Los Domingos de Díaz Rangel

La guerra de Costa Rica

San José, Costa Rica

Había salido de Caracas con el propósito de no ocuparme de esta página mientras duraran mis vacaciones; en una primera etapa, estoy aquí en San José para descansar unos días aprovechando la invitación que me hizo el Colegio de Periodistas para ser el orador de orden en los actos del cuadragésimo aniversario de su fundación. Pero conocí una historia que me apresuro en contarles.

Antes debo decirles que en el CNP hablé sobre los cambios que se han venido desarrollando en América Latina en los últimos diez años, iniciados en Venezuela en 1998, y cómo este proceso de cambios ha tenido en paralelo cambios en la conducta de la mayoría de los más poderosos medios de sus países. Tradicionalmente dividían sus apoyos entre las candidaturas del sistema, pero ahora fueron desconcertados, pues la otra opción atendía a otros intereses, muy distintos de los que de alguna manera ese poder mediático representaba. Obviaron un principio esencial del periodismo como es el de la verdad; siempre fueron derrotados.

Ese es el panorama que les ofrecí a los periodistas ticos, y, con variantes, en la Universidad de Costa Rica.

Mercenarios del siglo XXI.

Pero me ocurrió algo inesperado. En el avión terminé de leer "El lado oculto del Presidente Mora", del periodista Armando Vargas, y recibí versiones complementarias de hechos que apenas conocemos en Venezuela.

Tenía superficiales conocimientos del pirata William Walker, quien cometió toda clase de tropelías y atropellos en Centroamérica, e incluso llegó a ser Presidente de Nicaragua el 12 de julio de 1856. Mi sorpresa mayor fue saber que se juramentó en inglés, pronunció su discurso inaugural en inglés ¡y en inglés se redactaron sus primeras leyes! Había sido contratado por jefes del Partido Liberal, en abierta pugna interpartidista, pero una vez que se apoderó del gobierno, no quiso entregárselos. También tuvo el apoyo de los sureños racistas de EEUU y más discretamente, del Gobierno de EEUU, de la administración del presidente Franklin Pierce (1853-57).

La invasión de EEUU a México (1848) , la ocupación de su capital y el despojo de más de un tercio de su territorio, animó a muchos aventureros a acciones similares, más modestas, por supuesto. Entre ellos estuvo el venezolano Narciso López, que pretendió invadir Cuba para negociarla con el gobierno estadounidense, que había ofrecido en 1848 para comprar la isla por 100 mil dólares.

Desde California salieron hacia el Pacífico mexicano 3 expediciones, en fin, son muchas.

Estas operaciones del pirata Walker incluyeron la toma y quema de la ciudad de Granada, en Nicaragua, entre sus primeras acciones; las amenazas contra otros países hizo que éstos se unieran para enfrentarlo. El general Gerardo Barrios comandó las tropas de El Salvador, y Honduras envió un modesto destacamento.

Fue Costa Rica el más decidido. El 1º de marzo de 1856, el gobierno del presidente Juan Rafael Mora llama "¡A las armas!", en proclama donde anuncia tres propósitos: defender la patria amenazada, combatir por la libertad de los nicaragüenses y luchar "por la independencia hispanoamericana", se puso al frente de su ejército y 16 días después, obtiene su primera victoria en Santa Rosa. El maestro mexicano José Vasconcelos escribió que el 20 de marzo "es fecha que debiera ser festejada en todo el continente... En este día, todos los maestros de escuela de la América Española deberían relatar a sus alumnos los pormenores de esta gloriosa acción de armas", Posteriormente los vuelve a derrotar en Rivas, también en territorio de Nicaragua. Estos triunfos no caen nada bien en Estados Unidos, en cambio son recibidos con entusiasmo en la mayoría de los países latinoamericanos.

Solidaridad. Cuenta Vargas en su libro que "Venezuela dirige una carta circular a los gobiernos hispanoamericanos por la cual excita a un Congreso Plenipotenciario a que "perfeccione un pacto de recíproca garantía de su territorio y paz interna". Es una segunda iniciativa, porque el 15 de septiembre de 1856, en Santiago, diplomáticos de Chile, Perú y Ecuador habían suscrito un Tratado de Unión Hispanoamericana.

José Tadeo Monagas, como presidente en Venezuela, propone la urgencia de reunir el Congreso y que se celebre en Panamá. El Salvador es el primero en responder afirmativamente y sugiere que sea en San José la reunión. La Colombia de entonces también la apoya, "porque el peligro es común para todos los pueblos de la raza española".

¿Dónde ve Bogotá el peligro? En EEUU: "La Unión Americana, después de poblar su inmenso territorio del Atlántico, ha invadido el Occidente hasta situarse en el Pacífico, ha llevado la planta al fondo de Oregón, ha arrebatado extensos territorios mexica- nos...". Entonces estaban claritos los colombianos.

Más adelante, el 9 de noviembre de 1856, en Washington, los embajadores de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México, Nueva Granada, Perú y Venezuela suscriben el Tratado de Alianza y Confederación de Estados Hispanoamericanos, lo que no dejó de interpretarse como "un gesto de desafío a la administración Pierce".

Pero ninguno de esos acuerdos pudo materializarse. "Los Estados Unidos mueven sus hilos con eficaz sigilo... Estorba los preparativos e impide la reunión del primer Congreso Iberoamericano", (Vargas, pág. 230) Además, si hoy, como dijeron algunos presidentes en Bariloche, muchas de las convenciones firmadas son letra muerta, pueden imaginarse cómo sería hace más de 150 años, con países no articulados, sin comunicaciones, cuando el término de la distancia lo daba un lento bergantín o el paso de mulas y bueyes por trochas intransitables.

A comienzos del 57, las fuerzas de Costa Rica obtiene otros triunfos, capturan tres fuertes yocho barcos del pirata Walker, así como numerosos cañones, 500 fusiles y unos 100 filibusteros. Pero la tenacidad de este mercenario no tiene límites. Intentó dos veces más invadir Centroamérica, pero a la tercera va la vencida... definitiva. En 1860, con ayuda del barco inglés Icarus, fue capturado en las costas de Honduras, preso y fusilado el 12 de septiembre.

La región ha estado amenazada desde adentro y desde afuera, y requiere la unidad.

Fue aquí en San José, hace 153 años, cuando durante la presidencia de Juan Rafael Mora, baluarte de la contención del expansionismo estadounidense, seguidor de las prédicas de Simón Bolívar, de San Martín y nuestros libertadores, el Boletín Oficial de su Gobierno recogió este llamamiento en octubre de 1856, que hoy conserva toda su esencia: "¡Unión! ¡Unión! Este es el grito que retumba desde México hasta la Tierra del Fuego, y cuantos más violentos, más bárbaros y escandalosos sean los atentados que se cometen contra nuestras débiles nacionalidades, más rápida, más firme y poderosa será la alianza de los pueblos iberoamericanos".

No es extraño que esta historia sea ignorada, incluso aquí en Costa Rica.

San José, septiembre 4
edrangel@cadena-capriles.com


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Eleazar Díaz Rangel

Periodista egresado de la UCV. Ganador del Premio Nacional de Periodismo y menciones en diversas especialidades. Es Director del diario Últimas Noticias desde el año 2001. Profesor titular jubilado de la universidad central de Venezuela, cuya escuela de comunicación social dirigió (1983-86). Presidente de VTV 1994-1996. Presidente de la asociación venezolana de periodistas.

 edrangel@grupo-un.com

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