Los imperios, auge i decadencia

“La traición supone una cobardía

 y una depravación detestable”

 Barón Holbach

 Trataré en lo posible de hacer una síntesis, del concepto de imperio o de los tipos de imperio que se han dado en la historia de la humanidad, o como expongo en mi obra Ajedrez de Mundo, las humanidades, ya que he defendido siempre la tesis de que si no podemos hablar de la sociedad humana, (la sociedad de hombres i mujeres), así como hablamos de la sociedad animal, o sociedad de termitas, hormigas, o la más avanzada sociedad de abejas (son ginecocracias), tampoco debemos hablar de una gran i única sociedad universal como la HUMANIDAD, puesto que no sólo son muchas i diversas, sino que corren por la vida enfrentándose en casi todos los terrenos de la pretendida vida civilizada, donde hasta el sexo biológico lo hemos confundido. Si lo que existe son sociedades humanas, así en plural, me cuesta entender que podamos hablar de la humanidad en singular. En otra ocasión podría extenderme en estas consideraciones, así como lo hice en mi obra citada que, siguiendo a Unamuno es más una nivola que una novela (lo que pretende ser) pues tiene prólogo.

 Empiezo por una definición de imperio, más actual -aunque tenemos que ir al pasado- diciendo con Manuel Ossorio que “es un concepto que afecta esencialmente al Derecho Político, por cuanto hace referencia a una forma de gobierno, por lo general monárquica y absoluta, aun cuando también es aplicable a regímenes constitucionales que se caracterizan por un propósito anexoniador de territorios y aun de naciones que no pertenecen al Estado dominador”.  Sin embargo sabemos que en el pasado no lejano, i hasta en el presente, el colonialismo es una forma de imperialismo i bastante cruel, como lo vimos en la conquista de América i en las arbitrariedades de hoi.

 Esa definición, como otras de diversos autores, implica dos criterios determinantes; 1) la extensión extraordinaria del territorio sometido a un poder soberano i, 2) el dominio de un Estado sobre los territorios conquistados, para saquear riquezas, aplastar rebeldías i realizar genocidios. Hubo imperios notables en la antigüedad que no es necesario analizar (el tiempo i la historia los borraron del todo) tales como el Imperio Persa, el imperio de Alejandro Magno, el Imperio Árabe i uno que todavía reclama recordarlo como lo fue el Imperio Romano, porque expandió el poder supremo, civil, militar i judicial. Sin embargo, según el diccionario de Manuel García Aparisi, en concreto, el imperialismo consecuencia de esta forma de gobierno i que nos interesa conocer, se extiende desde 1880 hasta 1914, caracterizado por el ansia de expansión económica de las grandes potencias, como Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia, Japón i sobre todo los Estados Unidos, aunque Alemania reclamaba sobre todo espacio vital i según la doctrina marxista o comunista, el imperialismo es el último estadio del capitalismo (Lenin Imperialismo: Fase superior del Capitalismo).

 De todos modo el lapso señalado me parece arbitrario, puesto que no finaliza, obviamente en 1914, sino que es precisamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el gran negocio que les resultó la guerra, dio el maléfico o macabro impulso al Imperio de Norteamérica, para constituirse en el más grande, extendido, genocida, cruel i desmedido de todos los imperios de la Tierra i de la Historia Universal, favorecido por el capitalismo salvaje, el secuestro de los grandes talentos científicos de Europa i el mundo, el poderío militar jamás imaginado i la incultura e ignorancia de la mayoría de sus mandatarios llamados presidentes. Algunos, verdaderos emperadores, resumen humano de Nerón i de Calígula.

