La caída del dolar y la crisis como medio de reproducción del capitalismo

Los signos que avizoran la desaparición del dólar referencial: hacia el Amero

La iniciativa del Presidente Chávez acerca de la necesidad de crear una moneda regional, como el Sucre, es una muestra de visionario. Luego se encargaría el Presidente Rafael Correa de servir de portavoz de la propuesta. Recientemente se ha tomado la decisión política de la creación de tal moneda entre los países del ALBA más Ecuador[1].

Días posteriores, apenas estaba fresca la noticia sobre el acuerdo en la última reunión del ALBA en Caracas, apareció el anuncio proveniente de los países Centroamericanos y del Caribe, según el cual la CARICOM decidió también a la creación de una moneda común[2], como signo de intercambio compensatorio.

Alguien preguntará la razón por la cual este segundo grupo de países hizo tal propuesta, sin haber desarrollado una fortaleza comercial como los países pertenecientes al ALBA. Sin embargo, tal hecho guarda una gran significación.

Tal iniciativa procede de la urgencia de salvarse por la avalancha que se avecina ante la desaparición del dólar referencial, pasando previamente por una devaluación extrema que pudiese reducir a sólo centavos el valor de dicha moneda, con el consiguiente efecto hiperinflacionario generalizado para las economías dependientes.

La respuesta es sencilla aunque no se aprecie a primera vista: El dólar no tiene valor ni respaldo económico. Si no se quiere padecer más agudamente, entonces hay que despedirse del dólar como moneda de referencia en las transacciones.

Los EEUU están invadiendo el mercado con dólares virtuales o falsos. Son falsos desde el momento en el cual ellos no pueden ser garantizados ni por reservas, ni por ningún otro respaldo financiero.

La sencillez del análisis se aprecia si vemos los gastos ocasionados por la guerra de Irak y si captamos lo exorbitante de su deuda externa de trillones de dólares  -como veremos adelante. Gastos irrecuperables y deuda impagable. Toda una situación insostenible.

La realidad escondida, y de la cual se ha evitado divulgar mucho, consiste en que los mismos EEUU al caer en la cuenta de su imposibilidad de pagar su propia deuda, han decidido que el dólar dejará de ser la moneda referencia para su mercado, lo sacarán de circulación internamente y será sustituida, en los EEUU y su dos económicamente anexados Canadá y México, por otra: el Amero[3].

Su sustitución tendrá lugar mediante la provocación de una crisis. Justo lo que estamos viviendo y que aun no tiene visos de acabar. El alza desmedida de los alimentos fue un impuesto de guerra aplicado a toda la población para compensar el déficit económico de los países aliados que subvencionan la aventura sangrienta de la guerra en Irak y Afganistán. Igualmente sucede con la especulación petrolera, cuyos precios son fijados por carteles de países del norte con una nula o casi nula producción petrolera. Todos esos países aliados de EEUU financiaron la guerra con la esperanza de obtener una pronta compensación mediante el saqueo petrolero que les sería luego ofrecido a precios casi regalados, pero desalmadamente manteniendo los precios altos a sus ciudadanos consumidores. Sólo sucedió que el despilfarro guerrero de ellos fue tan garrafal y la resistencia enconada de los invadidos ha sido tan larga, que ambas estrategias fallaron.

Parece una mera elucubración, pero no es así. Simplemente el capitalismo utiliza la crisis como una forma de establecer mecanismos para preservarse como modelo económico de dominación. Veamos cómo acontece.

El discurso mediático sobre la crisis

En estos tiempos de “debacle financiera global” todo el mundo habla de la “crisis del capitalismo”. Algunos aluden a la crisis hipotecaria surgida una vez que los bancos ofrecieran los títulos hipotecarios en los mercados financieros, forma a través de la cual los bancos convirtieron el endeudamiento familiar en un negocio al ponerlos en manos de especuladores a través de los títulos de alto riesgo. Otros hacen énfasis al hablar de crisis financiera y efectivamente tienen razón.  Si nos quedamos con la atención fija en los movimientos bursátiles eso se muestra como algo real, similar a todas las descripciones que se pudiesen hacer de un centauro, las cuales son reales sólo por el hecho de poderlas ver y leer sobre el papel. Pero sigamos un poco en esa fantasiosa leyenda… Veremos que ‘ciertamente’ se produce una crisis porque hay falta de liquidez, pero – cuidado – no porque falten en realidad instrumentos de pago, sino porque los medios de pago son retirados del escenario bursátil y ello sucede porque casi todos esos medios de cancelación de deuda son literalmente ficticios, precisamente por ello se los denomina papeles financieros, bonos de deuda o similares.

