Chávez y el fin de la monarquía española

Si Juan Carlos I de España no hubiera matado de un tiro a su hermano menor cuando éste apenas tenía 14 años pero ya le hacía sombra con su carisma y talento, quizás España tendría hoy un rey intelectual. Pero el tiro disparado ese fatídico Jueves Santo 29 de marzo de 1956 en la biblioteca de una residencia de Estéril, Portugal, no dejó escogencia al dictador Franco al firmar la sentencia que condenaba a muerte a la República española y le imponía al pueblo un rey sin cualidades para quien el honor se cotiza en bolsa y la grandeza de España viene de explotar a otras naciones.

La primera misión del último Borbón era servir de moderador en la transición de dictadura a democracia y ejercer una jefatura de Estado indiscutible para la unidad de las Fuerzas Armadas al momento de enfrentar cualquier riesgo importante, como por ejemplo la amenaza de contagio que representaba la vecina revolución portuguesa. Juan Carlos I fue proclamado rey el 22 de noviembre 1975, justo tres días antes del golpe de Estado que en el país vecino liquidó la revolución de los claveles.

EL CONJURADO REAL

El rey cumplió la misión asignada por Franco. Los extremistas de derecha e izquierda aceptaron, a regañadientes, su presencia moderadora que los protegía de los desmadres de los contrarios. Pero una vez controlados los extremistas a lo largo de dos presidencias, aparentemente estabilizada la democracia y conjurado el peligro inicial, fueron los moderados quienes entraron en acción, confiados en su fuerza electoral. La derecha presionaba al Estado (al Rey) y la izquierda al gobierno, La monarquía comenzó a ser vista por todos como un peso inservible o un decorado molesto. Sólo un golpe magistral podía repotenciarla y remoderar a los moderados, cada vez más impacientes por imponer su visión de los cambios que necesitaba o no toleraba España.

ASENTIMIENTO SIN SENTIMIENTO

Este golpe magistral fue el golpe de Estado de 27 de Febrero de 1981 (conocido como el 27-F), cuya cabeza visible fue el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, quien ocupó violentamente el parlamento el día de la toma de posesión del nuevo presidente Calvo Sotelo. Simultáneamente, los tanques ocuparon Valencia y ocurrieron otras acciones como la toma de la Televisión Española en Madrid. Los conjurados, monárquicos y franquistas de toda la vida, algunos muy cercanos al Rey, decían contar con su respaldo porque de eso habían sido convencidos, nunca se sabrá por quién. Cuando la ola golpista alcanzó su punto más alto y se detuvo, España estaba paralizada y expectante. Con una intervención en la televisión condenando el golpe, Juan Carlos pasó de heredero de Franco a paladín de la democracia.

El resultado del 27-F fue (como en todas las provocaciones) lo que se buscaba desde el principio, y da la razón a quienes atribuyen al monarca su autoría intelectual. Liquidó a los generales que tenían cómo y por qué recordarle sus compromisos con el pasado y le ganó el agradecimiento de la izquierda que se sintió salvada de la represión. Los oficiales comprometidos, incluyendo al tutor de Juan Carlos desde su adolescencia, fueron a prisión, y, más imbécil que nunca, el entonces secretario general del Partido Comunista Español, Santiago Carrillo declaró al día siguiente: “Ahora todos somos monárquicos”.

EL REY AVALA BALAS

Así llegamos a los 14 años de Felipe González, al referéndum que aprobó la permanencia de España en la OTAN, al ingreso en la Unión Europea y las relaciones cada vez más estrechas con Estados Unidos, promovidas por una monarquía neoliberal. Aunque el Rey nunca dice nada, es él quien dirige la política exterior de España y estába enterado de todo: de la creciente actividad de la CIA en el gobierno y de los asesinatos del GAL, un grupo parapolicial que mataba a los nacionalistas vascos dondequiera que estén, incluyendo la urbanización Las Palmas de Caracas.

LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN

Juan Carlos I no es un fin de raza fatuo y vanidoso sino un empresario duro y puro. Además de los 20 o 30 millones de dólares que cobra por nómina, se mueve en las escabrosas complicidades del Estado con las transnacionales, españolas o no. Desde antes de ejercer el oficio de rey, como Jefe de Estado substituto del Caudillo que agonizaba, comenzó a escoger los anzuelos de su palangre. Todavía se rumora su participación en la venta del Sahara Español a Marruecos, y está vivo el recuerdo de los empréstitos mil millonarios solicitados a los árabes y otros negocios turbios, por los cuales fueron a la cárcel algunos truhanes del entorno financiero del Rey, como Javier de la Rosa, Colón de Carvajal, Manuel Prado y Mario Conde.

