Con el debido respeto al camarada Luis Brito García

 Siento, sin conocerlo personalmente, mucho respeto y mucha admiración por el camarada Luis Brito García desde antes y más ahora, no sólo por su capacidad de literato sino, igualmente, por su posición política e ideológica en favor del socialismo. No sé cuántos libros de marxismo se habrá leído o estudiado el camarada Luis Brito, pero sé que es un acucioso investigador social y todo sus conocimientos los ha puesto, muy desinteresadamente en lo personal, al servicio del proceso bolivariano. No es lisonja, es la verdad que no puede negarse desde ningún ángulo de la opinión.

Leí con esmerada atención y también con preocupación el llamado que hace el camarada Luis Brito al camarada Chávez sobre las tareas para el período presidencial 2013-2019. Su opinión y su propuesta comienzan señalando la necesidad de que se arranque con “… una tercera fase de consolidación, perfeccionamiento y culminación de la propuesta socialista”. Cierto es que las revoluciones socialistas producidas hasta la actualidad se han caracterizado, en sus inicios, con planes económico-sociales por lustros (cada cinco años) siguiendo una estrategia de largo plazo que pretende imponer los elementos socialistas sobre los capitalistas. Ninguna Revolución Socialista se ha materializado en alguna nación de capitalismo altamente desarrollado. Los más grandes marxistas de la humanidad siempre soñaron y lucharon por eso y se marcharon de este mundo sin haber disfrutado de su sueño hecho realidad. Lástima, porque el mundo completo sería actualmente comunista.

En verdad no sé si el camarada Luis Brito elaboró un extenso documento donde detalla sus propuestas, lo cual sería por demás interesante leerlo y estudiarlo no sólo por el Gobierno sino, igualmente, por los partidos políticos, los gremios y demás organizaciones sociales que apoyan el proceso bolivariano. Por eso, mi opinión se limita a lo aparecido en la página de opinión del periódico “Ultimas Noticias” del domingo 14 de octubre.

Lo primero que debe decirse es que ya cada quien está entendiendo, lo dicho por el camarada Luis Brito, de acuerdo a su visión personal del socialismo. No existe inconveniente alguno en interpretar correctamente la fase de consolidación y perfeccionamiento de la revolución. En todo caso, eso significa avanzar con políticas revolucionarias correctas para el momento que vive la sociedad venezolana y, ojo porque es muy importante, tomando en consideración la situación internacional para elaborar políticas económicas de carácter nacional. Así lo entiendo y si estoy errado, que me disculpe el camarada Luis Brito.

El problema estriba en lo que el camarada Luis Brito señala debe ser “… culminación de la propuesta socialista”. El camarada Luis Brito nos dice “Una Revolución es cultura o no es…”. Perfecto, eso es irrefutable. Agrega: “Educación, medios y Cultura deciden la batalla”. Si bien la educación y los medios son parte de la cultura, ésta efectivamente decide la batalla sólo cuando transforma de pies a cabeza el modo de producción que se propone sustituir. Casi todas las revoluciones proletarias se derrumbaron y no llegaron a crear ni cultura ni arte universales que es el fin supremo de las mismas. Allí no decidió la cultura sino la apatía y la resignación de un proletariado de naciones imperialistas que nunca quiso romper con los rasgos de nacionalismo para para cumplir su misión histórica de llevar a cabo la Revolución Socialista. Sin embargo, nadie decide en abstracto una batalla, porque para que una cultura socialista supere a la capitalista es imprescindible levantarla, consolidarla y perfeccionarla sobre lo más avanzado del legado cultural del capitalismo altamente desarrollado. La URSS, sin temor a equivocación, logró un gran nivel de desarrollo muy importante pero en muchos aspectos, el económico por ejemplo, nunca llegó a superar los niveles más elevados de las naciones imperialistas. Se derrumbó y jamás pudo hacer realidad que la clase trabajadora –en general, salvo el movimiento stajonovista- obtuviera un per cápita superior, por ejemplo, a los obreros estadounidenses, ingleses o alemanes. Sin embargo, la dirección del PCUS llegó a decir que ya se habían dado las condiciones objetivas para pasar a la fase comunista mientras que cada día se fortalecían el Estado y sus aditamentos como las clases sociales y sus diferencias estaban vivitas y coleando. ¡Qué horror!

