyeron institutos para todos los sectores, y en dichos espacios las direcciones eran impuestas y/o cooptadas. Hubo cientos de actos multitudinarios de relegitimación de orgánicas estudiantiles, campesinas, trabajadoras y comunitarias, en las que se imponían las direcciones y el líder levantaba su mano.

 

Una alta concentración del poder en una persona con las diversas expresiones que tuvo en la realidad, evidencian que se arrastró el vicio del personalismo o el llamado “culto a la personalidad”. Y en este caso, deparó en dos errores centrales: confianza en las instituciones del estado y el desarrollo de líneas estratégicas de manera vertical.

 

1.a) Confianza en el estado

 

Ya desde el 2005, se apostó a una política de dirigir y ordenar. Se partía de una lógica errónea de que al existir un liderazgo indiscutible, sus allegados en el gobierno le iban a hacer caso. Y la realidad era que la mitad de las cosas que Chávez ordenaba no se cumplían y muchas otras se ejecutaban a medias. Chávez asumió, por las características de su liderazgo, que todas sus acciones o sus órdenes se podían sobreponer a la lógica del estado, aún rentista, paternalista y clientelar.

 

“El ser social determina su conciencia”, es una frase de Marx que se adapta completamente al caso. El estado por ser estado siempre será una institución conservadora, desde el cual no se puede aplicar una política realmente transformadora. El estado por sus características tiende a favorecer los intereses de una clase, y en Venezuela, el estado aún privilegia a las élites políticas y empresariales. No se puede transformar desde adentro. Aunque se coloquen sujetos honestos y revolucionarios en puestos claves de las instituciones, no tendrían la capacidad de plantear una política de fondo. El estado sería su muro de contención, ¿o es que alguien olvida el caso particular de Eduardo Samán? Que encontró obstáculos impenetrables en las distintas instituciones en las que se desempeñó.

 

No es un problema de buena gestión (que sin duda es necesaria), es un problema de cambiar el sistema desde sus cimientos  teniendo  políticas radicalmente distintas a las tradicionales. Si no son diametralmente opuestas sencillamente se convertirán en pañitos de agua caliente o adaptaciones del sistema. Ejemplos de esto último sobran. El parlamentarismo calle o las misiones sociales, por nombrar dos, pasaron de ser acciones coyunturales efectivas y muy progresivas, a ser en el presente, una consigna vacía y estructuras deterioradas por el clientelismo y el abandono, respectivamente.

 

Seguramente por el gobierno pasaron cuadros con buenas intenciones y muchos otros con intereses particulares e individuales. Los primeros quedaron anulados o fueron desplazados progresivamente, los segundos fueron escalando posiciones cada vez más importantes. Pasados los años, la gran mayoría de los cuadros “revolucionarios” vivían alrededor de la figura del comandante de la revolución. Es lo que los mantenía en las instancias de poder y les permitía cultivar, año tras año, ostentosos privilegios políticos y económicos. Mostraban y decían al líder cualquier cosa que lo complaciera, e idolatraban su figura a lo interno y externo. En síntesis, Chávez se rodeó de una inmensa cantidad de “jalabolas”, como los catalogaría el pueblo venezolano.

 

Por las mismas características del régimen y de que las cúpulas del PSUV nunca han tenido un interés real en el desarrollo soberano del país, estos tenían una actitud inerte ante los problemas sociales. Se acostumbraron rápidamente a esperar la línea y que le bajaran las soluciones. En una entrevista posterior al encuentro de 2009, Juan Carlos Monedero expresaba: “Si ministros, diputados o cuadros del partido renuncian a disentir con el Presidente, si renuncian incluso a ser abogados del diablo, no se están ganando el sueldo. Si el consejo de ministros calla hasta que el Presidente baje línea, si la Asamblea Nacional hace algo similar, al igual que el PSUV no se está ayudando al Presidente para que mande obedeciendo”, al pueblo, agregaría yo. 

 

1.b) Verticalismo y Política Anti-democrática

 

El desarrollo de la política desde las instituciones del estado, acompañado de los vicios que se fueron manifestando, generó una metodología vertical entre Chávez y el pueblo bolivariano. Ese que nunca fue militancia administrada, si no que militó honestamente con un proyecto y una idea. No había retroalimentación. No había ida y vuelta entre el dirigente y su base social. Se instaló la filosofía de que el líder tiene toda la verdad y no se equivoca, de que todo lo que dice es palabra sagrada, deparando en una criminalización de la opinión y el debate crítico.