Los grandes negocios siempre tienen que ver con la política exterior, y aquí Juan Carlos es la prueba viviente de que nadie somete a un rey: él decide soberanamente a quien ha de someterse… y Juan Carlos I de Borbón se sometió a los Estados Unidos. Fue así como, pocos días antes de la invasión de Irak, el Rey celebró el cumpleaños de su hijo, el Príncipe de Asturias, ambos vestidos de uniforme en una base de la OTAN. A partir de entonces, Abu Grahib, Guantánamo, los vuelos clandestinos de la CIA, los desastres de una guerra lejana, injusta e inmoral, son el aporte más notable de la Casa de Borbón a la Nación Española en materia internacional, además de enviar policías contra los zapatistas y condecorar a periodistas felones. En política interior los españoles le deben al Rey la perpetuación de la tortura franquista y algunas portadas de la revista HOLA,

EL GOLPE DE ESTADO EN VENEZUELA

Es imposible que el gobierno español se comprometa en un golpe de Estado en un país extranjero sin el previo conocimiento y aprobación del Jefe de Estado, que es el Rey. Como es imposible que lo haga sin ponerse de acuerdo con Estados Unidos.

Con el argumento de defender los intereses de las empresas extranjeras en Venezuela (y en toda Latinoamérica), el Estado español se involucró en la preparación y ejecución del golpe de Estado de Abril 2002 que derrocó al Presidente Chávez; apenas el empresario Pedro Carmona se autoproclamó dictador y decretó la abolición de las instituciones democráticas, España y USA lo reconocieron oficialmente. No en balde este siniestro personaje había estado en Washington y Madrid la semana anterior al golpe,. Y fue en la capital española donde le confeccionaron la banda presidencial que cruzó su pecho en la auto proclamación.

Reinstaurado Chávez en la presidencia por la acción del pueblo y los militares leales, el gobierno venezolano denunció la intervención gringa pero amortiguó la felonía real con discreta buena voluntad. Pero los empresarios y los Borbones son insaciables, volvieron a las andanzas no solo contra Venezuela sino contra Ecuador, Nicaragua y, sobre todo contra Bolivia donde las transnacionales españolas aportan material de guerra a la derecha subversiva.

EL INCIDENTE DE SANTIAGO

El Presidente Zapatero, previendo las denuncias de la injerencia española, expuso la peregrina tesis de que ningún país podía culpar de sus problemas al extranjero, una falsedad del tamaño de dos siglos de imperialismo y la tierra entera. Chávez replicó denunciando las acciones criminales del ex presidente Aznar, Zapatero exigió respeto para Aznar y Chávez replicó que más bien le exigiera respeto al “fascista” Aznar, que permanentemente insulta a Venezuela. En España ser fascista es de mal gusto pero legal y por lo tanto “fascista” no es técnicamente un insulto para semejante bribón, incurso en delitos tipificados por la ley venezolana, crímenes de lesa humanidad contra el pueblo de Irak, encubrimiento y obstrucción de la justicia en el atentado terrorista de Madrid. La intervención más vulgar que grosera de Juan Carlos de Borbón mandando a callar a Chávez fue, peor que un crimen, una falta que marcará en la historia el comienzo del fin de la monarquía española.

ESPAÑA EN EL CORAZÓN

En manos de los Borbones, la más nefasta dinastía de Europa, se perdió el Imperio de Carlos V donde no se ponía el sol. Juan Carlos I, con su desvergonzada entrega a los Estados Unidos ha unido la suerte de la monarquía a la burguesía neoliberal; y con su desplante de Santiago de Chile le ha quitado al Estado Español el prestigio que le quedaba en Latinoamérica sin ganarle ni un adepto en la Madre Patria donde su popularidad hace tiempo que tocó el techo y comenzó a bajar.

Actualmente se construye en España un “navío de proyección estratégica” que llevará el nombre del Rey y está diseñado para intervenciones aéreas o anfibias en otros países, junto a la OTAN. Se calcula que entrará en servicio en 2008, y quizás Su Majestad piensa que entonces podrá callar a Chávez de una vez por todas. No debe sin embargo olvidar que los países latinoamericanos (y particularmente Venezuela) no obtuvieron su soberanía como él la obtuvo, de manos de otro, sino combatiendo cuerpo a cuerpo con los ejércitos imperiales.

Los latinoamericanos amamos a España, pero no a la España de empresarios y torturadores que Juan Carlos representa, sino a la España siempre revolucionaria, rojinegra, que hoy le hace en silencio la pregunta que un día le hará de calle: “¿POR QUÉ NO ABDICAS?”

rotheeduardo@hotmail.com



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Eduardo Rothe


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