Alquimia política

Constituyente Universitaria (3)

La visión de universidad que debe superar las adversidades, nos remonta a dos hechos fundamentales: los principios de la Reforma de Córdoba de 1918; y la denominada Reforma Universitaria de comienzos de la década de los setenta del siglo XX, que comenzaría en la Universidad Central de Venezuela y repercutiría en buena parte de las experiencias de educación superior de Venezuela y Latinoamérica.

Estos principios de la Reforma de Córdoba, la cual comenzó con el movimiento estudiantil de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, liderado por Deodoro Roca (1890-1942), así como con un grupo nutrido de dirigentes estudiantiles, los cuales redactaron el "Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria", donde se describe la antigua y anacrónica estructura de gobierno universitario que no ha cambiada desde la Independencia, constituyendo en la última cadena que, en pleno siglo XX, ata a la Universidad latinoamericana con la antigua dominación monárquica y monástica. Es lo que calificó el sociólogo brasileño Darcy Ribeiro (1922-1998), de "universidad napoleónica", haciendo extrapolación a la experiencia educativa de la Francia de comienzos del siglo XIX, la cual se caracterizó por introducir la figura de las profesiones; se reconoció que la práctica jurídica y la práctica médica tenían una fuerte incidencia en la sociedad, por esa razón su ejercicio fue objeto de regulaciones, algunas de ellas muy estrictas, aun cuando fueran consideradas liberales; se modelan el esquema organizativo a la figura de la universidad medieval que transmite la inquietud de búsqueda de sentido de la vida del ser humano, a partir de lo que habían dicho los grandes maestros.

En la época moderna, el modelo de universidad napoleónica, dividió las actividades universitarias, las antiguas Facultades siguieron siendo instancias de administración curricular, integradas por Escuelas Profesionales encargadas de elaborar los currícula de cada profesión; las Escuelas se denominaron según aquello que los estudiantes aprendían a hacer en su paso por ellas, comenzando a otorgar Licencias para ejercer legítimamente la profesión en la sociedad.

Esta realidad de corte aristocrático-monárquico, no es que limitara el acceso a la educación superior, sino que lo condiciona a una élite, a un grupo pequeño que puede costear las exigencias formativas en este tipo de institución que, recalcando de nuevo la postura de Ribeiro, asume más el interés por formar técnicos y no ciudadanos defensores de su libertad e independencia.

Cuando en el Capítulo propuesto se titula "De los Derechos para una Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, Incluyente, participativa y liberadora", se está haciendo alusión al aporte de Ribeiro en el debate de la década del setenta, en cuanto a que es necesario la renovación administrativa, la reestructuración universitaria, la departamentalización, la ascensión al cuarto nivel. Los títulos y grados, la reorganización de la carrera docente, la renovación curricular, la elevación del nivel de enseñanza, la expansión programada de las matrículas, la universidad abierta y el desarrollo científico cultural autónomo.

Volviendo a la idea de la Reforma de Córdoba, ésta marcó la pauta de darle a la universidad un perfil de inclusión, ampliamente participativa y liberadora; elementos que sintetizan los principios de la Reforma de Córdoba que son: autonomía universitaria, cogobierno, extensión universitaria, periodicidad de las cátedras y los concursos de oposición.

La autonomía universitaria, fue referida en aquél entonces, 1918, en conjunción con el auto-gobernada, en la potestad de la Universidad de elegir sus propias autoridades sin injerencia del poder político de turno, teniendo la prerrogativas de establecer sus estatutos y programas de estudio, protegiendo al gobierno universitario de intervenciones o manipulaciones fuera del ámbito propio administrativo y académico, pero por ningún lado se ve o se lee, ni en el "Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria", que dicha autonomía sea absoluta en el manejo y destino que se le dé a los recursos económicos y financieros, administrados por las universidades. En este punto es necesario ahondar a profundidad en otro artículo; en cuanto a la extensión universitaria, corresponde a las condiciones de participación que crea la universidad a través de su apoyo a las comunidades en asistencia técnica y en ofertas de educación permanente y acción social para el beneficio del colectivo, esto incluye la inclusión y el reconocimiento profesional de las labores y oficios propios de las comunidades.

En lo concerniente a la periodicidad de las cátedras, que abarca lo referente a la pedagogía liberadora, cuyo sustento teórico se toma del brasileño Paulo Freire (1927-1997), sostiene que cada cátedra tiene completa libertad para investigar y enseñar, respetándose la autoridad del docente o facilitador; es importante que la universidad defienda la cátedra paralela, la cual sostiene la necesidad de que existan múltiples opciones para los estudiantes, quienes a su vez deben poder elegir entre ellas libremente; y la cátedra libre, como derecho de todo intelectual, científico, o artista, con idoneidad suficiente, a tener una cátedra para difundir su conocimiento. Las universidades deben garantizar el reconocimiento del talento y creatividad del pueblo por encima de los dogmas y teorías académicas universales, es donde lo local, lo cotidiano, la vida diaria, toma sus afluentes y perspectivas en beneficio del bien común.

