Alquimia Política

El revés como Victoria

Las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre del 2015, pasan a la historia contemporánea de Venezuela, como un acontecimiento en el cual se impuso una estrategia de descontento y castigo, a situaciones circunstanciales por las que ha tenido que atravesar el Gobierno revolucionario del Presidente Nicolás Maduro. Y son situaciones circunstanciales porque no obedecen a un efecto inmediato y perdurable, de las políticas nacionales inscritas en el Plan de la Patria (2013-2019), sino a acciones motivadas por sectores empresariales que han mermado la calidad de vida de los venezolanos.

El Gobierno del Presidente Maduro, se ha ido debilitando en su vinculación con la masa popular; el colectivo elector en sí mismo no admite dos situaciones en su construcción de una preferencia electoral: una, que se le busque a comprar su decisión, por la vía de ofertas engañosas o bienes y servicios puestos a su mano en tiempo de elecciones; y dos que se le lleven los problemas de confrontación política a la mesa de su casa. Cuando a los electores se les trata como mercancía, la tendencia es que ellos se comporten como “capital”, es decir, buscan la mejor ganancia posible, y allí no existen lealtades ni “corazoncito” que se imponga. La decisión es contaminada y la respuesta, ni tan inesperada, es contraria a las intenciones de quienes solicitan la preferencia del voto.

En este aspecto vale volver a la estrategia de Hugo Chávez, esa que partía de un discurso motivador, que buscaba despertar consciencia, y que aislaba los problemas de la alta política, de los escenarios privados de los hogares. Había crisis pero no se exponía a la vulnerabilidad los insumos básicos de la familia, ni se permitía que la “guerra económica” arropara en su totalidad al ciudadano común. Chávez dijo en su momento que “…la oligarquía estaba más activa que nunca y la guerra económica es una de sus estrategias…” La manera y forma de atacar esa estrategia era creando condiciones para que se diera mayor producción local e invitar al diálogo al sector privado aún con consciencia social, que eran muy pocos para aquellos días, pero que serían la garantía para salir de la crisis económica en que se perfilaba orientar el bloque opositor.

En este aspecto, el resultado electoral del 6 de diciembre, fue expresión del agotamiento de un discurso político huérfano de hechos políticos; decir que se controlaría la crisis con un escenario de desabastecimiento creciente (que se hacía evidente en las colas y en la ausencia de productos de la cesta básica), fue un error político que tuvo su costo en la decisión final de los electores. Hubo electores comprometidos con el proceso revolucionario, pero que no alcanzaron convocar a sus familiares, vecinos y amigos, ni convencerlos de transitoriedad de la crisis y de la manipulación manifiesta que tenía el país por la vía de las transnacionales de la información y los grupos de poder económico del Imperio.

¿Existe una crisis y el sector privado acusa a la revolución?

El sector privado no invierte más que su capital de reposición para mantenerse y mantener el negocio que tienen, las ganancias son otra cosa. Quién ha suplido entonces la inversión y eso viene desde el viernes negro de febrero de 1983. Sobre todo en los últimos años después de 1998, el sector público ha mantenido unos niveles de inversión entre un 10 por ciento y 15 por ciento del producto interno bruto, basta observarlo en las cifras del BCV. Eso lo hemos publicado muchas veces, es que si no inviertes, no creces, ya tenemos dos años de decrecimiento de la economía, acompañada de una tasa de inflación como la que tenemos ahorita…

A todas estas, valga recordar palabras de Jorge Giordani en febrero del presente año, en una entrevista concedida al portar aporrea.org; Giordani expresaba que al“…el pueblo venezolano no hay que mostrarle una ecuación econométrica para entender las causas y los componentes de la inflación, porque las siente directamente en la piel, en las colas, que no son menos que un signo de ineficiencia…(No) habíamos tenido una inflación de más del 25 o 30 por ciento, y en un par de oportunidades casi en el año 1999, y después casi rompimos el piso del 10 por ciento, ahora parece que dijo un señor por ahí, -que estaban recomponiendo lo que nosotros hicimos mal-, ¿será que no leen o no entienden? ¿Será que no se enteran? Ahí están los datos del Banco Central de Venezuela, pero ya ni siguiera lo publican, ¡Error craso político, esconder el sofá!, cuando al Comandante Presidente Chávez, le decíamos Presidente esta es la información, inmediatamente ordenaba publicarla…”

