Argentina no callará

El rey mandó callar. Abrupta, inesperadamente, cayó el velo que encubre las relaciones internacionales en América Latina. Resulta que la culta y rica Europa tiene reyes. Y que estos continúan sintiéndose dueños de sus colonias.

La respuesta de cuatro mandatarios clausuró una fase más del vertiginoso devenir regional.

“Tenemos 500 años aquí; nunca nos callaremos. Y menos a la voz de un monarca”, replicó Hugo Chavez, a la vez que conminó al Borbón a responder si estaba al tanto de la participación de España en el golpe de Estado contra su gobierno, en abril de 2002. Carlos Lage, Evo Morales y Daniel Ortega levantaron una muralla contra la prepotencia imperial. Lula y Kirchner ya se habían retirado. Hasta el momento en que se redactan estas líneas, 24 horas después de ese 11 de noviembre que pasará a la historia, no se conocen declaraciones públicas de los presidentes de Brasil y Argentina sobre este choque frontal que desbarata la estrategia imperial europea con estas “cumbres”.

De pronto Ayacucho es una palabra que vuelve a tener sentido, más allá de una calle elegante en Buenos Aires. Sucre no es ya la moneda que Ecuador reemplazó por el dólar. San Martín y Bolívar no son estatuas ecuestres con el sable en alto, emplazadas en cada ciudad, en beneficio de palomas y ante la indiferencia de todos. Aunque muchos –tal vez la mayoría- no alcancen exactamente el significado de estos nombres, comenzarán a conocerlos ahora.

El anacronismo irracional, el salto hacia el oscurantismo medieval que significó el retorno de la monarquía en España, fue acompañado por otro salto hacia atrás, más grave aún, dado por oportunistas y cobardes que, desde nomenclaturas de izquierda, primero hallaron argumentos para justificar que el franquismo organizara el futuro de España y luego pasaron a actuar como escuderos del capital financiero europeo, usando a España como punta de lanza en América Latina. Es esto lo que comienza a desmoronarse en Santiago.


El derrotado


Todo el talento de estadista del rey quedó a la vista en Santiago, ante los ojos del mundo. Un editor vasco señalaba al día siguiente, en un programa televisivo venezolano, la causa del desaguisado: “si el rey va a inaugurar un pantano, saca solemnemente un papel del bolsillo y lee: ‘dejo inaugurado este pantano’. Si no tiene el papel, pasa esto”. Pero su lugar en el mundo político español proviene de la elección de Francisco Franco, implementada por el Opus Dei cuando éste murió. De modo que no se debilitará su poder a causa de la exposición universal de sus capacidades. Ahora acompañada con efusividad por toda la prensa española, la revista Hola continuará haciéndole vistosos reportajes. Desde luego el episodio alimentará la ya muy notorias corrientes republicanas que en los últimos meses, tras años de impotencia, han relanzado una campaña contra la monarquía, con fundadas denuncias respecto de la malhabida fortuna de la casa real y el costo exorbitante -25 millones de euros anuales- que la casta parasitaria le cuesta a España. Pero la caída de los borbones llevará, presumiblemente, más tiempo que los efectos inmediatos de la “cumbre iberoamericana”.

En estas páginas, así como en otros escenarios y tribunas, hemos reiterado nuestra interpretación sobre la proliferación de las llamadas “cumbres”. Fue precisamente la denominada iberoamericana la que inauguró la carrera. En resumen, se trata de un dispositivo del imperialismo europeo, que bajo la patraña de la “madre patria”, utilizó a España con dos objetivos precisos: relanzar la penetración económica imperialista en América Latina y disputar con Estados Unidos el control del mercado regional, bajo la bandera de la supuesta “hermandad iberoamericana”.

Esa tarea no le fue asignada al rey, quien tras los trajines de fotos para revistas del corazón, debe cumplir con la caza de osos en Rumania. La faena queda para los plebeyos. En especial para los de más bajo linaje: los socialdemócratas.


Por qué la proliferación de cumbres


Con eje en Alemania, pero con España como mascarón de proa, la denominada “Internacional Socialista” (IS), usufructuó las resonancias de su nombre y con su política al servicio de las transnacionales europeas conquistó a numerosos “progresistas” para que éstas ganaran terreno en el hemisferio y entraran con ventajas al remate de las empresas del Estado.

Lo lograron. Más aún, mientras bajo el marbete de neoliberalismo la embestida privatizadora beneficiaba a empresas de la Unión Europea, la socialdemocracia ocupaba espacio político, cooptando sin excepción a las fuerzas “progresistas” e incluso a algunas revolucionarias.