Podemos decir, hablando de cultura en Venezuela, que tenemos un Gobierno Revolucionario, partidos políticos revolucionarios, organizaciones sociales revolucionarias, recursos naturales valiosos y energéticos, algunas importantes industrias, bastante geografía para la agricultura y la ganadería, universidades, voluntades y mucho optimismo en el porvenir, pero no poseemos la más avanzada o desarrollada tecnología como tampoco una elevada organización social del trabajo y eso es una tranca que nos atraviesa como muro inexpugnable mientras estemos insertos en un mundo que se desenvuelve en un capitalismo desigual y donde predominan las naciones imperialistas en la economía de mercado. Si no fuese así, ya Cuba habría construido el socialismo como un fin en sí mismo para darle paso a la segunda fase que el camarada Marx denominó comunista. Por lo demás, los países desarrollados del capitalismo se caracterizan por el dominio del sector terciario (comercio, turismo, transporte y servicios públicos) de la economía y no por el primario o secundario (explotación de recursos minerales o de la naturaleza, la energía, la industria, agricultura y ganadería) como es nuestro caso que tiene del primario y del secundario. Llegar del estadio primario al terciario (sin un desarrollo tecnológico que garantice éxitos elevados en el sector secundario para seguir avanzando en el terciario) bajo el imperio de la ley del desarrollo desigual significa un salto cualitativo que nos resulta imposible o una utopía en este tiempo en que se ha globalizado el capitalismo subdesarrollado y desglobalizado el capitalismo imperialista, en que se ha generalizado la pobreza y se ha particularizado la riqueza. Todo intento de construir el socialismo en un solo país (al lado del capitalismo, por lo menos, altamente desarrollado) ha rodado por el abismo en la experiencia de la historia humana. El derrumbe del socialismo soviético y de la Europa Oriental así lo testimonian.

Es imprescindible comprender que la transición del capitalismo al socialismo (donde los elementos del segundo pugnan por superar a los del primero) es mucho más compleja que el que tendrá las naciones de capitalismo altamente desarrollado. Ni los países desarrollados ni los subdesarrollados podrán escapar a ese período de transición. Sólo revoluciones socialistas en naciones de capitalismo altamente desarrollado ayudarán, a través de la ley del desarrollo combinado, a hacer menos difícil la transición del capitalismo al socialismo en los países subdesarrollados. Por ello es imprescindible que el camarada Luis Brito nos aclare, con detalles, cuál es el significado que le imprime a la “… culminación de la propuesta socialista”.

El camarada Luis Brito propone el paso de una economía mixta a una netamente socialista. Ojalá los economistas que están, de verdad verdad, con el proceso bolivariano nos ilustraran en política económica; se reunieran con el camarada Chávez y la dirigencia del proceso revolucionario y discutieran con mucha objetividad lo qué se debe y no se debe hacer en el próximo período presidencial en materia económica; en cuáles rubros poner el acento o darle prioridad en la producción; en cuáles campos productivos realizar mayor inversión; cómo generar mayor empleo; cómo hacer para que el Estado compita exitosamente en los escenarios de la producción, la comercialización, la banca y la industrialización. Y eso, así lo creo, obliga al Estado a desarrollar el transporte y, fundamentalmente, el ferroviario.

Pienso, sin ser economista y sin creer que tenga la razón, que precisamente en este nuevo período presidencial el camarada Chávez debería poner acento en la creación de grandes cooperativas agrícolas y pecuarias –propiedad del Estado- y empresas mixtas – fundamentalmente industriales y productivas de bienes- donde el Estado tenga, por lo menos, el 51% de las acciones. Eso, amén de hacer funcionar cabalmente las empresas que sean propiedad del Estado. Existen quienes creen que la propuesta del camarada Luis Brito implica pasar a propiedad social los fundamentales medios de producción, los latifundios, los bancos y las fuentes de materias primas. Eso sería como creer que un niño puede saltar a la etapa de la madurez-adulta sin pasar por la fase de la juventud. No existe ninguna experiencia histórica, donde se haya planteado la construcción del socialismo proponiéndose el pase de la propiedad privada a la propiedad social sin antes convertir la primera en propiedad estatal. Cuando en un modo de producción impere la propiedad social es porque el Estado se encuentra extinguido, las clases sociales han desaparecido y los fundamentales fetiches del capitalismo (entre ellos: mercancía y dinero) no representan absolutamente nada para la humanidad. Y saben cuál es la respuesta que da el marxismo a eso: porque la sociedad se está administrando por sí misma sin necesidad de aparatos estatales. De esa manera, el poder económico del ser humano será tan elevado que el trabajo productivo ya no sólo dejará de ser una carga pesada y un castigo sino, igualmente, el reparto de los bienes materiales y espirituales no tendrá más control que la educación, el hábito y la opinión pública, como lo dijo el camarada Trotsky. Eso es cosa ya de un socialismo que está dando paso seguro a la fase comunista donde reinará la libertad sobre la necesidad y cada quien trabajará de acuerdo a su capacidad y obtendrá bienes de acuerdo a su necesidad. Alguien puede decir que eso es teoría, pero la práctica no ha demostrado lo contrario. ¿Cómo sería un régimen económico social donde 8 millones y un poco más de personas (más sus familiares menores de edad) tengan propiedad social y 6 millones 500 mil (más sus familiares menores de edad) oponiéndose a ella por diversos medios de lucha política en una nación de 28 millones de habitantes de los cuales 4 millones (más sus familiares menores de edad) son indiferentes a su destino? Esa pregunta debemos hacérnosla. Por supuesto, la ventaja del proceso revolucionario es contar con el poder político en sus manos y la potestad de un Gobierno de elaborar y aplicar políticas económicas que redundan y redundarán en favor de las mayorías.

