Pedagogía petrolera

1944-1950 y La Política Petrolera (I)

I. Aves de rapiña sobre Venezuela

El rentismo petrolero, los ingentes ingresos petroleros, una dictadura desenfrenada, y la siempre ambiciosa burguesía nacional, los godos nacidos después de la independencia, generaron una oligarquía petrolera insaciable, unos "amos del valle" que han esquilmado el tesoro nacional y se repartieron el territorio durante la segunda mitad del siglo XIX y todo el siglo XX, una clase importadora "parásita" y el campo venezolano, explotado por "absentistas" de oficio, cada vez menos capaz de alimentar las necesidades del pueblo venezolano. Las aves de rapiña, de aquí y acullá, hacían su agosto. Rozando el mediodía de la década de 1920, más de 100 compañías extranjeras medraban en busca de concesiones generosas en Venezuela.

A consecuencia de la II Guerra Mundial, las exportaciones petroleras de Venezuela habían menguado significativamente; varios buques petroleros que transportaban crudo hacia las refinerías localizadas en las islas angloholandesas de Aruba y Curazao, habían sido hundidos por submarinos alemanes. La producción cayó de más de 650.000 b/d a menos de 350.000. Sin embargo, ya para fines de 1943 había comenzado a aumentar. A principios de 1944, impulsada por el estímulo conjunto de las grandes zonas de nuevas concesiones, el transporte marítimo disponible y la demanda sin precedentes del mercado, la industria petrolera de Venezuela inició el mayor auge de toda su historia. Los datos son extraídos de las Memorias del Ministerio de Hacienda y de Fomento de 1944 y 1945, preferiblemente, de los artículos de la prensa de la época y de los boletines anuales de las compañías petroleras.

La máxima producción se convirtió de nuevo en la política a seguir, mientras Juan Pablo Pérez Alfonzo predicaba en el desierto. Muchos campos ya probados se abrieron de nuevo y se perforaron otros nuevos. En 1944 Venezuela volvió a ocupar el segundo puesto en la producción mundial con 704.100 b/d, la cifra más alta de toda su historia, casi el doble de su producción de 1929; en 1945 se extrajeron 884.931 b/d. Entre 1930 y 1945, la producción se había incrementado en 87,6%. Con la Ley de Hidrocarburos de 1943 y la imposición de una nueva Política Petrolera, las compañías habían comenzado a pagar el impuesto por las importaciones de sus herramientas, maquinarias, plantas y toda clase de equipos, de cuya exoneración habían disfrutado desde el descubrimiento del Zumaque en Mene Grande en 1914. De todas maneras, entre el valor de exportación y el valor de realización, siguieron escamoteando los impuestos al fisco nacional. El capitalismo es antiético.

La voracidad de las compañías era indetenible. Con el barril a menos de dos dólares y unos impuestos por demás generosos, además de las trampas consuetudinarias en una contabilidad manejada a capricho, se efectuaba una intensa exploración en las nuevas concesiones. Nuevos campos se incorporaron en la costa oeste del lago de Maracaibo. Perforando a más profundidad en los estratos cretáceos de los campos de La Paz y Concepción, la Shell descubrió en 1944 grandes cantidades de petróleo ligero que se encontraba por debajo de los niveles de la producción anterior. Este importante desarrollo hizo volver al país a la Standard de California (que lo había abandonado durante la depresión de 1929 a 1934). Se unió a la Sinclair, la Texas y la Atlantic Refining en adquirir apresuradamente concesiones al Noroeste del Lago Maracaibo (Liuewen, cortesía de Mendoza Potellá, 2010).

En el oriente venezolano, la Creole Petroleum Corporation, filial ahora para todas las operaciones de la Standard de New Jersey en Venezuela, amplió los campos ya probados en Monagas. La Mene Grande encontró petróleo por todas partes al ampliar los límites de sus campos de Oficina, y la Sinclair, la Texas, la Philips y la Socony adquirieron nuevas pertenencias en el Este.

La demanda internacional del crudo y sus productos, alimentaba el ansia de ganancias infinitas de las compañías y exploraban en partes de Venezuela no tocadas hasta entonces. La Socony perforó al Sur de los Andes en el estado de Barinas, y la Mene Grande exploró los aislados llanos de Apure. Sus trampas orientadas al robo, adiestró contadores que se hicieron expertos en manipulación de los libros de contabilidad para defraudar al fisco, manipulaciones superadas hoy día por el fraude, el engaño y la tergiversación de los medios de información internacional contra Venezuela.

