Lecciones tras 60 días consecutivos de protestas extremistas y 60 muertos


 

  1. La vía fascista/ insurreccional de toma del poder ha sido una vez más derrotada. Los cabecillas de la contra revolución derechista/ pro-imperialista no lograron instigar un “venezolanazo”; ni merecieron “por ahora” la “ayudadita” soñada de una coalición extranjera. Lograron sí caotizar aún más la gestión pública, hacer retroceder los indicadores de incipiente recuperación económica, destruir millares de instalaciones públicas y privadas; y descubrir nuevas limitaciones y contradicciones al interno de la vanguardia revolucionaria.


 

  1. La vocación democrática radical de los venezolanos sale incólume. Chávez seguramente lo hubiera dicho con estas palabras; “dentro de la constitución, la paz y la democracia, todo; fuera de la constitución, la paz y democracia, nada”. El discurso silencioso de millones de venezolanos y venezolanas saliendo disciplinadamente diariamente a trabajar, llevar sus niños a estudiar a la escuela y retornar con ellos a sus casas caminando hasta decenas de kilómetros, tras la forzosa suspensión del transporte público, resultó definitivamente atronador. La ya comprobada procedencia internacional de gran parte de los mercenarios pagados para incendiar el país muestra que no les ha sido fácil a los partidos políticos y grandes intereses empresariales sediciosos construir un poderoso ejército mercenario con ciudadanos mayoritariamente nacidos en Venezuela.


 

  1. La vocación anti democrática, extremista, antipatriota y lacaya de la contra revolución en Venezuela queda todavía más claramente de manifiesto. Las contradicciones internas de algunos cabecillas hacia la locura que suponía emprender este ensayo de brote extremista/ mercenario no lograron imponerse. El llamado a una constituyente por parte del Presidente Nicolás Maduro coloca así a la oposición frente a la disyuntiva de no participar, con lo cual el chavismo recobra la iniciativa política constituyente y abre un compás para una posible recuperación económica y político/ electoral. O participar en la Asamblea Nacional Constituyente con la esperanza de que el olvidadizo pueblo de Venezuela les perdone una vez más su nuevo pecadillo neo-fascista-terrorista palmariamente anti democrático y aterrorizador. La opción de perpetuar esta agenda terrorista llevaría a los partidos de “oposición” a escenarios de terrorismo masivo y abierto contra la población, con los resultados de dividir la “oposición” entre un bloque electoral y otro extremista-terrorista. O bien apostar todos a la opción insurreccional/ terrorista/ injerencista con el costo de colocarse al margen de la opinión pública y de la esgrima político-electoral, tras ser inhabilitados.


 

  1. La imagen del Presidente de la República, la FANB y el SEBIN sale fortalecida. Según recientes encuestas, casi un 90% de la población repudia hoy la violencia fascista y la intervención extranjera como métodos para dirimir nuestras diferencias políticas. Y ha sido precisamente el Presidente Nicolás Maduro, las FANB, el SEBIN junto al bravío, laborioso y consciente pueblo venezolano los actores clave que han impedido que la demencia extremista/ terrorista asuma las riendas del país.


 

  1. La opinión pública mayoritaria pareciera estar exigiendo de la dirigencia Bolivariana y opositora una nueva agenda política y una nueva forma de hacer la política con la gente. De no entender ambas partes la potencia de esta señal se multiplican las posibilidades en este contexto del surgimiento una generación de outsiders de la anti-política. A grandes males de la política, la sociedad o la economía, grandes soluciones, pareciera ser la consigna que se infiltra en el aire.


 

  1. Como chavismo pareciera que hemos perdido parte importante de la conexión profunda que teníamos con vastos segmentos de la población, incluso con sectores simpatizantes o militantes de la oposición. Una conexión que fue creciendo, con Chávez —de una inicial y justificada aprehensión socio-política de los sectores populares y medios—, demócratas y humanistas, civiles y militares, nacionalistas y revolucionarios, socialdemócratas y pro socialistas hacia todo lo que olía a gobierno militar, tras varias décadas de sanguinarios regímenes castrenses en América Latina— hasta una conexión raigal en los planos identitario-cultural, afectivo-familiar e incluso espiritual-popular. Estoy convencido de que, de la recuperación/ restablecimiento de esta conexión profunda del liderazgo —hacia y con las mayorías, incluso apolíticas u opositoras— pende buena parte del presente y futuro avance de la revolución y hasta de la integridad territorial de la república. Una conexión que fue —y puede volver a ser simultáneamente— política y social, humana y cultural, ética y estética, identitaria y espiritual. Con su crucifijo en la mano Chávez vino a decirnos: en este país cabemos todos, pero la prioridad “por ahora” son los pobres, sobre todo lo más pobres. Pero con el concurso de todos, todos saldremos adelante. Todos seremos más prósperos. Todos seremos más felices. Todos seremos más Venezuela. Todos seremos más lo que somos: cuna de libertadores. Su discurso fue además de épico, siempre amalgamador de diferentes clases, sensibilidades e identidades sociales. No profesó Chávez un asalto violento al cielo socialista, sino un ganarnos día a día ese cielo con trabajo y consciencia de clase y de patria, constancia y reconocimiento del Otro, tenacidad y amor, solidaridad y espiritualidad. La utopía que inspiró fue de carácter a la vez nacional, regional y mundial. Chávez entendió que sólo retejiendo la unidad de los patriotas, independientemente de si militábamos en uno u otro partido, movimiento o credo socio-político, podíamos salir adelante y tener patria: “Nos dividieron para dominarnos y aplicarnos el modelo de explotación, dependencia y coloniaje” repitió sin cesar Chávez desde sus tiempos de cadete hasta su último mensaje.


