Un diablito, 65; un atún, 69; el paralelo a 60 bolívares. La cosa sigue fea

Mientras el gobierno aceita su maquinaria electoral y la oposición se pelea por agarrar algunas que otra alcaldías en el país; el venezolano de a pies busca fórmulas para sobrevivir en una economía que arrasa con sus bolsillos.

El que acude a los supermercado con frecuencia, ya no le asombra que los precios suban cada semana, incluso en períodos más cortos.

Un diablito, está costando 65 bolívares.
Un atún, 69.
Un cartón de huevo pasó hace rato de los 100.
El pan de jamón, a 250 bolívares, casi tres salario mínimos de un día.
La carrera mínima de un taxista ya está en 100 bolívares.

Y el paralelo sigue su rumbo imparable hacia los 100. Ahora mismo está en 60 bolívares, pero cuando pase la borrachera electoral, seguramente su precio para enero será de 80.


Mientras el gobierno sigue en su incesante tónica: la trilogía del mal prepara un zarpazo para diciembre, cosa que no dudamos, pero no deja de imprimir bolívares y crear viceministerios.


Es decir, en vez de ajustarse, reducir gastos superfluos, adelgazar la burocracia existente, continúa ingresando personal a la administración pública, con dinero inorgánico, esto es sin respaldo en dólares u otros activos, que dispara no sólo los precios, sino que vuelve agua el dinero en las manos de los venezolanos.


Se calcula que el déficit fiscal, esto es el saldo rojo del gobierno, alcanza entre 10 y 15% del PIB, porcentaje nada despreciable en un momento económico realmente preocupante.


En estos días, fui a comprar un saco de cemento, que usualmente costaba 30 bolívares; lo vendían a 150, previa compra de otros materiales.


La tónica de los comerciantes para protegerse de la inflación y el paralelo, es vender poca mercancía y obligar al consumidor a comprar otras, cuando los artículos escasean.


Un amigo contaba que estuvo dos hora metido en un supermercado porque le dieron “el pitazo” que llegaría harina. Dijo que dio tantas vueltas en el super, que se aprendió todos los precios, para finalmente desistir de la odisea, pues la harina nunca llegó.


El gobierno, en un intento por frenar la espiral del paralelo, ofreció subastar 100 millones de dólares semanales, que el mercado se los engulle con una capacidad de absorción sideral; pero el dólar negro sigue su ascenso de forma irrefrenable.


Es decir, el gobierno quema importantes divisas en un sector productivo que engulle todo lo que sea verde al precio que sea, porque posteriormente lo trasladará al bolsillo de los consumidores que terminarán pagando las erráticas políticas gubernamentales.


Y algo que echamos de menos, es que no se le hable claro y sencillo al país. Se habla de números, cifras, porcentajes, pero no le aterrizan lo que verdaderamente está sucediendo, y no es otra cosa que estamos sentado en un barril de pólvora económico que pronto explotará, y no sabemos de qué lado, porque una cosa es la inflación que llegue a 50%, y otra es afrontarla con el aditivo de la especulación.


El bolsillo no aguanta más.


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Rubén Marcano

Periodista, graduado en la UCV. TSU en Informática, con estudios sin culminar en Sociología y Derecho en la UCV. Con maestría de Periodismo y Comunicación Institucional en la Complutense de Madrid, Autónoma de Barcelona y UPEL. Ha escrito dos libros. Es profesor universitario y articulista.

 rubenmarcano@gmail.com      @rubenmarcanob

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