“Gracias por haberlo matado”

Marisela vivía su propio trauma desde que se fue a vivir a casa de su hermana. Lloraba a diario y se hacía siempre la misma pregunta ¿porqué salió así, si él de chiquito era un buen muchacho? La hermana de Marisela la llevó a un sicólogo para que la ayudara pues la depresión la estaba matando, había pedido las vacaciones en su trabajo y había hecho un esfuerzo por comunicarse con su Enver, a pesar de que los otros hijos, dos varones más y una hembra, ya todos con su vida hecha le habían recomendado que no siguiera perdiendo su tiempo. “Mamá, Enver no tiene salida. No escucha. Las malas juntas se lo tragaron, la droga lo está volviendo loco. Tienes que hacer un esfuerzo por entender que ya anda armado y que en cualquier momento matará a alguien, si es que ya no lo han hecho”, le explicaron en una reunión familiar.

Nadie quería acercarse a la casa materna en aquel barrio al suroeste de la parroquia Miguel Peña de Valencia, desde que Enver se apoderó de ella. De allí sacó a Marisela, su madre, la última vez que se vieron cuando ella le reclamó su comportamiento. “Estaba con unos amigos y una muchachitas, tomando y fumando mariguana. Le dije que eso no lo hiciera en mi casa, sacó una pistola de la parte de atrás del pantalón y me dio un cachazo por detrás de la oreja que me partió la cabeza. Me sacó de la casa y me dijo que no volviera, que esa era su casa ahora. Llorando me fui al hospital y me agarraron cuatro puntos. Yo no sé qué le pasó a mi hijo. Es como si se le hubiera metido el diablo por dentro. Pero hasta se graduó de bachiller. ¿Cómo un muchacho de 22 años puede hacer eso?”

Mientras Marisela narraba los hechos en el hospital, las patrullas de la zona radiaban el asesinato de un policía en el barrio Carlos Andrés Pérez en Tocuyito. Enver y sus amigos había cometido el hecho. Le habían quitado el arma. Pero volvió al barrio como si nada. Allí se volvió el azote de la comunidad, entre la música, la droga y la carajitas –todas menores de edad- comenzó el periplo de Enver, ya con un muerto encima. Envalentonado, su carrera fue intensa aunque corta. Mató a un comerciante y su guardaespalda en el mercado mayorista, atracó una panadería en Las Parcelas de El Socorro y mató al propietario a la encargada. Atracó un supermercado con tres heridos y mató a dos malandros rivales en el sector Bello Monte. Todo ocurrió en el trayecto de año y medio, hasta que pidieron la asistencia del CICPC.

Un amigo, inspector de ese cuerpo me contó que escogieron un equipo de especialistas para dar con Enver. “No fue difícil. Los delincuentes por lo general tienen una rutina, siempre se mueven en la misma dirección, frecuentan cinco o seis sitios. Cuando lo localizamos, andaba con tres más, se enfrentaron, Enver fue el más decidido, salió corriendo y disparando con dos pistolas. Le di un tiro en la cara como a 20 metros. Se acabó ese pobre diablo.

Cuando supe que le había partido la cabeza a la mamá, dije que era una rata y que merecía morir. Personalmente fui a hablar con la mamá y casi me hace llorar lo que me dijo”.
Narra que cuando Marisela supo lo del hijo se le acercó y le dijo: “gracias señor por haber matado a ese muchacho. Ya no era mi hijo”.


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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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