Eso es lo que recibió una herida mortal en Santiago: la preponderancia política de la socialdemocracia en América Latina. Así como la década denominada “neoliberal” se engulló a los partidos tradicionales –desde el PRI en México al peronismo en Argentina- la agudización de las desigualdades sociales, prolongada con gobiernos de signo diverso, nominal o realmente distantes del “neoliberalismo”, melló y está a punto de derrumbar a las variantes reformistas socialdemócratas.

Con su actitud petulante en Santiago, José Luis Rodríguez Zapatero intentó encubrir que su propuesta no es sino la reivindicación del mismo “neoliberalismo” esgrimido sin vergüenza años atrás por su mentor Felipe González, quien ahora trabaja como lobbysta del mexicano Carlos Slim.

No fue Chávez sino Daniel Ortega quien asestó el golpe más duro y certero contra la pretensión de presidente español. Víctima del papel de la socialdemocracia internacional –a la cual se incorporó el FSLN antes de ser derrotado en elecciones, como lo haría posteriormente el PT de Brasil- Ortega hizo ante la máxima figura de la socialdemocracia “iberoamericana” una crítica demoledora de las banderas que ese pseudosocialismo esgrime como programa. Hay allí un dato elocuente y revelador: a partir de su propia experiencia, Ortega choca de frente contra el imperialismo europeo (lo que equivale a decir con la socialdemocracia), como lo hizo semanas atrás contra el estadounidense en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Sea como sea que se ubiquen otros liderazgos regionales en relación con la IS (particularmente los presidentes Lula, Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet, pero también altos funcionarios en todos los planos, así como partidos y agrupamientos cooptados en los últimos años), está a la vista que esa corriente política comienza a recorrer el inexorable camino de su debilitamiento y desaparición. Un adelanto puede observarse en la suerte de Acción Democrática en Venezuela, o de la UCR, el Frente Grande y el Frepaso en Argentina. Valga subrayar, a modo de ejemplo, que así como el dúo Borbón-Zapatero materializa la alianza estratégica Opus Dei-socialdemocracia, ese mismo apareamiento contra natura cobró cuerpo en Argentina con el dúo Bordón-Alvarez.

Es presumible que no serán pocos, ni sólo de segunda línea, los y las dirigentes latinoamericanos hoy alineados con posiciones socialdemócratas que cambiarán de rumbo. Particularmente importante es el camino que recorran cuadros sindicales que con mayor o menor claridad y convencimiento se dejaron seducir por el brazo sindical de la socialdemocracia, que junto con el socialcristianismo (el otro tentáculo del imperialismo contra la lucha de explotados y oprimidos), disolvieron no hace mucho sus aparatos internacionales para alumbrar la CSI (Central Sindical Internacional), que ahora busca articularse como central regional también en América Latina. Antes del papelón de Santiago, no era fácil reeditar el matrimonio Opus dei-socialdemocracia/Bordón-Alvarez en el terreno sindical y luego de todo lo ocurrido. Ahora será bastante más difícil.

La batalla de ideas, como parte inseparable de una consistente política de frente único, será la línea de acción para quienes luchamos por organizaciones de masas antiimperialistas y anticapitalistas en la región.

En Argentina, mientras tanto, es necesario comprender que el leit motiv de la cumbre iberoamericana, Cohesión social, es gemelo de la consigna enarbolada por el gobierno para su próximo período: Pacto Social. Y apunta a lo mismo: impedir el camino revolucionario de explotados y oprimidos. Como es público, todo el elenco gobernante presenta como modelo al Pacto de la Moncloa de España, pergeñado por los herederos del fascismo y avalado por Felipe González y el PSOE (Pseudo Socialismo Obrero Español).

Es de desear que el presidente argentino y su sucesora no callen ante el desplante de este remedo Borbón y se sumen al bloque formado por Chávez, Ortega, Evo y Lage. Sea como fuere, trabajadores, estudiantes, el pueblo todo de Argentina, más temprano que tarde tomará la palabra frente a los intentos de pacto social y su voz, como la de los patriotas argentinos que se sumaron a las tropas del mariscal Antonio José de Sucre para dar la última batalla victoriosa contra las tropas imperialistas españolas, en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1924, se unirá a las voces de la dignidad latinoamericana en este momento histórico.

Caracas, 12 de noviembre de 2007.



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Luis Bilbao

Escritor. Director de la revista América XXI

 luisbilbao@fibertel.com.ar      @BilbaoL

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