 

Los errores o denuncias más graves, pasaban largos meses sin salir a la luz pública,  y cuando ocurría, los sectores burocráticos cercenaban y saboteaban la voluntad popular de plantear un rumbo distinto para corregirlos. En otras ocasiones ya era demasiado tarde para actuar. Los aportes o críticas del pueblo fueron ignorados la mayoría de las veces. Cientos de miles de proyectos engavetados. Incontables críticas y gritos contra la impunidad y la corrupción que quedaban en asambleas o reuniones cerradas, con compromisos de los altos dirigentes que nunca se cumplían. Miles de personas ejecutaban maniobras extraordinarias para poder llegar a Chávez por la profunda confianza que le guardaban. A veces este respondía con acciones asumiendo la crítica, en otras ocasiones imponía arbitrariamente su criterio porque no la creía pertinente, y aun así la confianza nunca se esfumó.  

 

      Chávez fue una dirección anti-democrática. Si, una dirección honesta y con instinto revolucionario, pero con métodos verticales. Nunca fue consecuente hasta el final con la clave constituyente del proceso, con la que cabalgó su victoria en 1998 y que terminó pariendo la constitución del 99’. No tuvo una política para generar una nueva institucionalidad democrática en el país, donde el pueblo y sus distintos sectores sociales participaran y tomaran decisiones de gobierno.

 

El espíritu de participación protagónica siempre estuvo presente en los primeros años del proceso, pero solo se logró expresar en coyunturas excepcionales como el 13 de abril de 2002. El método vertical contuvo durante años ese espíritu presente en millones de personas, y los vicios del burocratismo, corrupción e ineficiencia solo lo fueron aplacando progresivamente. Entre el 2009 y 2012, disminuyó considerablemente la participación y movilización del pueblo en comparación con los años anteriores, salvo algunos episodios extraordinarios como la movilización del 1° de Mayo de 2012. El PSUV evidenciaba una pérdida progresiva de legitimidad y se expresaban signos graves de desmotivación entorno al gobierno, todo esto reflejado en las elecciones presidenciales del 7 de Octubre de 2012, donde Chávez obtiene una victoria con una diferencia del 12% (la más baja con respecto a todas las contiendas en las que participó), y por primera vez el PSUV es superado por la tarjeta electoral de la oposición.

 

Aquí es importante no confundir el método y las características de la dirección con los momentos extraordinarios de expresión constituyente que hubo en el proceso. Estos momentos excepcionales plasmados en la constituyente del 99, la lucha por la nacionalización de SIDOR  y demás empresas básicas, la victoria en el referéndum revocatorio obtenida a partir de una campaña popular desprendida del aparato, las movilizaciones por el derecho a la vivienda, la derrota del paro sabotaje petrolero, y para usted de contar, son momentos increíbles que muestran la disposición de cambio del pueblo, pero que ocurrieron coyunturalmente. Se dieron en momentos específicos, no fue el día a día de la dinámica política. La lucha de clases en Venezuela en los últimos 15 años tuvo muchos altos y bajos.

 

Por fuera de estos episodios, en Venezuela lo que se instaló fue un estado mayor de conciencia política en la gente, pero que solo se lograba expresar a través de un sistema electoral burgués representativo. Hubo cambios y reformas en el sistema electoral, si se compara con el de la cuarta república, pero de fondo no supera el hecho de que sean elecciones para elegir representantes cada cierto tiempo. Si no existía movilización del pueblo y de los movimientos por la izquierda para presionar a Chávez, todo se reducía a elecciones tradicionales para estructuras podridas (gobernaciones, alcaldías, A.N), o en nuevas estructuras que fueron cooptadas progresivamente (consejos comunales, comunas, etc.).

 

1.c) Dirección colectiva democrática y método constituyente

 

Para algunos, en su búsqueda de justificar a Chávez, todo se reducirá a argumentos tradicionales como “no era el momento”, “no existían las condiciones” o “el pueblo no tenía la suficiente conciencia”; a lo que se podría responder, “y claro, por eso era mejor dejar en el poder a los corruptos en las instituciones”. Pero más allá de esto, lo importante es buscar cuales serían las posibles soluciones al problema. No existe otra manera, si no se rescatan las claves progresivas. Esos episodios que hacían excepcional al proceso bolivariano, rompían por instantes con todos los vestigios de la vieja política. Contra el verticalismo y el hiperliderazgo no hay otra salida si no construir direcciones colectivas democráticas y un instrumento político que practique la democracia constituyente.

