¿Para què sirve el diálogo gobierno-oposición?

Ayer, domingo 30 de octubre, después de algunos escarceos al interior de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se sentaron representantes del gobierno y la oposición a explorar las condiciones de un diálogo político, respaldado por más del 80% de la población. En el Museo Alejandro Otero (La Rinconada, Caracas), bajo la coordinación del Nuncio de Argentina y los expresidentes nombrados por UNASUR, se fotografiaron antes del inicio formal de conversaciones. Un periplo sinuoso condujo felizmente al encuentro.

Por su parte, el Presidente Maduro ha insistido en la necesidad de sentarse con la oposición para atender la crisis económica, política e institucional que vive el país. La MUD no cree sincera esta postura, algunos sostienen que se propone ganar tiempo para que algunas acciones oficiales rindan el fruto político necesario que permita levantar la imagen de un gobierno por demás carente del otrora apoyo popular de Chávez.  Voluntad Popular, por ejemplo, no acompañó a la Unidad en la reunión, alegando “que no existen las condiciones” para el “cara a cara” con el chavismo oficialista.

He oído a algunos comentaristas políticos decir que el “gobierno debe enviar signos positivos a la oposición”, entre ellos el más mencionado es la liberación de algunos dirigentes políticos que están detenidos.  

Como se sabe, en las últimas semanas se han elevado las acciones represivas y legales del gobierno en contra de las posturas políticas de la oposición.  Se detienen e investigan a algunos dirigentes de la MUD, la suspensión por tribunales penales del referendo revocatorio es un dardo directo a las aspiraciones de muchos venezolanos descontentos, las amenazas recurrentes del Presidente y de altos funcionarios del PSUV no ayudan mucho a calmar los ánimos.  Por su parte, el paro de 12 horas y la convocatoria de una marcha a Miraflores por parte de la oposición caldean gravemente las posiciones y no facilitan que los dirigentes se sienten en la misma mesa.

Quiero agregar un comentario adicional sobre la conducta un tanto cínica del gobierno y las incoherencias de la oposición política.  La imagen que tengo de los dirigentes políticos (de los dos bandos principales) no puede ser peor.  A veces pienso que no guardan las condiciones para ejercer tales funciones, unos en el gobierno y otros en la oposición. Se esperaría que pensaran más en el país y no en sus objetivos políticos inmediatos o, en el caso de la MUD, ceder ante las presiones de la coalición neoliberal que hegemoniza las relaciones políticas internacionales. La forma concreta de resolver la crisis pasa necesariamente por formar un liderazgo que deje atrás una polarización política artificial que mucho hace daño a Venezuela.

Entiendo que cada organización política tiene sus aspiraciones naturales, que siempre deben estar en el marco de la Constitución.  Pero la paz, el bienestar y la prosperidad de la nación tienen que estar por encima de esa agenda particular.  Es cierto lo que dicen muchos analistas: mientras Venezuela no supere el ambiente improductivo de la polarización política tendremos dificultades infranqueables para superar la crisis que padecemos todos. La crisis se resuelve con todos, no con un bando nada más.

Vuelvo a recurrir a ejemplos en la región. En Chile supieron atender el compromiso de volver a la democracia y deponer los odios (naturales en medio de una dictadura feroz) para sentarse y acordar la transición, que fue y no es perfecta, pero siempre es mejor que la dictadura de Pinochet.  En Centroamérica, después de cientos de miles de muertos y los famosos “escuadrones de la muerte”, también fue posible que bandos enfrentados adelantaran una agenda que permitiera la coexistencia democrática de sectores radicales y violentos.

En Colombia, lamentablemente, después de avances espectaculares en los diálogos por la paz, a pesar del tropiezo que significó el referendo, siguen empeñados en buscar alternativas de paz consensuadas nacionalmente y hasta el ELN decidió recorrer la ruta política de la paz como sus camaradas de las FARN.

Ahora podemos contestar la pregunta de para qué sirve el diálogo en Venezuela.  Con sinceridad pienso que lo más valioso que surgirá de las mesas de negociaciones es la cultura de la coexistencia democrática de las organizaciones políticas que respaldan al Presidente Maduro y a la MUD.  La democracia política no puede ser excluyente para aquellos que respeten las leyes y la Constitución.  Tengo claro que sin una evolución cualitativa del liderazgo político, económico y religioso que deje atrás la polarización no podrá existir un futuro esperanzador para el país.

Necesitamos dirigentes políticos que crean en la Constitución de verdad, que no busquen excusas irresponsables para crear atajos a sus aspiraciones de preservar el poder o de llegar nuevamente a la Presidencia.  Una Iglesia Católica que aprenda del Papa Francisco, que sea mediadora de la paz y el consenso democrático, no un actor político que atice la polarización.  Empresarios productivos que dejen de estar a la caza de los dólares del rentismo petrolero y estimulando planes maquiavélicos de volver a los tiempos que condujeron a nuestra desventura actual.

Pero también necesitamos un nuevo tipo de ciudadanía, comprometida con el trabajo, con el respeto de las necesarias y saludables diferencias políticas y, sobre todo, que practique la honestidad por encima de las viejas mañas de una corrupción ciudadana que se ha vuelto cultura familiar en mi país.

Como pueden ver, no es poca cosa lo que podría comenzar a germinar después de un éxito sostenido en el diálogo que comenzó esa noche tranquila del último domingo de octubre.  Cierro recordando a Úslar Pietri: comencemos a desaprender la condición país parásito y postizo, construyamos un futuro de trabajo, honestidad y progreso. ¿No será mucho pedir? Ese es el reto, más allá de sentarse en la misma mesa.   



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Nelson Suárez

Docente/Investigador Independiente (Literaratura, Ciencia, Tecnología y Sociedad)

 suarez.nelson2@gmail.com

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