The Economist, como diario conservador, ve la paja en el ojo ajeno, pero no ve la viga en el propio

El Diario The Economist califica los resultados de las elecciones en la Asamblea General de la ONU para designar un representante de América Latina ante el Consejo de Seguridad, como una derrota para Venezuela. Argumenta, justificando esta afirmación, la perdida mil millonaria del país por el costo de las giras presidenciales al exterior realizadas por el Jefe del Estado con este fin. Un hecho falso, pues un simple análisis de los convenios y declaraciones firmadas durante esos viajes revelaría que su objetivo se vinculaba al fortalecimiento de relaciones económicas y militares, y ese tema sólo se trató marginalmente. Pero al diario británico se le olvidó mencionar que tampoco EEUU habría logrado su objetivo de colocar a Guatemala en esa posición, a pesar de las presiones realizadas, indudablemente con un alto costo financiero y de prestigio. Es una omisión lamentable, pues no informa a su audiencia que la pérdida del prestigio de Washington es una de las razones que ha obligado al Jefe del Estado Mayor del ejército inglés a sugerir el retiro de sus tropas de Irak.

Es una desinformación estupida, equivalente a declarar como triunfador a un campeón mundial de boxeo, por el hecho de ser tal, a pesar de que la pelea quedó “tabla”. Evidentemente, en una situación así ganó el retador pues se “ranqueó”. Pero esa conducta no puede sorprender. La opinión pública mundial esta acostumbrada a observar las ridículas exhibiciones de victoria militar de los conservadores, cuando atacan una pequeña y desarmada nación, ocupándola, en muchos casos, como el de Irak (ya previamente destrozado por más de 5 años de bombardeos británicos y usamericanos y un brutal bloqueo económico), ocultando o disimulando la derrotas, como las de Vietnam y recientemente el Líbano. La verdad es que la situación planteada en la ONU revela la pérdida del temor de un buen número de estados del sistema internacional frente a las presiones del trilateralismo ejercidas a través de la Casa Blanca. Es una derrota de las fuerzas conservadoras y su postura ideológica sustentada en el uso del terror.

De esas derrotas debe haber surgido un profundo desengaño en el electorado laborista británico, y especialmente del pensador Anthony Giddens, quien elaboró la tesis de “la tercera vía” que sirvió de plataforma para el ascenso al poder de las fuerzas socialdemócratas inglesas. Así como los conservadores afincaban su conducta en la continuación de las tradiciones vinculadas con la identidad nacional y la familia, perdiendo el favor de sus seguidores “blandos” al asumir el neoliberalismo disolvente de la vida social, así el gobierno laborista de Blair, al tomar el libre mercado como política, derrochó la nueva consigna socialdemócrata de la “mayoría prospera” que la había alejado de su “ethos” del colectivismo y la solidaridad. Ello se ha traducido en un repunte del socialismo con su igualitarismo como base. Le enseñanza es que “chivo que se devuelve se <>”.


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Alberto Müller Rojas


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