El camarada Luis Brito, igualmente, nos dice que “… una revolución se la conoce por sus intelectuales y gracias a sus intelectuales”. Eso no pretendo discutirlo pero eso –valga la redundancia- no es suficiente en un mundo donde las naciones imperialistas cuentan con medios y recursos en abundancia para tergiversar las realidades haciendo pasar como verdades sus mentiras descaradas y sofisticadas. ¿Acaso Cuba no ha sido una víctima constante de eso, aun cuando muchos intelectuales cubanos y de otras naciones han defendido la Revolución con verdades irrefutables? En verdad, lo que más hace conocer a una revolución (por lo menos a la socialista) son sus logros, las transformaciones que va produciendo, la organización del pueblo para su defensa y profundización, las satisfacciones que va conquistando para las grandes mayorías de una sociedad, el ejercicio de su internacionalismo revolucionario, las verdades que reconoce sobre sus limitaciones en un determinado momento de su historia, la superación de las contradicciones en su interioridad, los avances incuestionables en la educación y la salud, la reducción cada día más mínima de la mortalidad infantil, el alargamiento de la vida de sus habitantes, la formación integral de su juventud, la disminución cada vez más exitosa del burocratismo, la lucha prolífera contra la pobreza, un digno nivel de seguridad social. Y ese es el propósito del Gobierno que preside el camarada Chávez, sin duda alguna. Pero ni el camarada Chávez ni el proceso bolivariano pueden aislarse o hacerse indiferentes, para conquistar todo lo deseado, del contexto capitalista (y fundamentalmente imperialista) que nos rodea y que aún sigue existiendo y teniendo influencia en la nación. Podemos ser antiimperialistas o anticapitalistas (y eso es muy importante), podemos ser todo lo socialista que queramos (y eso es valiosísimo), pero eso no resuelve nuestras realidades ni nuestras contradicciones, porque cuando entramos en la economía de mercado y nada en este mundo escapa –por ahora- a eso, las reglas del mismo no las imponen los gobiernos de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Vietnam y Nicaragua. No, las imponen los grandes supermonopolios de las naciones imperialistas. Esa es la verdad, aunque mucho nos duela o nos desagrade. Claro, eso no significa que los gobiernos o Estados que están en transición del capitalismo al socialismo tengan que calarse, como si fuesen esclavos, todas las reglas del mercado mundial. Precisamente, por eso el ALBA es un importante paso hacia la integración de países que no estén dispuestos a regirse resignados a las políticas imperialistas que predominan en la economía de mercado. Y, precisamente, por esa realidad histórica es que son necesarias las revoluciones socialistas y, especialmente, en el mundo capitalista altamente desarrollado para salir del Infierno y construir un nuevo mundo donde reine la libertad sobre la necesidad. Este es sólo posible con el triunfo del socialismo a nivel planetario y eso será, igualmente, inevitable en el transcurrir del tiempo. De todas formas, el papel de los intelectuales es extremadamente valioso para hacer conocer una Revolución y sus conquistas como, asimismo, generar conciencia en el pueblo para que la defiendan. Y ese papel, entre otros, lo está jugando de manera muy admirable el camarada Luis Brito García.

No pretendo polemizar con el camarada Luis Brito y, mucho menos, criticarlo. Lo que hago es, sencillamente, señalar algunas ideas para que se tomen en cuenta sin necesidad de aceptarlas como verdades irrefutables en el gran debate, diálogo y reflexión a que está llamando el mismo camarada Chávez como fuente para enriquecer el proceso bolivariano. Y es allí donde el camarada Luis Brito –y otros como él- pueden brindarnos muchas ideas (fáciles de entender o asimilar) a los que no estamos ubicados en el escalafón de intelectuales, a los trabajadores, a los jóvenes, a los militantes, a importantes sectores populares.



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Freddy Yépez


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