Esta descripción que hace Giordani, es otro elemento que incidió en el resultado del 6 de diciembre, la ausencia de un discurso que no buscara culpables, sino que mostrara las imperfecciones y convocara a un diálogo nacional para instrumentar medidas económicas que revitalizaran la ya maltrecha senda económica por la cual se está transitando. La necesidad de mostrar que estamos en un tiempo histórico de transformación y sacrificio, lejos de una perfección ideológico-política, quizás hubiera garantizado cierto margen de lealtad en el voto.

A todas estas, el voto capitalizado por la oposición no se materializó en razón de un liderazgo, sino de la crisis. Salir de la crisis pondría todo en su justa proporción y el chavismo tendría los resultados de siempre, claro está, este revés paraliza de momento una agenta de profundización del proceso revolucionario, pero también abre el espectro para la posibilidad de que surjan nuevos liderazgos y ahí es donde se considera que se estaría creando condiciones para escenarios que pondrían en juego la vitalidad en el poder de la revolución. El propio Giordani daba su fórmula, en la entrevista de febrero, a esa salida de la crisis como vía para blindar el desarrollo sano y vital del proceso revolucionario: “…Hay que hacer una Ley draconiana contra la corrupción, porque no aprobamos esa Ley como una primera medida y el pueblo de Venezuela la va a aplaudir…(La causa de la crisis es la corrupción, el…)”…burocratismo, la ignorancia, la incompetencia, la existencia de un sistema capitalista de una burguesía que le dan 30 o 40 mil millones de dólares al año, cuando lo que exportan son 3 mil millones, es decir exporto 3 y pido 30 o 40, ahí hay cierto desequilibrio, una dolorosa asimetría, cuanto entrega PDVSA al Banco Central de Venezuela, al año, a ver 40 o 45 mil millones de dólares, pero saquen la cuenta rapidito, 10 mil millones de dólares para alimentos, 5 mil para medicinas, el pago de la deuda externa, y sigue…”

Hay que tomar iniciativas de choque, que rompan los grupos de poder que como parásitos se han adherido al proceso revolucionario, hay que dejar de importar alimentos, hay que propiciar la producción local, parezca como el principal beneficiario del Gobierno; debe haber un espacio de administración de los bienes y servicios, a favor del colectivo y no de los grupos y subgrupos que hacen vida alrededor de las instancias de poder, porque de ese modo nos estamos pareciendo cada vez más a ese Estado que el electorado chavista rechaza y que lo hace pensar en que ya no hay una revolución bolivariana, sino que se ha perdido el rumbo y la concordia.

El revés de las elecciones parlamentarias es un “revés de Victoria”, solamente si entendemos el mensaje de nuestros electores; si comprendemos que la política es para servir y no para ser servidos; si entendemos que un Gobierno está para crear mecanismos de acercamiento de todos y todas en cuanto a satisfacer necesidades básicas y cumplir con el mandato constitucional de educación, salud y seguridad para cada ciudad o asentamiento rural; que la política significa derechos y que el socialismo, tan cual lo definió Hugo Chávez en el 2007, es “democracia”, profunda y verdadera democracia, respetando la condición humana, la libre expresión y los valores que integren el respeto al medio ambiente, en una verdadera fuerza de unidad social, política y cultural, donde no haya espacio para Golpes de Estado ni desviación de los derechos y beneficios hasta el presente adquiridos. Este resultado es una gran oportunidad para crecer como movimiento social e ideológico, así como para fortalecer un Gobierno revolucionario que puede remontar el camino y mantenerse airoso en las nuevas batallas por venir. Pero eso sí, solamente si hay voluntad política; lo contrario sería profundizar la derrota.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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