LUZ: ¿Partido político?

Recientemente Panorama publicó una noticia que conmovió a amplios sectores universitarios; en ella se informa que Egno Chávez, flamante ¡Director de Deportes! de nuestra Alma Máter, postuló, ante el CNE, a Ixora Gómez como candidata de “la comunidad docente de LUZ” al Parlamento Nacional. Sabemos que la postulada es profesora jubilada de nuestra máxima casa de estudios, actualmente militante del partido político Un Nuevo Tiempo luego de pasearse por otras organizaciones políticas y miembro del gabinete del Ejecutivo Regional; como ciudadana, tiene todo el derecho de aspirar a una curul en la Asamblea Nacional; además, está suficientemente preparada para ello. ¿Cuál es entonces la noticia? Pues que los profesores universitarios, agrupados en  nombre de todo el cuerpo académico, se han constituido en Partido Político. Repetimos, en representación de la Academia, de un sector de LUZ. Los intelectuales, los científicos, un sector de ellos, saltan a la arena pública, a la arena política, a dirimir la problemática universitaria fuera de su ámbito, fuera del claustro, fuera de la Academia.

Una universidad es un ámbito de exigencia académica donde el estudio, la investigación, el desarrollo del conocimiento y la práctica profesional alcanzan un máximo desempeño. Las universidades forman profesionales, investigadores y científicos en todas las ramas del conocimiento. Las ciencias y las tecnologías básicas y aplicadas impartidas en la universidad brindan la formación necesaria para llegar a ser un experto en la respectiva disciplina.

Y es que la universidad promueve el conocimiento profesional, científico y técnico en todas las áreas del saber, el estudio de los problemas de interés general y la difusión de la cultura en nuestra sociedad. Normalmente una universidad está comprometida con la defensa de los valores morales y los principios ciudadanos, los derechos de la persona humana y la forma democrática de gobierno.

Una universidad desarrolla normalmente vínculos con otras instituciones educativas, organismos del Estado y empresas privadas para desarrollar distintos programas o iniciativas de estudio e investigación. No es una palestra para la diatriba política.

En realidad, si a ver vamos, la pauta la han dado las autoridades rectorales de LUZ en primer término, desde la época de la rectoría de Leonardo Atencio; luego, diferentes gremios, fundamentalmente la actual directiva de APUZ, que considera que la única forma de reclamar sus reivindicaciones laborales es violentando los derechos de los estudiantes a recibir sus enseñanzas con toda y total normalidad, desbordando así atribuciones de su investidura, haciendo campaña y proselitismo político y paralizando las clases cada vez que les da la gana, con el argumento de cualquier situación coyuntural.

¿Qué avizoramos en el horizonte de la Universidad del Zulia, en el ámbito de nuestra Alma Máter? ¿Qué sucedería si otras representaciones de obreros, empleados, estudiantes y profesores salieran a la arena pública para manifestar su interés en participar en representación de esos sectores de LUZ? Estimo que eso sería un pandemónium. Ya antes ha sucedido y el saldo lo conocemos. En la década de 1960 la universidad venezolana se convirtió en un escenario de confrontaciones sangrientas, hasta el punto de que tal circunstancia sirvió de pretexto al entonces presidente Rafael Caldera, a fines de 1969,  para allanar la autonomía universitaria. Sabemos que otros miembros de la comunidad universitaria también han manifestado su interés en postularse como precandidatos a la Asamblea Nacional, sólo que lo hacen como militantes de organizaciones, bien sea partidos o movimientos políticos. Hasta ahí todo perfecto.

Es impredecible el daño institucional que se le puede causar a la universidad en caso de llegar a convertirse en escenario del más candente debate electoral, de llevarse la diatriba política, abierta y sin límites, en su seno, más allá de los episodios que en el pasado inmediato se han suscitado, incluso con saldo de muertos y heridos.

Por supuesto, las alteraciones del orden y las violaciones a la ley que cometan uno o varios de sus miembros en el recinto universitario, no tienen por qué ser atribuida a la institución, ya que por cuestión de lógica elemental, quien puede incurrir en delitos es únicamente la persona individual y concreta que representa a la “persona jurídica” y no las personas jurídicas en sí mismas. Lógica y ontológicamente es imposible que un ‘ente abstracto’ pueda incurrir en un delito. Para cometer un delito se requieren de órganos corporales: cerebro, pies, manos, ojos, boca, etc., órganos éstos de los cuales las ‘personas jurídicas’ carecen. Por lo cual, atribuirle responsabilidad penal a un ‘ente abstracto’, a una ‘persona jurídica’, está fuera de toda lógica y racionalidad.

Manifestamos así nuestra preocupación ante este anuncio y el más rotundo de los rechazos  luego de conocer la pretensión de dividir  la comunidad universitaria, dentro de su seno, en grupos o grupúsculos políticos. ¿Es que acaso se beneficiaría la academia, mejoraría la precaria investigación que se realiza, volvería la calma, el sosiego, el debate de altura, a LUZ? Creo que será todo lo contrario.

(*)Docente – Investigador.

 cepo39@gmail.com

 
 



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César Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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