Siguiendo esa  lógica de propaganda de la crisis, se pudiese hablar entonces de crisis hipotecaria o también de crisis financiera. Sin embargo, si hablamos con exactitud, tal aseveración está lejos de ser cierta.

El capitalismo subsiste sobre la producción de ganancias basadas en la inversión de dinero para la producción de interés o usura, reincorporados a la forma de dinero bajo distintas modalidades, justamente amparándose en las dificultades para la producción de bienes o insumos para la propia satisfacción de necesidades de una colectividad.

Si las circunstancias en medio de las cuales se habla de crisis radicaran en la falta de dinero, sólo así tuviese sentido hablar de crisis. Cuando los países del tercer mundo no tenían dinero para pagar su deuda entraban en crisis debido a la escasez para financiamiento y para responder a las propias necesidades básicas del consumo de su población. Ahí tendría sentido aludir a una crisis interna. Sin embargo, en los países ricos, ni falta el dinero ni falta la producción de mercancías. Basta simplemente captar el modo tan simple como aparecieron los 700.000 millones de dólares para financiar el sistema bancario estadounidense y los 1,7 billones de euros destinados a un objetivo similar en la comunidad europea[4]. Con semejante cantidad de dinero es difícil aceptar el discurso de la crisis capitalista en los términos mediáticos planteados.

La verdadera crisis capitalista

La verdadera crisis radica en la dificultad para la colocación de la sobreabundancia de capital especulativo acumulado en pocas manos pero retenido debido a la inseguridad de inversión provocada por la desconfianza entre los mismos actores financieros mundiales debido a nadie sabe cuantos créditos subprime o basura una determinada entidad posee en su cartera de ‘inversión’.

Si el capitalismo estuviese en crisis no habrían surgido los medios y cantidades exorbitantes de dinero para salvar sus propios mecanismos de creación de usura a partir de la estrategia especulativa.

Curiosamente la situación de intercambio de los países unidos en mayor o menor grado por la Alternativa Bolivariana para los Países de Nuestra América (ALBA) y los unidos por Petrocaribe son los que relativamente menos se han sentido golpeados por la crisis alimentaria y por los movimientos bursátiles a nivel mundial. Sería muy interesante reflejar el movimiento de la bolsa de Caracas durante los últimos dos años y compararlo con los movimientos bursátiles mundiales. Sin duda se notaría la gran estabilidad proporcional que ha mostrado la Bolsa de Caracas en relación con las bolsas mundiales. El 16 de octubre pasado, fecha muy elocuente, por ejemplo, las bolsas mundiales cayeron estrepitosamente (hasta -11%)[5] mientras que la bolsa de Caracas apenas retrocedía (-0,66 %)[6]. La explicación está en que Venezuela ha comenzado a arrancarle al capitalismo los mecanismos de generación de bienes, los medios de producción estratégicos y se ha desconectado de la estructura especulativa financiera mundial, elementos con los cuales antes el imperialismo pudiese haber ocasionado una crisis en diversos ámbitos.

Un enfoque marxista de la crisis capitalista

En el contexto actual vale mencionar algunas reflexiones de Marx en El Capital en torno al surgimiento del dinero y su avance hasta la forma de capital, pues ellas nos permiten acercarnos a una lectura más precisa de la situación presente.

