El laberinto venezolano

La situación actual que vive la República Bolivariana de Venezuela debe enfocarse mucho mas allá de las pretendidas fallas en los servicios público. Esa es la primera aproximación que se puede hacer desde el sentido común. No es que el que falte la luz, el agua y estén afectadas las comunicaciones, no cuente, es en definitiva, la pequeña punta de un iceberg que es, sino mucho más profundo, mucho más dramático.

Si queremos comprender lo que pasa no debemos pensar en coincidencias, ni que ningún evento está, por decir, desconectado de otros de los que aparentemente no tiene relación. Es verdad que el Estado venezolano, como cualquier estado de los llamados tercer mundo, o mejor dicho de los que se encuentra al sur del norte neoliberal, presenta problemas dificultades o inconvenientes. Eso es normal en este mundo globalizado. Pero pretender que de la “nada” estos problemas se acrecienten, se amplifiquen de manera descontrolada, genera aun más confusión. El obviar por posiciones políticas parte de la realidad que nos aqueja no es recomendable si de verdad se piensa y se habla de un “interés nacional”. De nada vale caer en la “incertidumbre mediática” paso previo a la “esquizofrenia social” que ha caracterizado a la política nacional en estos tiempos. En este ambiente nada está fuera de lugar. El problema es que no nos damos cuenta, pues esta sistematizado para confundirse con el día a día, con el hombre y sus circunstancias. El discurso que construye una realidad está impregnado de desesperanza y no hay nada más peligroso que el convencer de que no hay salida. Es el caldo de cultivo para la descomposición y repito esta no es al azar. Poderosos intereses externos juegan para que esta descomposición social, política, jurídica económica se consume en una nación rebosante de recursos naturales y materias primas.

De la diatriba política (gobierno paralelo y desconocimiento del orden jurídico interno) se paso directamente al ataque a la infraestructura de la nación. La arremetida contra el Sistema Eléctrico Nacional tiene su fundamento en dañar significativamente la capacidad de respuesta del Estado, no contra un poder externo, sino con su población. Se busca desgastar la base, el apoyo popular al gobierno legitimo. En las sociedades actuales donde la tecnología a alcanzado un sitial difícil de superar. Los procesos son en su totalidad electrónicos. Desde la trasmisión remota de datos que controlan procedimientos totalmente automatizados, el manejo a distancia de complicadas operaciones, así como medidas y respuestas defensivas o de contingencia se vieron seriamente afectados. Esto refuerza la percepción de abandono (cierto o no) por parte del Estado. Si a esto se le suma que un sector minoritario de la población ha sido objeto de un trabajo psicológico que consiste en sembrar una serie de anti-valores y reforzamiento de la actitud neocolonial, de desconocimiento de la autoridad y las instituciones imponiéndose los intereses grupales por encima del denominado “bien común”.

El hecho de promocionar una violencia fratricida, vandálica, urbana y sin sentido se relaciona directamente con la capacidad (o incapacidad) real o virtual para debilitar la imagen institucional ante el ambiente externo y producir la percepción de descomposición interna. Cualquier excusa es perfecta para la política de “lo violento”. La sociedad espera, pues así la condicionan “sus” medios de comunicación, que se convirtieron en los ojos del alma del ente societal, para grandes y definitivas batallas épicas que le devolverán al estado anterior de supuesta felicidad. Vemos como se suceden una y otra vez una serie de fechas “emblemáticas” las cuales traen consigo una nueva decepción y una nueva convocatoria al fracaso. Es un cálculo negativo. Mientras que por otro lado más subrepticiamente se trabaja en función de lo cotidiano, la basura en la calle, el retraso del metro o del transporte público, el incremento diario de los precios, el abandono de las infraestructuras, luz, agua. Aunado a esto la penetración cultural. La neocolonizacion de las mentes, es un hecho. Los modelos externos a copiar abundan.

Es un hecho, publico, notorio y comunicacional que estos mecanismos han arreciado desde la aparición del “outsider”, del liderazgo de laboratorio hecho específicamente para llevar a cabo estos fines de desmembramiento nacional. Asi las cosas o avanzamos o retrocedemos. El avance lamentablemente significaría la llegada de la violencia extrema, mientras el retroceso igualmente traerá violencia. Solo la una profunda práctica democrática en el presente, que cancele vicios como la corrupción sin descontextualizar los hecho ni dejarse llevar por sentimentalismos emotivos que lo único que producen es un velo de distorsión de la realidad, serán los hilos del ovillo que nos sacaran de este laberinto en el cual han querido sumergir a la sociedad venezolana.

 

ebecel@gmail.com



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