 

Condiciones existieron. Hubo condiciones ideales, con picos de movilización muy altos, para profundizar el proceso y tomar medidas radicalmente democráticas y soberanas. Las victorias más importantes del proceso exigían que se tomaran, pero lamentablemente la dirección estuvo atrasada y temerosa con respecto a estas exigencias. Además, fueron cientos de miles los liderazgos naturales y honestos que parió el proceso. Aquellos que siempre respondieron en los momentos críticos, dejando en ridículo a la dirección del PSUV, del MVR (en su momento) y de los partidos del Polo, que de alguna manera se querían imponer como parte de la dirección política, con Chávez en el gobierno. Personas incógnitas que se retiraron de cargos en el estado o que nunca los aceptaron porque les daba asco la corrupción y el clientelismo. En su momento, Chávez debió haberse apoyado en esos liderazgos para construir una dirección colectiva democrática y una nueva forma de gobierno.

 

A través de mecanismos refrendarios, el pueblo debe decidir sobre las políticas estratégicas más importantes del país. La Economía mixta, manejo de la renta, el pago o no de la deuda,   presupuesto nacional, desarrollo del aparato productivo, el modelo educativo o el sistema de salud son debates estratégicos que van más allá de un problema técnico (sin negar que este aspecto es importante). Hablamos de temas gruesos, que definen políticas generales en bienestar o no del país. Son temas estructurales que deben ser abordados durante meses de debate, en espacios democráticos y donde todos los sectores políticos puedan esgrimir sus argumentos.

 

Rescatar el incentivo de congresos nacionales por área. Congresos que involucren a los estudiantes, trabajadores, profesionales y técnicos  relacionados a dicha área para que hagan propuestas y concreten políticas de planificación y ejecución de gobierno. Congresos con delegados electos democráticamente. Congresos que construyan una nueva institucionalidad, que rinda cuentas permanentemente, que ejecute políticas dictaminadas por los congresos, a la que se le pueda ejercer contraloría pública y cuyos miembros se elijan democráticamente y puedan ser revocados.

 

 Las personas que apuesten a la construcción de un proyecto independiente, socialmente justo, soberano y en armonía con el medio ambiente deben agruparse en un instrumento democrático, en el que exista un debate crítico permanente y donde se impulsen espacios democráticos y vinculantes para la construcción, elaboración y ejecución de la política. Una herramienta donde los militantes puedan ejercer contraloría sobre sus dirigentes sin mayores obstáculos, donde los dirigentes puedan ser revocados, donde los dirigentes no tengan privilegios económicos, donde no se criminalice una opinión que difiera del resto, donde se respete la decisión de las mayorías aun cuando la dirección no sea parte de ella, donde exista la libertad de plantear tanto debates de forma como de fondo.

 

Estas son ideas gruesas para empezar a concebir una dirección colectiva y la aplicación del método constituyente. Son insumos para el debate, del cual urge sacar conclusiones pronto. Con Chávez hubo una oportunidad y no se concretó. Pero lo cierto, es que su fallecimiento traza el fin de una etapa y el comienzo de una nueva en el país. En esta nueva etapa surgirán nuevos dirigentes, nuevos movimientos, nuevo régimen y nuevos gobiernos, y da una nueva oportunidad para la construcción de nuevas organizaciones.

 

El otro dato es que la crisis que padece Venezuela desde finales de 2014, que al mes de marzo de 2016 ya se torna realmente insoportable, abre una oportunidad concreta de instalación de una nueva referencia política en el país. Debemos aprovechar el aprendizaje obtenido durante esos 20 años de proceso bolivariano, sistematizarlos y ponerlos en práctica para levantar la alternativa política que, con un proyecto de país, nos ofrezca una salida a la crisis distinta a la del PSUV o de la MUD. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 

 



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Cesar Romero (Juventud Marea Socialista)

Organización política venezolana de izquierda, de orientación marxista-leninista-trotskysta, con ancestros partidarios desde los años 70 del Siglo XX. Procede de una corriente crítica, fundamentalmente obrera, que participó en el PSUV en los tiempos de Hugo Chávez y se desprendió en 2014 en ruptura franca con el gobierno de Nicolás Maduro. También se enfrenta a la derecha opositora y al autoproclamado "presidente" Guaidó. Se articula internacionalmente con la Liga Internacional Socialista (LIS-ISL IV Internacional). Una de sus principales consignas distintivas es: "¡Ni burocracia, ni capital!" Su Web es: www.mareasocialista.org

 Msocialista89@gmail.com      @MareaSoc89

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