El hombre invierte su capacidad o fuerza de trabajo en la creación o producción de cosas – bienes – para la satisfacción de sus propias necesidades[7]. Debido a que esas cosas tienen una utilidad se les adscribe el valor de uso. Pero tan pronto esas cosas dejan de ser producidas para la satisfacción de las propias necesidades, sino que son producidas para especular con la necesidad de quien no está en condiciones de producirlas para sí, ahí surge el primer elemento capitalista, el valor de cambio, el cual será expresado ulteriormente en la forma de dinero; desde ese momento cambian el tipo de relaciones sociales establecidas a partir de la producción de mercancías. Las cosas destinadas entonces al mercado adquieren un valor de cambio. En este valor no se representa toda la fuerza de trabajo invertido en su producción, ese valor inferior es fijado arbitrariamente por el poseedor o propietario de las cosas en la forma de mercancías, hasta el punto de llegar a despojar la propia fuerza de trabajo al ser humano, a través del establecimiento de relaciones sociales mediatizadas por las relaciones cosificadas del mercadeo[8]. El propietario de la mercancía consigue dominar tanto así las relaciones sociales de producción que en lugar de ponerle valor las mercancías, llega a despojar al trabajador mismo de la propia fuerza de trabajo al convertirla también en mercancía, igualándola en el mercado a los productos materiales del sistema capitalista.

El secreto del mercado capitalista consiste en mantener la velocidad de la circulación de mercancías como medio para su propia reproducción a través de la estimulación del consumismo, llegando a impregnar las relaciones sociales a fin de (a) mantener imposibilitadas a las sociedades de un modo tal que permanezcan impedidas de producir los bienes para satisfacer sus propias necesidades, (b) conservar una estructura de producción en medio de la cual la fuerza de trabajo del hombre sea vista siempre como una mercancía a ser valorada en un mercado ajeno a sus propias iniciativas, (c) patrocinar la división de trabajo para impedir el surgimiento de relaciones naturales humanas entre los trabajadores, (d) lograr el fortalecimiento de los mecanismos de generación de dinero a partir de la especulación convirtiéndolo en el eje de referencia para la valoración de cualquier tipo de actividad del ser humano, y (e) mantener escenarios de crisis para legitimar la intervención arbitraria de los actores capitalistas, sea grandes consorcios o el Estado mismo, aunque no para resolver la crisis, sino para recuperar sus mecanismos de reproducción especulativa y monopolista del mismo sistema capitalista.

El comportamiento de los agentes de una economía no-capitalista vs. capitalismo

En un estado natural de circulación de bienes mediante el intercambio, la acción de ceder un bien a cambio de otro tenía como móvil la compensación, sabiendo que jamás aquello que se entregaba estaría en correspondencia con lo otro que se recibía. En aquel intercambio se compensaba la gratitud por haber ofrecido algo cuando se necesitaba, algo que podía satisfacer una necesidad. La imposibilidad de llegar a una completa equivalencia material en el intercambio era algo de fácil comprensión para el sentido del hombre común, de modo la idea de aspirar a una correspondencia o proporción exacta materialmente hablando estaba bien alejada de la comprensión del colectivo. La ilusión o imposibilidad de la equivalencia material, algo tan natural en la comprensión de las relaciones humanas vinculadas a cualquier transacción fue convertido en aspiración máxima en la economía monetaria, germen del capitalismo.

El nacimiento mismo del capitalismo se cimentó sobre la escasez de alimentos, sobre la creación de mecanismos artificiales para causar el desequilibrio en la circulación de los bienes. En la Edad Media se estableció el instrumento que daría impulso a la imposición del capitalismo. Sí, en aquel periodo se consolidó el sistema feudal como germen del monopolio de la propiedad de la materia prima, la posesión del potencial laboral mediante la articulación de mecanismos creadores de dependencia en las clases desfavorecidas y la concentración de los medios de producción. Luego, el capitalismo descubre mediante la revolución industrial que las relaciones sociales pueden ser conducidas y manipuladas, por una parte, a partir del establecimiento de modelos de producción despojadores de la fuerza de trabajo y, por otra parte, mediante la creación de los mecanismos para la aceleración de la ganancia mediante la promoción y agilización de la circulación de las mercancías, tal como el consumismo, puesto que el sistema capitalista tiene que lanzar y retirar mercancías de la más diversa índole en el mercado para por mantener la ganancia rápida del capital. Sin embargo, en esa insaciable sed de ganancia el capitalista ha llegado en la actualidad a la mera negociación sobre lo ficticio, al punto de haber tenido que acudir a la espera del auxilio del Estado, inclusive contradiciendo el discurso del libre mercado. En las actuales circunstancias, más que preguntar por el destino del dinero o los valores de inversión esfumados, parece más útil indagar la procedencia y el respaldo para el dinero ‘proveniente del Estado’ puesto a la orden del auxilio financiero.

