Los habitus del socialismo burocrático arruinan la emergencia y despliegue de nuevos imaginarios para el socialismo

Cuando escucho “pueblo”

Dialogaremos polémicamente con Jesús Puerta a propósito de su respuesta al “enigma populista del Chavismo” (I y II). Sin embargo, debo pedir disculpas por una omisión que no pude corregir antes de la publicación. Mencioné a Lázaro Cárdenas, al primer Perón, a Velazco Alvarado, a Fidel Castro, y no mencioné al Brasileño Brizola.

La trayectoria de Brizola muestra que si es posible comprender el populismo socialista, o si se prefiere, el Socialismo popular. Ahora lo incluyo, aunque tal vez Fidel podía ser un emblema de lo que quiero transmitir: ha sido a través de Chávez, que se ha reconstituido la centralidad y unificación del “pueblo”, en tanto que antagonismo frente al “imperio” y a la “oligarquía”, en la política venezolana. Percibo en el Chavismo una potencial “antesala” hacia el Socialismo en clave venezolana.

El sintagma “Socialismo Bolivariano”, no es simplemente una “ideología de reemplazo” (Germán Carrera Damas), comprendida en sentido despectivo y desde la vieja retórica anticomunista de los guiones del Betancourismo. Se trata de la constitución de un nuevo imaginario nacional-popular de izquierdas, es decir, una suerte de recorrido en reversa, desde el Gran viraje neoliberal de CAP hacia una de las procedencias más auténticas de la movilización nacional-popular venezolana: el Partido Democrático Nacional.

El PSUV podría comenzar la tarea nunca desplegada de una corriente histórica socialista, democrática, nacionalista y popular, que se hace multitud en el siglo XXI, obviamente desde otras circunstancias y condiciones. Por tanto, no comparto que por populismo se presuponga una descalificación política. Todo depende. Asumiría completamente la potencia del argumento de Laclau en su razón populista, si no encontrase un límite infranqueable en los populismos, su radical embrague con el mito de la Forma/Estado. La derecha schmitiana diría, fusión del pueblo y del Estado, a través de Führer. Obviamente, no me identifico con ese populismo. El Caudillo, Pueblo, Ejercito de Ceresole, es una pobre traducción de lo que Schmitt planteaba con mejor efecto sofístico. Los populismos, poco importa en este punto si son de derecha o izquierda, hacen gala de una identificación con el Estatismo, no con la constitución de una esfera pública democrática (económico-política), imposibilitando lo público en tanto espacio de la multitud constituyente. Lasalle fue maestro del Socialismo de Estado, Stalin del socialismo despótico.

El Estatismo no es la socialización del poder, la propiedad estatal, las nacionalizaciones no garantizan la superación de la explotación salarial, ni de la coerción, de la hegemonía ideológica. Cuidado. Lo que esta planteado es cambiar radicalmente los términos del vocabulario y de la conversación sobre la cuestión socialista. Al Chavismo lo identifico parcialmente con una variante del “populismo de izquierda”, un populismo del bloque de las clases dominadas y subalternas, que pueden llegar al renovar el socialismo, o puede irse a pique, si asume el horizonte del colectivismo burocrático.

Reitero, el chavismo es un claro avance de dignidad social, frente al proyecto neoliberal-neoconservador. Pero, ¿Socialismo, democracia socialista, participación protagónica de muchos? Falta muchísimo trecho. Faltan prácticas socialistas, no solo bruma discursiva. Faltan texturas práctico-discursivas (Jesús Puerta dixit), un mínimo de consistencia entre palabras, acciones y realizaciones. Cuando escucho “pueblo” ubico sentidos y unidades político-culturales de referencia, a decir de Eco, escucho voces de un poli-clasismo movilizado contra de bloques de poder tangibles. Pero, cuando escucho “socialismo”, identifico farsas, simulacros, espejismos, y lo que más me inquieta, proyecciones del socialismo burocrático, lo que Poulantzas llamó, figuras del Estatismo Autoritario.

Los habitus del socialismo burocrático arruinan la emergencia y despliegue de nuevos imaginarios para el socialismo. Predomina la reducción doctrinaria a código ideológico, no la fecunda movilidad de la imaginación colectiva, la creación de significaciones, nuevas formas de vida, de sentir-decir-hacer-socialismo. Me inquieta la adequidad-clientelar-patrimonial del carril populista venezolano, inercia subcultural del pasado cuarto-republicano en la quinta; también me inquieta el estatismo-burocrático como enmarcamiento del proyecto de futuro. Prefiero apostar abiertamente por una renovación radical del imaginario socialista (ruptura radical con el doctrinarismo y la codificación marxista-leninista), puesta en escena de la democracia socialista (no la copia de soviets-consejos venidos a menos, controlados por una maquinaria-aparato político-policial), des-dogmatización y descolonización del socialismo, para salir de los núcleos epistémicos del euro-centrismo, del desarrollismo y de la modernidad occidental.

El puerto de llegada no puede ser el Estado, sino otras formas de vida marcadas por experiencias de lo común, de lo público. Democratizando el Estado al máximo, democratizando la “sociedad civil” al máximo. Como ha dicho Virno en su “Gramática de la Multitud”, el concepto de “multitud” a diferencia del más familiar “pueblo”, es una herramienta decisiva para toda reflexión contemporánea. “Multitud” y “Pueblo” jugaron un papel de enorme importancia en las definiciones de las categorías sociopolíticas de la modernidad. Fue la noción de “pueblo” la prevaleciente, reforzando la centralidad de la forma-Estado. Virno plantea que cuando la teoría política de la modernidad padece una crisis radical, aquella noción derrotada de Multitud nos muestra una extraordinaria vitalidad.

En Europa, pueblo y multitud, reconocen como padres putativos a Hobbes y Spinoza. Creo que Marx apunta más a una procedencia Spinoziana. Stalin, en cambio, a una Hobbsiana. Todavía hoy se borran las Glosas al programa de Gotha. ¿Sabemos por que? Superar el populismo-estatista en poder popular que deviene multitud es un transito que rompe límites de la vieja doxología de izquierda.

Quién dice “Populismo” si aclara alguna especificidad, lo Popular-Estatal. Una arepa es una arepa. Pero no es la misma Arepa la que se construye desde múltiples experiencias de lo popular-comunal-común-comunitario, que la que se hace solo si la universalidad se encarna en el Estado-Moloch. No se trata solo de rellenos, pues hay muchos y buenas combinaciones. El problema es el populismo que deviene Forma-Estatista.

jbiardeau@gmail.com



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Javier Biardeau R.

Articulista de Opinión. Promotor del Pensamiento Crítico Socialista. Profesor de Estudios Latinoamericanos-Sociología UCV.

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