Doce compañías emprendieron una inútil búsqueda de petróleo en el estado Guárico, en donde se construyó una carretera de 300 kilómetros desde el campo de El Sombrero a Puerto La Cruz. La Creole, que construyó casas y otras "instalaciones permanentes en su campo" ¡¡¡perdió!!! cerca de 20.000.000 de dólares en esta empresa. El fracaso del Guárico no impidió, sin embargo, la exploración de otras nuevas zonas. Ese capital fue rápidamente recuperado mediante trampas contra el fisco nacional.

La mano de obra, ya en la cifra máxima de 40.000 en 1943, aumentó todavía su número. La producción continuaba ascendiendo, dado que Venezuela suministraba cada vez más petróleo a los aliados de la guerra. Se tendieron nuevos oleoductos hasta Puerto La Cruz, en donde la construcción de la refinería sólo esperaba el término de la guerra, cuando se dispusiera nuevamente de materiales.

Los ingresos producidos como resultado de la ley de impuesto sobre la renta de 1942 y de hidrocarburos de 1943, las nuevas concesiones y el aumento de la producción incrementaron los ingresos petroleros del gobierno más allá de toda expectativa. En el año fiscal terminado el 30 de junio de 1944, los impuestos petroleros, según registran las Memorias del Ministerio de Fomento y las Estadísticas Anuales de las petroleras de 1950, ahora la principal partida del presupuesto, proporcionaron al gobierno 149.000.000 de bolívares, más del doble que el año anterior, y el nuevo impuesto sobre la renta, pagado casi exclusivamente por las compañías petroleras, produjo 39.000.000 de bolívares. Al año siguiente, los impuestos petroleros se elevaron a 276.000.000 de bolívares, y el impuesto sobre la renta a 52.000.000. Así, de los 614.000.000 de bolívares del total de ingresos (más del doble que los años anteriores), la industria petrolera pagó más del 50 por ciento, sin contar los ingresos aduaneros. El gobierno dependía más que nunca de su petróleo. El rentismo petrolero avanzaba indetenible, mientras la producción de productos agropecuarios se "hundía en el excremento del diablo" y en los cinturones de miseria de las grandes ciudades y los campamentos petroleros. Las importaciones de alimentos y toda clase de medicamentos, "delicatesses", bisutería, vehículos, joyas, pieles, ropa de Nueva York, Londres, París y Roma abarrotaba los grandes almacenes de Caracas y Maracaibo. Las manufacturas de toda clase, crecían exponencialmente. "La Cultura del Petróleo" nos había atrapado y nos envilecía cada vez más. En tanto, el pueblo, el pobre pueblo, padecía de indigencia. Como todo era relativamente barato, el consumismo hacía presa de los venezolanos.

Durante los primeros años de la guerra, los ingresos fiscales se distribuyeron entre las varias ramas del gobierno aproximadamente en la misma proporción que antes. Se continuó el desarrollo económico iniciado por el Programa de Febrero de López Contreras. Cuando los ingresos se redujeron radicalmente en 1942, los gastos fueron mantenidos recurriendo a las reservas acumuladas. Cuando comenzaron a producirse ingresos extraordinarios en 1943 se incrementaron los gastos de todos los departamentos del gobierno, necesidad debida primordialmente a la presión inflacionaria del nuevo ingreso.

En esta fecha se comenzó el programa ya anunciado de obras públicas de Medina, incrementándose la participación relativa de este ministerio de una quinta parte del total, en 1943, a una tercera parte, en 1945. Mientras tanto, dado que los ingresos sobrepasaron a los gastos en el 25 por ciento aproximadamente a partir de 1943, se acumularon reservas para las adquisiciones durante la postguerra de materiales y maquinaria de desarrollo.

En tanto, las petroleras seguían llevándose la parte del león. El fifty-fifty no funcionaba. La manipulación de la contabilidad, de los precios de realización contrastaba con los precios de referencia, no se aforaba con severidad lo extraído de los pozos y los volúmenes de embarque, el capitalismo era y es ladrón de origen, por conveniencia y por vocación.



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César Eulogio Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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