 

  1. El resquebrajamiento de la sintonía/ pertenencia hacia el modelo de democracia radical popular está asociada a la debacle de los precios del crudo y por ende del PIB, pero mucho más a la merma de la hegemonía. Con su sabiduría de pueblo llano Chávez nos enseñó que se podía ser, a la vez, terminante y a la vez tierno con las bases de la oposición. Léase bien, con las bases, no con la dirigencia contra revolucionaria y títere del Imperio. Pero, incluso con la dirigencia opositora más rancia y hasta con los desertores del movimiento Chávez tuvo casi siempre una posición más que de tolerancia, de magnificencia. Es decir, no de cualquier tolerancia sino de una tolerancia empática/ afectuosa/ amorosa. Recuerdo una vez en que Chávez hizo referencia a un antiguo compañero de luchas que desertó de la revolución bolivariana. Chávez confesaba: “…por las razones que sea mi amigo se apartó del camino revolucionario y por tanto de la contribución con este proceso. Sin embargo yo lo sigo teniendo aquí en mi pecho como un hermano, a veces lo llamo para saludarlo o pregunto por él; y rezo siempre por sus hijos que los siento también míos pues los conocí de chiquitos.” Esta suerte de gestión de la política desde la pedagogía de los afectos y el cultivo de la magnanimidad se fue haciendo carne y sangre de la política en Venezuela, constituyéndose en una suerte de muro de contención contra el ensanchamiento de los odios y la incubación de una posible guerra civil. La disposición a realizar un gobierno de amplia base, con los sectores y personalidades patriotas que pudieran contribuir de un modo u otro con ese proyecto fue una obsesión permanente de Chávez. La apuesta por un gobernar sorteando males antiguos como el partidismo, el sectarismo y el vanguardismo estuvieron entre sus nortes.


 

  1. La derecha intestina ha colonizado con su imaginario liberal burgués y narciso/ capitalista el espacio identitario/ cultural en las redes; y así controla los gustos y la voluntad de gran parte de la juventud. La contra revolución está apelando con gran éxito a la natural necesidad juvenil de emerger y construir una opción contestataria y parricida para afirmarse como generación. Ello habla a las claras de las graves debilidades y contradicciones de nuestro modelo de construcción educativa, mediática y partidista de la identidad patriota y socialista juvenil con base en la formación política en escuelas, liceos, universidades, partidos, movimientos políticos, sociales y culturales y medios de comunicación e información. Y asimismo habla de las limitaciones que hemos tenido para auscultar e interpelar su nueva sensibilidad, imaginarios fluyentes, necesidades materiales e inmateriales y la construcción misma de una utopía en la que los jóvenes se reflejen y asuman como genuinos creadores y protagonistas. El que 30% de la población venezolana sea estimada como una población joven da una idea de que su peso político-electoral es determinante.


 

  1. La nueva derrota del extremismo nazi fascista en Venezuela abre un nuevo espacio histórico de oportunidad para la radicalización de un socialismo a la venezolana. Ello pasa por dar una nueva y eficaz respuesta, en el inmediato plazo, a las golpeadas condiciones materiales de existencia de las mayorías, vale decir alimentación, ingreso, salud, seguridad (producción y reproducción de la vida) mientras se preparan ventanas hacia un largo plazo. Lo que quiero decir es que esta victoria táctica del bolivarianismo puede servir de palanca estratégica para confrontar intereses corporativos así como instituciones y prácticas burocráticas perversas que conspiran contra el bienestar de las mayorías. Aun en medio de grandes dificultades el país reafirma su confianza en el gobierno bolivariano como conductor de sus más altos destinos. Y como bien lo afirma recién el brillante sacerdote católico y sociólogo marxista belga, François Houtart: “En Venezuela, como en todos los países pos-neoliberales de América Latina, de lo que se trata es de refundar el proyecto de izquierda y no solamente de adaptarlo. Es la única manera de ser fiel a la meta original de emancipación popular y de reorganización de la sociedad que suscitó tantas esperanzas y tanta admiración en el mundo entero y que, en Venezuela, tiene todavía bases en las iniciativas comunales”.



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Luis Delgado Arria


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