Cambios en Washington

Desde hace meses comenzaron a observarse indicadores de eventuales cambios en la política estadounidense hacia América Latina, y en particular con Venezuela.

Cuando Thomas Shannon, en un seminario en Washington (sept.10), respondió a una pregunta mía sobre la disposición de Estados Unidos a las aproximaciones, pregunté si eso podía entenderse como un eventual cambio. Más recientemente, su sorprendente visita a Managua para entrevistarse con el presidente electo Daniel Ortega, la interpreté como un paso en esa misma dirección. Luego se leyeron declaraciones que mostraban un lenguaje y una direccionalidad distintos en su trato con Venezuela, y finalmente las que valoraron el resultado de las elecciones del 3D como "bueno para Venezuela y para la región", todo lo cual fue rematado por el Departamento de Estado cuando instruyó a su embajador Brownfield a solicitar reunión con el canciller Maduro, con lo que se podría iniciar una nueva etapa en esas relaciones que han vivido tantas tensiones.

No es difícil entender las razones del cambio. Antes que nada, el fracaso de la política de Bush en Irak y Afganistán: "un ejército atrapado en la mayor debacle militar desde Vietnam, una política de Medio Oriente ya enterrada en las arenas de la Mesopotamia. No puede haber una salida digna de Irak, sólo un colapso sangriento y aterrador del poder militar" (*).

Efecto de ese desastre en el exterior fueron sus derrotas electorales donde perdió el Senado, la Cámara de Representantes y la mayoría de gobernadores. La "popularidad" de Bush llegó a sus más bajos niveles. Cesaron sus amenazas a Corea del Norte e Irán, y debió diferir para enero su discurso sobre la situación del país.

Entre tanto, en América Latina sucedían hechos importantes, no deseados en la Casa Blanca. En Nicaragua, Ortega es electo Presidente; poco después la izquierda ecuatoriana sorprende con el triunfo de Rafael Correa, y seguidamente Chávez obtiene un rotundo éxito. En los tres casos fueron derrotas de la política de Washington.

En esas condiciones se producen esos indicadores de que están revisando su política hacia la región, y en especial hacia Venezuela. ¿Será posible avanzar en ese camino? Por supuesto. El canciller Maduro ha sido bastante claro, todo cuanto demanda es una relación de respeto: "deben cesar la guerra política contra Venezuela", y aunque señaló que había razones para expresar desconfianza por las palabras de Washington, hay un camino para la conversación, el diálogo, el intercambio con el Gobierno de EEUU.

Ese camino comenzó a ser recorrido la noche del jueves en la Casa Amarilla. Ojalá no sea perturbado por palabras del Comando Sur o de Roger Noriega.


Oposición y Gobierno

Entre las novedades políticas de 2007 debe estar la oposición. Con 26% de votos menos que los del presidente Chávez: 4.266.974 frente a 7.274.331, escrutado 98,29% de las actas, un margen muy superior al de agosto 2004, cuando esa ventaja fue de 18%, la oposición se legitimó con el reconocimiento de la derrota que hizo su candidato Manuel Rosales. Se trata de una diferencia cualitativa de gran significación respecto a la conducta opositora de años anteriores.

¿Por qué la novedad? Se supone que deslastrada de los sectores extremistas de la derecha, rabiosos antichavistas, que siguen sin aceptar los resultados y pensando en atajos, ilusionándose con supuestas reuniones de militares, aunque con miradas cada vez más lánguidas hacia el Norte, sus amplios sectores democráticos finalmente reconocerán al Gobiernoyalos partidos de la mayoría, no tendrán que reunirse a escondidas con sus personeros representativos, podrán encontrarse, discrepar, y a veces coincidir, como suele ocurrir en la vida política en cualquier democracia.

En el camino tendrán que resolver problemas inherentes a sus diferencias internas. La consolidación de sus dos partidos, UNT y PJ, ocurrirá mediante procesos que se desarrollarán paralelamente, que les permitirán acercarse a sus respectivas ideologías y autonomías organizativas, y seguramente los diferenciarán con mayor nitidez.

Ya no será el antichavismo el factor dominante en sus relaciones.

Hay muchos puntos para las coincidencias, incluido el bloque que promueven, y el debate sobre las reformas constitucionales, eso sí, teniendo presente que como minoría no pueden imponer sus criterios.

Y para que la oposición siga recorriendo ese camino sobre los rieles de la ley requiere de un gobierno que reconozca esa fuerza, que esté consciente de que ese 37% de los venezolanos no puede ser ignorado.

Del Gobierno dependerá en alto grado tener la oposición que siempre ha querido, y necesitado.


El nuevo partido Bolivia

El presidente Chávez cortó por lo sano. Cerró cualquier posibilidad de debate sobre la integración de los partidos del chavismo, anunció la creación de uno nuevo, el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), e invitó a sus seguidores a afiliarse.

Previamente, tendrán que disolverse el MVR, y se supone Podemos, PPT, el PCV y muchos otros...

Las razones las dejó claras: no se va a agotar en la discusión del proceso de fusión de los partidos. Desechó el camino cubano que duró mas de tres años, que se inició con las Organizaciones Revolucionarias Integradas (Movimiento 26 de Julio, Partido Socialista Popular, Directorio Revolucionario, etc), que dieron paso al Partido Único de la Revolución, y que en 1964 se transformó en el actual Partido Comunista.

El anuncio no sólo sorprendió a los dirigentes de todos los partidos que apoyan al Gobierno, sino que generará reservas y discusiones en el seno de cada uno, pues tendrán que disolverse y afiliarse individualmente a una estructura nueva, con patrullas y pelotones que reemplazarán a las tradicionales células, comités de base y asambleas. No sé cómo los convencerá de las bondades de esa vía, de tránsito obligatorio si quieren seguir apoyando al gobierno de Chávez.

Sorprende esa decisión, porque si alguno de esos partidos no acepta esa forzada imbricación, no tiene vida dentro del proceso revolucionario. Nunca antes había sido tan radical con sus camaradas de partido y aliados.

Extraña que tomara esa medida, pero se supone que no vio otra manera de resolver las diferencias, apetencias y concepciones grupales.

Riesgosa la situación en Bolivia.

Los separatistas agrupados en los cuatro departamentos más ricos, siguen presionando por su autonomía y promueven secesiones territoriales. El presidente Morales les ha salido al frente con el aparente respaldo de las Fuerzas Armadas. Nadie sabe hasta dónde llegarán los poderosos sectores del separatismo, los más conservadores y seguramente estimulados desde afuera. El presidente Hugo Chávez es el único Jefe de Estado que les ha manifestado su absoluto apoyo.

(*) Robert Fisk, The Independent, Londres.



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Eleazar Díaz Rangel

Periodista egresado de la UCV. Ganador del Premio Nacional de Periodismo y menciones en diversas especialidades. Es Director del diario Últimas Noticias desde el año 2001. Profesor titular jubilado de la universidad central de Venezuela, cuya escuela de comunicación social dirigió (1983-86). Presidente de VTV 1994-1996. Presidente de la asociación venezolana de periodistas.

 edrangel@grupo-un.com

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