 Estas características imperiales, aunque tienen como denominador común la supremacía bélica, el armamento militar de tierra, mar, i aire, i por otro la presencia de emperadores, reyes, dictadores, califas, faraones, sátrapas,  etc., en el pasado; pero obviamente han cambiado los actores i la estructura de los Estados. Entonces lo principal que priva, son las decisiones de hombres belicosos, anormales mentales solapados i una ambición desmedida por el poder i las riquezas del mundo. Eso, cuando alguien, como reyes o emperadores del pasado lejano, o más cercanos, como Hitler o Stalin, o entre nosotros Juan Vicente Gómez o Pérez Jiménez, i Somoza o Pinochet en otros países, tienen la oportunidad de imponerse personalmente, i se rodean de una corte de aduladores, cobardes sumisos o escorias humanas que le hacen pedestal. En los tiempos actuales, los mandamás, son los emperadores del dinero, los accionistas de las grandes corporaciones monopólicas i oligopólicas, i los militares que con una mentalidad de siglos atrás (lo que le sucede a la iglesia mafiosa) que tienen la más avanzada, estupenda i refinada (no “sofisticada” como se dice disparatadamente, porque eso quiere decir adulterada, falsificada, etc.,) tecnología científica que, lejos de utilizarse para la salud, el progreso i la felicidad del género humano, cada día crea más perversos aparatos de destrucción universal, como enorgullece a la caterva de trogloditas del Pentágono. Lo que los mismos bandidos que las fabrican, llaman “armas de destrucción masiva”.

  Lo que caracteriza, pues, a este modelo -siguiendo a  Josep M. Vallés- es la existencia de una organización política integrada que actúa en un ámbito territorial, i que en la cúspide se sitúa a una figura, al que se atribuye el control último de la coacción, i se rodea de instrumentos de dominación, básicamente integrados por ejércitos i burocracias de apoyo. Eso sucede en los Estados Unidos, i en lo que más concuerdo, es cuando se dice que en la cúspide de ese Estado Autoritario, se coloca una “figura”, porque en verdad los presidentes de esa nación del norte, uno más que otros, son simples marionetas del imperio que está por detrás, i que si no obedecen los destituyen, o más rápido i efectivo, los asesinan. Es el país donde se ha asesinado más presidente en su historia. Vallés cree distinguir entre el imperio “clientelar-patrimonial” (dice proteger i exige tributos) que es el derivado de las conquistas i que posee firmes vínculos personales; i el otro, el burocrático-territorial, que va mucho más allá de simples tributos como el de los césares romanos, sino que, el centro político se propone una tarea de alcance universal, empeñada en integrar territorios i poblaciones, mediante la sujeción a pautas comunes, administración, leyes, religión, idioma, hábitos, rituales etc., que en el ayer cercano resultaba difícil, pero con los medios de comunicación actuales, radio, prensa, televisión, propaganda, etc., ha cambiado casi radicalmente la técnica de lo que llamamos un golpe de estado, para someter a los pueblos, más cuando consiguen con facilidad a los cómplices i vende patria, que en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, llamaron “los colaboracionistas” a los que me referiré en un próximo artículo, para hacerles ver el destino que tienen los que por corrupción, por analfabetismo cultural -especialmente histórico- i por dinero (los Judas modernos o llamados “pitiyanquis”) se convierten categóricamente en traidores. Los que están creyendo que en caso de un sometimiento -que espero no sucederá- los invasores los van a privilegiar o distinguir; al contrario, creo que de esos saldrían primero que de todos, porque quien traiciona a la patria, para el enemigo es la peor basura i no quieren entre sus filas malditas, a otros más malditos que ellos.  Ya veremos que destino tuvieron durante i después de la guerra, “los voluntarios colaboracionistas” tales como un Quisling o un Degrelle. Como ya dije en otros artículos anteriores, ya estamos en guerra, aunque anhelemos con todo el corazón la paz. Las bases norteamericanas en la Colombia podrida por el “uribismo”, es un inicio sin lugar a dudas; i me resultó ridículo, mientras veía esta tarde la primera sesión de la Asamblea Nacional, la ridícula i desgraciada actitud de los integrantes de ese minúsculo cerrito de excremento político que se llama PODEMOS, anotarse como uribistas i colaboracionistas. El destino, con guerra o sin guerra, que les espera, es incierto i obscuro.

 I esto es así, porque todo imperio tiene desde el comienzo, contados sus días. Estamos ya viendo el inicio, por la propia autodestrucción financiera i económica que se ha extendido al mundo, porque la ambición de este imperio, que vislumbró nuestro Libertador hace doscientos años, tiene tentáculos en los cinco continentes; pero tendrá su fin casi seguro, antes de la mitad del presente siglo i porque la tarea que nos tocará a todos en escala mundial, es la salvación del planeta; la única nave espacial que poseemos i la que no lleva botes salvavidas. Una guerra, en cualquier latitud, sería lo mismo que un paro cardíaco en el espacio.


robertojjm@hotmail.com



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Roberto Jiménez Maggiolo


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