Y el principio de seleccionar a los docentes e investigadores, a través de Concursos Públicos de Oposición, es un asunto que en su momento vino a responder a las necesidades de seleccionar a los más aptos para ejercer la formación profesional de los estudiantes, hoy día eso no cala en la realidad y dinámica de la sociedad moderna. Hoy hasta el menos aventajado de los profesionales tiene un dominio amplio en información y destreza acerca de su pertinencia profesional, se hace necesario buscar otros mecanismos de selección; mecanismos que no garanticen "dadores" de clase, sino investigadores y pensadores cuya creatividad y valores humanos esté por encima de la media de quienes hacen vida en la academia. Un ejemplo de ello sería Concursos de Talentos en un margen de temporalidad de dos o tres años, donde los aspirantes muestren en este tiempo su capacidad investigativa, su rol social y su pertinencia docente. Un estudio periódico sostenido de los aspirantes permitirá dar con los mejores candidatos para comenzar un proceso de transformación y renovación de la educación universitaria. Los Concursos de Oposición, tal cual los establece la legislación venezolana hoy día, son retrógrados, excluyentes, manipulados y en extremo corrompidos en todas las universidades nacionales, públicas o privadas. Priva el "amiguismo", el "tráfico de influencia" y la "pillería académica". Es un asunto a revisar a profundidad: ¿cuántos Concursos de Oposición no cometen estos actos de injusticia y se amparan en un Reglamento que les blinda la decisión al decir que es inapelable la postura del Jurado? Y si dan oportunidad de apelación la instancia donde se apela está conformada por los mismo sujeto-jurados que infringieron en la anomalía. Las Universidades se deben voltear patas arriba para adecentarlas y sincerar sus procesos y decisiones.

Faltó destacar el aporte de la Reforma Universitaria en Venezuela que se planteó a comienzo de la década de los setenta del siglo XX. En esta etapa de la vida nacional venezolana, la Universidad Central de Venezuela promueve una "renovación profunda de la universidad"; ésta se caracteriza por buscar sembrar las bases de acciones que pongan punto y final a la desigualdad y la injusticia, alcanzando, en términos de Ribeiro, desmonopolizar el poder y crear condiciones de factibilidad a la utopía de una universidad incluyente, participativa y liberadora. Es necesario romper con la postura de la simulación (los docentes simulan que enseñan y los estudiantes simulan que aprenden).

En este aspecto, tal cual destaca Ribeiro, el modelo napoleónico (que muestra profesionalista y fraccionada a la universidad), donde se impone esa visión de Facultades y Escuelas, rehuyéndole a la necesidad de Unidad Total que haría de las universidades centros de difusión y tratamiento, desde una óptica universal, de los problemas más sentidos de la sociedad. La búsqueda de la universidad revolucionaria, tomando los principios de Darcy Ribeiro en su texto "La universidad nueva: un proyecto" (escrita en 1973), se debe partir de: 1.-Desarrollar y difundir un espíritu de solidaridad, fundado en valores humanos y confrontador del modelo excluyente del viejo orden (esta tarea está aún pendiente); 2.- Abrir la universidad a la comunidad, volcarse a una convivencia integral y cooperativa, elevando los criterios de calidad en razón de la experiencia y convivencia humana; y 3.- Incorporar a la universidad a la práctica transformadora, involucrando al Estado y la Sociedad, a la resolución de los problemas.

A todas estas, el primer ARTÍCULO sugerido dice: "El Estado guiará, motivará, impulsará, fomentará y promoverá la educación universitaria, la ciencia y tecnología en todas sus manifestaciones". Ésta acción se alcanzaría proyectando a la universidad hacia un renglón participativo y dialógico continuo, permanente; su lugar debe servir de solvente y amalgamador de las ideas y principios que mueven el horizonte social de un país. Es necesario minimizar lo que Ribeiro detectó de las universidades latinoamericanas: "…La verdad es que los cuerpos académicos de las universidades latinoamericanas difunden frecuentemente una actitud de resignación que explica el atraso como consecuencia de factores naturales inevitables, que una actitud de crítica indagativa. Las Universidades latinoamericanas por tradición, educan a una juventud reclutada entre las capas más altas de la sociedad, para el ejercicio de las profesiones liberales, con el fin de cumplir actividades de gobierno, de producción y diversas modalidades de servicios indispensables al funcionamiento de la vida social. Son instituciones de educación superior que difunden la ideología de la clase dominante, contribuyendo así a la consolidación del orden vigente..."

En concreto, se necesita activar la función de las universidades más allá de su papel depositario del conocimiento puro, entiéndase la búsqueda de la verdad, sin excluir el aspecto práctico, a efecto de modelar elementos conductuales y procedimentales, que permitan la adquisición del conocimiento como parte integral de un proceso que capacite a los estudiantes para adquirir conocimientos y buscar producir al mismo tiempo nuevo conocimiento; una universidad que abra espacios para una cultura de la investigación y un compromiso social permanente de atención a las comunidades, desde las profesiones y demás competencias especializadas que está a bien desarrollar como instancia de formación integral y holística.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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