El último mito sobre el petróleo venezolano

Desde que Adam Smith calificó a la RENTA DE LA TIERRA como un ingreso impropio en la economía capitalista, puesto que su receptador –el terrateniente-, gustaba de cosechar donde no había sembrado, los pensadores defensores de los interese latifundistas, se dieron a la tarea de justificar dicho provento, a fin de darle legitimidad ética. Surgieron así teorías como la del Valor Intrínseco de los recursos naturales y otra que consideró a los recursos naturales como un capital natural. En tal sentido, atendiendo a tales teorías sobre el valor de la naturaleza, se justificaba que los señores de la tierra, tuvieran derecho a cobrarles a los empresarios un canon de arrendamiento por la explotación de la misma.

En el caso del petróleo venezolano, casi inmediatamente que fluyó el primer barril extraído por el capital extranjero, las clases dominantes de la época gomecista vieron clara la oportunidad de cobrarle una renta del suelo a las compañías petroleras. Tal aspiración rentística se concretó a partir de la primera Ley Petrolera de 1920. Sin embargo, esta tajada que se le iba a rebanar a las ganancias del capital inversionista debía justificarse desde el punto de vista ético y político. Surgió así de la mano de un pensador coriano, Pedro Manuel Arcaya, la idea de que el Estado venezolano y los latifundistas tenían derecho a cobrar un canon de arrendamiento a los adelantados del petróleo por la sencilla razón de que dicho emolumento iba a servir para mejorar técnicamente a las haciendas agropecuarias, únicas unidades productivas sostenibles en el tiempo. La siembra del petróleo en la agricultura fue nuestra primera gran justificación para la obtención de una renta petrolera. El siguiente pensador que nos habló de la siembra del petróleo y autor de la famosa frase fue Uslar Pietri en 1936. Uslar concibió el petróleo como un capital natural que no debía malgastarse en salarios y otros usos improductivos; la renta petrolera debía convertirse en capital productivo y para tal fin, se le debía ceder a los empresarios de la ciudad y del campo.

A partir de Uslar Pietri, tenido como gurú intelectual de la oligarquía y de las clases medias venezolanas, la idea de sembrar el petróleo se hizo conciencia nacional, hasta tal punto que los adecos, enemigos políticos del novelista, la adoptaron en su programa político. La nacionalización del petróleo y la siembra de este recurso natural para lograr el desarrollo económico del país, fueron nuestras dos grandes metas históricas como nación en los tiempos contemporáneos.

A finales de la década de los años setenta del pasado siglo, cuando los precios del petróleo comenzaron a menguar y la renta se achicó, trayendo consigo el colapso del capitalismo rentístico en los inicios de los ochenta, inmediatamente comenzó un lamento en la opinión pública que intentaba explicar lo ocurrido: NO HABIAMOS SEMBRADO EL PETRÒLEO. Y desde aquellos años hasta hoy, esa conseja se sigue repitiendo en el venezolano común para aliviar sus miserias. Con ello, el último mito del petróleo había obtenido carta de ciudadanía.

Ahora bien, la idea de que los distintos gobiernos que han administrado la renta petrolera, no la han sembrado en la economía nacional para lograr el ansiado desarrollo es un cuento inventado por la burguesía nacional para ocultarle al país su más grande fracaso como clase que personifica al capital. Ninguna clase capitalista en el mundo ha dispuesto de las condiciones económicas, sociales y políticas tan ventajosas para alcanzar un avanzado nivel de acumulación de capital como la burguesía venezolana. SI existe un culpable de por qué la renta petrolera no se ha traducido en desarrollo económico en este país, ese actor social es la burguesía criolla que invirtió grandes sumas de dinero en el aparato productivo y su resultado fue esa cosa monstruosa llamado CAPITALISMO RENTÍSTICO. Otra tajada de la renta petrolera apropiada por esta clase social está en los bancos del exterior; la siembra del petróleo por la burguesía ha sido en el territorio nacional y el mercado mundial. Sin embargo, los medios nacionales de difusión defensores del capital siguen repitiendo que el problema económico venezolano del presente es que no se ha sembrado el petróleo. En conclusión, el mito de la no siembra del petróleo busca dos objetivos concretos en beneficio de la oligarquía:

1.-No aparecer como la gran responsable del desmadre económico que padece el país.

2.-Seguir disfrutando de los petrodólares baratos que le asigna el estado, por ser la burguesía la única clase que puede desarrollar las fuerzas productivas.

Lo paradójico en la pervivencia de este mito, es que en la alta dirección de la Revolución Bolivariana, esta conseja sigue gozando de apreciable aceptación y los dólares del petróleo siguen fluyendo hacia Fedecamaras.








 



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Humberto Trompiz Vallés

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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