El respaldo de dinero dedicado a las ayudas financieras

Cuál es el respaldo…del dinero ‘producido’ o dedicado a la ayuda financiera? … ninguno… obedece simplemente a la imposición de una convención para que todos aceptemos el valor puesto arbitrariamente a algo ficticio, inexistente, similar a la negociación de unicornios, centauros y demás especies mentales. Dos datos ayudan a la comprensión de tal afirmación: Si la guerra de Irak está costando a Estados Unidos en la actualidad aproximadamente 590 billones de dólares[9] y su deuda externa 10,3 trillones de dólares[10], qué podrá ofrecer como garantía?

La crisis monetaria… financiera crea las condiciones para que los estados legitimen la intervención de los bancos centrales al momento de hacer la emisión de dinero sin ningún tipo de respaldo: Un objeto portador de ilusiones se convierte en motor de la economía capitalista. La fuerza de algo ficticio se manifiesta aparentemente con mayor poder que la realidad. Allá quien decida continuar en el discurso y el mundo de ficción.

No estaría sería descabellado entonces pensar que la garantía del negocio capitalista actual estuviese bien alejada del epicentro capitalista estadounidense o europeo y fuesen los recursos de una nación como Venezuela, por la razón que nuestro país les está quitando realmente los mecanismos generadores de crisis: Solventando y dando respuesta autogestionaria a las necesidades naturales del ser humano, ampliando esos mecanismos de respuesta soberana, a todo el continente y a otras latitudes, de los siempre desposeídos de su fuerza de trabajo y que habían sido convertidos en meras mercancías pasivas a la espera de entrar en el mercado laboral capitalista. Por ello vale acoger la advertencia del Presidente Comandante Chávez de tener cuidado con una invasión que saciaría entonces al sistema capitalista mundial.

La única precaución contra ese peligro consiste en unirnos. Luchemos unidos a fin de: (a) suscitar la posibilidad, en nuestras sociedades, de producir los bienes para satisfacer las propias necesidades alimenticias, en la producción del conocimiento, en la salud, en la actualización tecnológica, en la educación, en nuestra organización de trabajo comunitario y con nuestra propia moneda de intercambio compensatorio como vía intermedia de paso hacia una organización de la producción cercana al socialismo; (b) formar una estructura de producción en medio de la cual la fuerza de trabajo del hombre sea vista siempre como una potencialidad a ser valorada en un ambiente de intercambio solidario y subsidiario respondiendo a nuestras propias iniciativas, (c) patrocinar la visión integral, rotativa de funciones del trabajo para permitir el surgimiento de relaciones humanas naturales entre los trabajadores; (d) fortalecer los mecanismos de generación de bienes a partir de la subsidiariedad, convirtiendo la igualdad esencial del trabajo en el eje de referencia para la valoración de cualquier tipo de actividad del ser humano, por un lado, dejando la unidad monetaria como expresión del valor de nuestras capacidades o bienes producidos por éstas y, por otro lado, acogiendo las unidades de tiempo para su medición; y (e) consolidar escenarios de respuesta rápida a cualquier amenaza de crisis, con la finalidad de eliminar cualquier argumento que pudiese legitimar la intervención arbitraria de los actores capitalistas internacionales, sea grandes consorcios o estados extranjeros mismos.

Por eso insisto… ayudemos al sistema capitalista a entrar en crisis verdadera. El capitalismo no está en crisis... la crisis es la vía para su permanencia y consolidación… rompamos entonces con la crisis… creemos nosotros las condiciones propias de satisfacción de nuestras necesidades!!! Quitémosle al capitalismo el argumento de su existencia.

sirio.quintero@gmail.com



[7] Marx-Engels-Werk. Das Kapital (1) Band 23, S. 50

[8] Marx-Engels-Werk. Das Kapital (1) Band 23, S. 85



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Sirio Quintero


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