Odio provocado tumbó las Torres Gemelas

Al conmemorarse la fatídica fecha en que las torres gemelas del World Trade Center fueron derribadas por lo que aparentemente fue un ataque terrorista mediante aviones pirateados, no deja de resultar significativo para el análisis histórico que nos refiramos a cuanto ha cambiado el mundo desde aquella fecha.
 
Para amplios sectores de América Latina y con el renacimiento del antiimperialismo estimulado desde Venezuela por Hugo Chávez nació desconfianza respecto a la versión del ataque difundida por el controversial presidente Bush en 2001. Desde esta parte del mundo se especula sobre un posible "auto ataque" usado por EEUU como justificación política para instaurar una peligrosa doctrina de "guerra preventiva" a escala global, la cual permanece vigente hasta nuestros días.
 
Muchos ponen en duda que un puñado de extremistas musulmanes dirigidos por un millonario príncipe del medio oriente llamado Osama Bin Laden haya podido conectar el mayor golpe terrorista de la historia contra la más grande potencia militar del planeta.
 
En efecto, tras la agresión de septiembre, Bush inició una criminal política de "prevención" contra supuestos ataques futuros, todos ellos hipotéticos; convirtiendo unilateralmente a EEUU en un "Estado supra jurídico" frente al Derecho Internacional bajo de la sacrosanta consigna de la "lucha contra el terrorismo".
 
El 11 de septiembre significó el inicio del verdadero guerrerismo unilateral de EEUU, debido a que después del colapso de la Unión Soviética (1991), el gobierno moderado de Bill Clinton (1993-2001) no aprovechó su condición de superpotencia triunfante en la guerra fría para desplegar campañas militares importantes en el exterior en procura de beneficios económicos y geopolíticos.
 
Sería Bush, una década después, quien con su bandera del anti-terrorismo encontraría al nuevo enemigo que remplazaría al comunismo del siglo XX e inauguraría una agresiva política exterior destinada a controlar zonas estratégicas en el ámbito de los hidrocarburos (Irak, Afganistán, Venezuela, Georgia, Libia, Siria, Ucrania, Palestina, etc.).
 
Finalmente, recordando la mañana neoyorquina signada por la caída de esos espectaculares rascacielos que alguna vez visité, me permití pensar que: Si fuera cierta la versión de que una célula de combatientes islámicos pudo cometer ese brutal acto criminal que todos condenamos, también debemos hacer un llamado a que desde Norteamérica se reconsidere la política neocolonialista y guerrerista que agita a los radicales del mundo a emprender este tipo de aventuras.
 
Preocupa que muchos crean que los asesinos del 11 de septiembre 2001, bajo la guía de un autoproclamado nuevo Robin Hood (Osama Bin Laden) le devolvieron, por un día, al "mundo civilizado", una pequeña porción de la injusta e incontable mortandad que la civilización occidental le ha causado al medio oriente durante la persecución de su riqueza petrolera.
 
En resumen, yo no apoyo que los buenos maten a los malos, ni que los malos maten a los buenos.


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Jesús Silva R.

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

 jesussilva2001@gmail.com      @Jesus_Silva_R

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