Superar la contradicción Capital-Trabajo es trabajo de la clase trabajadora, de los revolucionarios

¿Como pasaremos de ser una sociedad de explotados, oprimidos y vejados para llegar a ser una nueva sociedad libre de iguales condiciones y oportunidades con un nuevo sistema de relaciones sociales y económicas, donde prive una nueva cultura social de producción?; es la reflexión fundamental que debemos plantearnos diariamente, como superar la contradicción esencial del capitalismo, capital-trabajo.

Decimos que conocemos al monstruo en sus entrañas, saber ¿Qué es el capital? el mismo dinero que se convierte en mercancías, que se incrementa, se eleva tras bastidores a través de la explotación y apropiación encubierta o no de la fuerza de trabajo empleada en la producción y que se vuelve a convertir en dinero, y que cumple con su proceso final de superar su cantidad original de los poseedores del capital y de los medios de producción.

La economía capitalista parte en efecto, de la supuesta “igualdad justa” que en los cambios de (dinero a mercancía y de mercancía a dinero) se cambian siempre valores iguales. Es Carlos Marx quien examina juiciosamente todos estos procesos, para probar que si esta premisa del capitalismo es tan cierta, seria imposible que el costo de 10 lápices pase a ser el valor de 1 lápiz, es el reflejo concreto del fenómeno que lleva por nombre plusvalía.

Cuando sabemos que esta operación se realiza diariamente en todo el planeta, como también se genera en las estafadoras operaciones financieras circulantes de puro tramite de papel, sin que en las universidades donde se estudie y se discute sobre la economía que se expresa en la sociedad y regule el Estado, ni mucho menos los sesudos economistas, inversionistas y mobiliarias, tanto del “Wall Street como la propia Bolsa especulativa de Caracas o Econoinvest, Century 21” hayan salido hasta ahora a darnos una explicación de cómo se llenan los bolsillos de dólares. Razón de la riqueza del engaño, del saqueo y del robo a los trabajadores.

Es precisamente Marx, quien nos da esa explicación, en los términos siguientes. Lo que han querido plantear como paraíso sustentable en la economía de los pueblos, se resuelve descubriendo que en el mercado una mercancía de naturaleza especial, cuyo valor de uso consista exactamente en crear valor de cambio. Esta mercancía existe, en realidad: es la fuerza de trabajo.

Ocurre que el capitalista compra la fuerza de trabajo en el mercado o en otro caso, una figura comercial de papel por medio de las operaciones financieras bursátiles que están sujetas a los ahorros y “créditos ficticios” de los trabajadores, que de igual forma todo este inmenso mercado pone a trabajar a su servicio, para luego vender su producto y en la otra modalidad del engaño, que es disponer del dinero de la gente que terminan siendo robados, producto de la crisis de sobreproducción.

Entonces, si sabemos, ¿Cuál es la fuerza de trabajo? Es, el valor de los medios de vida necesarios para que el obrero o el trabajador dispongan de toda su capacidad productiva para librar sus particulares y reales necesidades que satisfagan su subsistencia.

¿Que pasa con el valor de la fuerza de trabajo durante la jornada de trabajo? ¿Será, que el capitalista retribuye las ocho horas de trabajo empleadas por el trabajador?, cuando realmente el capitalista obtiene el resultado del producto en cuatro o seis horas de trabajo, es en este efecto, donde Marx deduce que toda plusvalía cualquiera que sea el modo como se distribuye, en forma de ganancia capitalista, de renta del suelo, de impuestos, etc., es trabajo no retribuido.

Ya lo mencionaba Federico Engels en su prologo del Tomo II de El Capital, acerca del garrafal y absoluto fracaso que ha expuesto la teoría económica capitalista hacia la sociedad a través de la celebre escuela de A. Smith y Ricardo, quienes tanto ayer como hoy sus sucesores siguen siendo los mas vulgares farsantes de los procesos económicos en la economía y el curso de su desarrollo en la realidad.

En primer lugar, desmontando esta falsa interpretación de la producción capitalista donde se miente con que el trabajo es la medida del valor. Y presentan que el trabajo vivo, al ser cambiado por capital, exhibe un valor inferior al del trabajo materializado por el que se cambia.

