Ruralidades

Mi negra se respeta

No solamente porque se conquistó el derecho a no ser flagelada en el tronco, de aquella manera cruel e injusta; también porque la mujer ha superado el dañino prejuicio que tiene origen en la maldita confusión, inducida por los mismos negreros (léase bien: negreros) que bien se “atrevieron” a inculcar en la mente de la gente blanca la discriminante conseja, en el sentido de que el color negro de la piel de una parte de la humanidad, es un indicio de la degradación de la raza humana y que, por lo tanto los negros “no merecen sobrevivir” según ellos, los negreros, a menos que no sea con las migajas.

Entendemos la desesperación de los rastacueros de acá que, todavía y por ahora, se vanaglorian con el mal ejemplo de los guetos racistas impuestos por los gobiernos imperialistas del norte de América. Pero lo que no saben estos genuflexos es que allá también el pueblo está despertando. Blancos y negros unidos, entienden que la discriminación contra “la raza que no merece sobrevivir” viene de una táctica malsana, utilizada por los avaros de siempre, a través de sus testaferros ubicados en casi todas partes del mundo.

Acá, algunos de los pocos entreguistas tarifados, que aún le quedan al imperio norteamericano, se “atreven” a lanzarse al circo de los embusteros, para ofrecerle dádivas al pueblo, con la pretensión de “taparnos” la boca con ofertas engañosas; incumplibles por lo demás. En eso anda el embustero de Tovar, Estado Mérida, Manuel Rosales, el candidato de Bush (mi respeto y consideración para los paisanos de Domingo Alberto Rangel). Cree Rosales, y quienes lo programan, que nuestra gente negra no sabe sacar cuentas. Estás equivocado, al tamaño de tu equivalencia mental, embustero adeco. Si tú no tienes remedio, no trates de contagiar.

Para tu conocimiento debo decirte que no se sabe si sería una extraña coincidencia el haber conocido a un buen hombre llamado Luís Rosales, de las estribaciones tovareñas. Aquel compañero de labores de entonces, sin ser culpable, siempre necesitó de sus camaradas, como bisoños contadores, para que les cuadraran las cuentas, entre lo ganado por sus servicios prestados y los gastos familiares. Claro, eso fue cuando no tenía la culpa el ciego…Pero que el Rosales de hoy cargue con ese lastre, no es culpa de nuestra mujer negra, quien sí sabe sacar cuentas y se las puede cuadrar (las cuentas) al pataruco candidato oposicionista, aunque sus amos del norte no desean que las mujeres venezolanas le canten la verdad a esa sarta de mentiras con las que arrancó su campaña.

Por otra parte dices tú Rosales, a todo gañote y con estridencias, que Hugo Chávez, Presidente, te quiere matar. Aludes, como ejemplo, una rechifla de esa misma negra a quien tú utilizas, sin su permiso, en tu enseña de promesas imposibles de cumplir; enseña que, además de engañosa, es insultante y de corte discriminatorio, aún cuando estés pensando que no se te ve la costura de la parte subliminal. Dices que Chávez te quiere sacar del juego, como si el presidente de todos los venezolanos, incluido tu, Carmona, Carlos Ortega y otros del mismo grupo golpista, fuera un hombre de mentalidad asesina como sí lo es, a sabiendas tuya, el que tienes como jefe de seguridad en la gobernación del Zulia, a pesar de la no aprobación de los zulianos. Gritas a todo pulmón, para que los medios de comunicación de los usureros, se hagan eco, conjuntamente con la embajada norteamericana y lleven tu aspaviento hasta la casa blanca, donde está tu indirecto patrocinador. Pero ni de “verso” como dicen los verdaderos maracuchos, te atreves a decir que en la cumbre de La Cruz, allá en Los Magallanes como en todos los barrios y pueblos de Venezuela, esa promesa con la que abriste tu campaña electoral, es insultante al pueblo venezolano. Al pueblo de Simón Bolívar, que luchó, lucha y seguirá en la lucha con Hugo Rafael Chávez Frías a la vanguardia por su dignidad. Y de limosnas que vengan del imperio, o de donde vengan, quedarán viviendo quienes no quieren, o no pueden ya, dada su holgazanería, ganarse el sustento con el trabajo productivo digno y en equidad con todos nuestros compatriotas. Para esas dádivas si están presto ustedes; no nuestra negra de los altos de La Cruz, de donde le tuvieron que correr ustedes a un pueblo embravecido, cuando vio que contra la protesta por tu presencia, los matones de aquella escuálida caravana, sacaron a relucir sendos pistolones con las que pretendieron silenciar no solamente a la gente negra, si no a 26 millones de venezolanos que nos sentimos aludidos en tu promesa vergonzante.

Para terminar, la de los altos de La Cruz es una lección de lucha del pueblo venezolano que el candidato Manuel Rosales debe asimilar, para que sepa que mi negra se respeta.



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Pedro Méndez


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