Si realmente fuese así, entonces, ¡el capitalismo es la salvación! Ya que el salario esta determinado por el valor de una determinada cantidad de trabajo vivo, cual siempre es inferior al valor del producto creado por esta misma cantidad de trabajo vivo. Tamaña farsa inmoral cual se ha tratado de ocultar.

Planteado de esta manera la actividad capitalista productora del trabajo, es el problema que ha generado todas las desigualdades sociales del trabajo en la sociedad, cosa que muy bien sabemos que no esta resuelto.

Ante tal problema histórico que pesa en nuestra humanidad. Marx lo plantea en sus verdaderos términos y al plantearlo de esta forma lo resuelve.

La reveladora interpretación de Marx, muy bien resalta que no es el trabajo el que tiene un valor. Como actividad creadora de valor que es, el trabajo no puede tener un valor especial, lo mismo que la gravedad no puede tener un peso especial, ni el calor una temperatura especial, ni la electricidad un voltaje especial. Lo que se compra y se vende como mercancía no es el trabajo, sino la fuerza de trabajo. Al convertirse en mercancía, su valor se rige por el trabajo encarnado en ella como producto social y equivale al trabajo socialmente necesario para su producción y reproducción. La compra y venta de la fuerza de trabajo esta sobre la base de este valor suyo que no se contradice, por tanto, en modo alguno, a la ley económica del valor.

En segundo término, la falsa y manipuladora economía capitalista, regida sobre los designios de la acumulación de capitales, dominación y explotación de las grandes mayorías de las y los trabajadores del pueblo. Ha tratado de engañarnos a lo largo de la historia con la supuesta tesis del valor ricardiano.

Donde, dos capitales que emplean la misma cantidad de trabajo vivo obtienen la misma remuneración, produciendo en tiempos iguales; semejante farsa; suponiendo que sea así, que se generen tales procesos y circunstancias idénticas; productos de igual valor y plusvalía en también igual cantidad. Entonces al emplearse cantidades desiguales de trabajo vivo, no pueden producir ninguna plusvalía o, como dicen los ricardianos una “ganancia de tipo igual”.

Pues bien, lo que ocurre es todo lo contrario. En realidad, los capitales no son iguales, cualquiera que sea la cantidad, pequeña, mediana o grande, el trabajo vivo que empleen, producen en tiempos iguales por término medio, ganancias iguales para cualquiera de las inversiones de capital establecido, cuales por supuesto no son retribuidas a la fuerza de trabajo ejercida por el obrero o trabajador. Es decir, si existe plusvalía. Se encierra aquí, por tanto, una contradicción a la ley del valor, contradicción ya descubierta por Ricardo, y que su escuela fue incapaz de resolver, cuales majestuosamente fueron reveladas por la exposición marxista del proceso social de reproducción, sobre la base capitalista.

Tiene que ser para los revolucionarios, realizar una constante critica profunda a los procesos generadores de la acumulación de capital, del capital no retribuido y de la esmerada explotación que desarrollan las relaciones sociales de producción capitalista sobre la dominación de la clase obrera trabajadora a través del trabajo asalariado. Y ejercitar la práctica que sustituya los valores culturales del capitalismo en el desarrollo productivo económico sustentable y autogestionario, desplazando al mercado por la distribución equitativa que expresen sus particulares condiciones histórico-sociales.

Que pueda lograr halar las palancas de la transformación de las relaciones sociales en el trabajo productivo socialmente necesario en justas condiciones de igualdad y retribución de la riqueza en la colectividad, en la comunidad, en el pueblo, en la sociedad.

Lograr superar las contradicciones de clase, supeditadas a estructuras jerárquicas de opresión que deprimen la gestación de los desarrollos culturales en el ambiente del trabajo, por tanto, también afecta su jornada laboral ante las relaciones materiales, físicas y sociales de las y los trabajadores en su espacio.

Revestir la desintegración de los trabajadores etiquetada por la alienación de la meritocracia todavía existente y trascender en la verdadera acción democrática, participativa e incluyente por medio de la organización consejista, en el poder popular, que sean las Asambleas de trabajadoras y trabajadores el espacio de toma de decisiones en los Consejos de Trabajadores donde se genere el control y la administración de la producción por los propios obreros y trabajadores, quienes dispongan de la distribución de las ganancias en beneficio de las necesidades del colectivo, de la comunidad en general y del desarrollo de la nación.


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Sergio Gil

Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales.

 sergioconbolivar@gmail.com

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